El 77 olvidado.

1716 Words
Capítulo III. Pero no avanzó mucho cuando miró que otra persona le levantaba la mano como solicitándole el servicio, aunque tuvo que regresarse dos calles y pasar por un par de charcos, todo era mejor que regresarse de vacío y se estacionó a modo para que la nueva pasajera abordara su taxi, sin tener que meterse al agua. - ¡Ay oiga, gracias, que amable! Casi le llega el agua a la mitad de la puerta por meterse hasta acá. –le dice la nueva pasajera. -No tiene por qué darlas, ni modo que usted se metiera al agua a la mitad de las piernas para abordarme, así que no se preocupe que para eso estamos; ¿A dónde la llevo? –le dice Billy presionando el taxímetro. - ¡No se vaya a molestar, pero creo que vamos a ir de mal en peor! Necesito que me lleve a la Joya; ¿Será que pueda llegar? Porque allá está mucho más feo. Le dice la pasajera que también era una joven quizá estudiante, bonita y de buena familia, indicándole una colonia que estaba al otro lado de la ciudad y probablemente en peor estado urbano que esa. - ¡No se preocupe que no es molestia! Todo Reynosa esta así de fea con esta lluvia, y si me molestara llevar gente cuando está lloviendo, pues no hubiera salido a trabajar hoy. Le contesta sonriente y después de poco más de 20 minutos de sortear resbalosos bulevares y el consecuente tráfico vehicular, provocado más que nada por la lluvia ligera pero constante, llegaron a la atascada colonia conocida como la Joya. -Ya llegamos a lo más feo porque con el agua no se ven los baches. - ¡No se preocupe por los tumbos que yo le sostengo al portabebés! –dice la pasajera algo que le pareció no haber entendido. - ¿Disculpe, que dijo? - ¡Que yo le sostengo a su beba en el portabebés, que, por cierto, esta preciosa! Confirma la pasajera y Billy se orilló para poder voltear a ver hacia la parte trasera de su asiento, donde efectivamente aún estaba el portabebés con la bebé tapada con su gabardina y sin decirle nada a la pasajera, porque simplemente no supo que decir, ni que pensar más que en regresarse inmediatamente hasta la colonia Nuevo México a regresar el paquete olvidado, arrancó en silencio esquivando baches y charcos para llegar a su destino, aparentando una calma que estaba muy lejos de sentir y esbozando una sonrisa que no supo disimular su nerviosismo, llevó a su pasajera, sana, salva y seca a su destino, cobró su servicio y arrancó despacio para poder dar vuelta a la siguiente esquina, asegurándose así que salía del ángulo de vista de la casa donde la había bajado, para revisar el paquete olvidado, por un momento pensó en pasar el portabebés al asiento delantero, pero al ver que la bebé, aunque estaba despierta, se miraba tranquila y sonriente jugando con los colgantes de su portabebés, asegurándose de que no estaba mal acomodado y de que no se ahogara con la gabardina, respiró profundamente para tomar la ruta más segura de regreso para entregar el equipaje olvidado. -73-042 para la 42. (Adelante taxi 042 para la base Reynosa) –se escuchó la voz de la operadora. -Adelante 42. –le contesta. -Lo estamos esperando para que firme su acta administrativa. -02-42, pero voy de 63 a la Nuevo México para entregar 77 olvidado por mi 20 de la 25. (Enterado base Reynosa, pero voy de regreso a la colonia Nuevo México para entregar paquete olvidado por mi pasajero de la central camionera) -02-042-52-77-06-42. (Enterado unidad 042 en cuanto entregue el paquete diríjase a la base). -73-42-038. (Adelante base Reynosa para unidad 038) –se escucha la voz de otro chofer por el radio. -Adelante 038. –se escucha la voz de la operadora contestándole. -Mándeme al 042 al canal 2 por favor. La operadora al escuchar la solicitud hizo el enlace para que los choferes pudieran hablar entre ellos, sin interrumpir el canal de enlace, cumpliendo así con uno de los protocolos de los procedimientos del sistema de comunicaciones de la base. - ¡De regreso nos vemos en el Soriana del Bowlevard Hidalgo, para que me invites un 07 pesado (Almuerzo), ya copié que andas cuajado con puros servicios largos! Se escucha la voz de Víctor Laurencio, el chofer de la unidad 038, que era uno de los compañeros taxistas de la base, de tez morena, de media complexión y de rostro atractivo, cuya particularidad era que le faltaba un brazo, y aun así era uno de los mejores choferes de la base Reynosa, amigo cercano de Billy Rojo.  -Si supieras compañero la clase de paquete que me dejaron, es más, te agradecería tu apoyo dándome seguimiento, porque la verdad la carga es muy delicada; ¿Cuál es tu 28? (Ubicación) -le contesta Axel a Víctor. - ¡Entrando al 100! (Entrando al Bowlevard Hidalgo) Le contesta Víctor refiriéndose a la misma vía donde se encontraba él, pero a más de 10 kilómetros de distancia. - ¡Es tarde compañero! Yo ya voy saliendo del 100, mejor nos vemos de 63. (Regreso) Le contesta Billy ya entrando de nuevo a la inundada colonia Nuevo México, donde aunque le fue algo difícil reubicarse para encontrar la calle donde había dejado a su olvidadiza pasajera de la central camionera, hasta que después de unas cuantas vueltas, en que aliviado recordó la ruta, y en el momento en que escuchaba la voz de la operadora de su base llamándole algo alterada por medio del radio, decidió no contestarle, porque se imaginó que la mamá del paquete olvidado ya había hablado a la base para reportar el tremendo paquete olvidado y además, porque ya estaba haciendo contacto visual con la pasajera y un gran grupo de gente que al verlo llegar, tan solo se le quedaron mirando inquisitivos, silenciosos y a la expectativa, silencio que rompió la madre del bebé casi gritando que era él, mientras corría hacia su taxi. Un par de hombres se separaron del grupo de personas para dirigirse agresivos hacia su ventana, la cual, adivinando las negativas intenciones de los hombres, decidió mantener cerrada y asegurada hasta que se aclarara la situación. Mientras por el radio se escuchaban los constantes llamados de la operadora. -Adelante 42, en este mismo momento estoy haciendo 52 con el 77 de mi 20 de la 25. (Estoy entregando el paquete con mi pasajero de la central camionera) Le dice a la operadora para detener el constante llamado, en lo que desactivaba manualmente el seguro de la puerta trasera, para que la madre de la bebita que miraba ansiosa hacia el interior, pudiera subirse al vehículo y asomarse emocionada a ver el portabebés que seguía atrás del asiento, con la bebita durmiendo plácidamente, aún cubierta con la acogedora gabardina, varias mujeres se acercaron para ayudarla a bajar el portabebés, cuando un hombre que ya había calmado los ánimos de los demás y parado en la ventanilla de la puerta del conductor, con una nerviosa sonrisa le indicaba que bajara la ventanilla. -Permítame saludarlo y agradecerle con una recompensa por habernos regresado a nuestra bebé. –le dice el hombre, de unos 35 años, siempre sonriente. -No lo hice por ninguna recompensa amigo, simplemente hice lo que cualquiera hubiera hecho. Le dice Billy ya abriendo la portezuela para bajarse del vehículo, él era muy alto, de casi 1.90 m. complexión fornida, 30 años, de tez morena clara, de esos hombres muy altos y corpulentos, de largo cabello oscuro, dándole el aspecto agradable de un cantante de rock, de rostro atractivo le ofreció su mano al hombre en señal de comprensión y satisfacción, por haber resuelto con bien tan intensa situación, pero el hombre sacó una cantidad de dinero de su cartera para ofrecérsela, y el volvió a rechazar la recompensa amablemente. -Acéptela señor Rojo, le aseguro que se la ofrecemos de corazón. Le dice la dama, ya con la beba en brazos, mientras la niña le sonreía, angelicalmente. -Y de corazón no se las acepto, olvidaron en mi taxi a una bebé, digo, si fuera un celular o una maleta, pues a lo mejor sí, cuando mucho les cobraré el servicio, que sería la misma cantidad que le cobré de la central hasta acá. -Está bien. Dice el que parecía ser el esposo de la dama y papá de la niña. ¿Cuánto te cobró, amor? - ¡150 pesos, cariño! - ¡Tome y guarde el cambio! Le dice el hombre, dándole un billete de alta denominación que cubría por mucho el costo del servicio. - ¡Esta bien! Se los aceptaré, pero con la condición de que me dejen, tomarme una foto con ustedes y con la niña, porque esto se lo tengo que platicar a mi jefa y va a querer ver una foto de la niña. - ¿Su jefa es la dueña del taxi? le pregunta el hombre. - ¡No, para nada! Cuando digo: mi jefa, me refiero a mi mamá. Le contesta Billy y después de tomarse un par de selfis con la sonriente pareja y una foto a la niña, abordó su taxi, para en medio de saludos de agradecimiento continuar con su trabajo, que era el de continuar transportando pasajeros, aun con esas adversas condiciones climáticas, en cuanto volvió a salir al Bowlevard, sonó su celular y al ver que la llamada identificada era de su amigo Víctor Laurencio; “El biónico” Como él le decía, decidió no aceptar la llamada, porque ya estaba muy cerca del centro comercial donde habían quedado de verse para almorzar. -Ahora si 042; ¿Tendrás que contarme por qué te has metido en tantos problemas esta mañana? Le dice su amigo y después de escuchar su aventura de esa mañana, no tuvieron más que reírse después de platicar un rato y continuaron con su jornada de trabajo de ese día, que por lo menos, sería de 12 horas como todos los días, porque aunque eran buenos choferes, la competencia en aquella enorme y peligrosa ciudad industrial, los hacia tener días buenos y días malos, y ese día, que al parecer seria de los buenos, tenían que aprovecharlo.
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