El mataperros.

595 Words
Capítulo IV. Sergio Juárez Lila. Febrero del 2010, ciudad Reynosa; Tamaulipas, en el Norte de México, el país más central del continente americano, una gran ciudad fronteriza de más de 400 años de fundada, con amplios bulevares y avenidas que cruzaban cientos de puentes que pasaban por encima de canales de riego y drenaje público, o simplemente por encima de otras vías de comunicación, conocida como la ciudad de los puentes, donde el medio de transporte más rápido era el automóvil, lugar violento y bajo el completo dominio del crimen organizado, donde las diferentes policías no eran más que peones de las mafias que controlaban la ciudad, en un sistema legal que cuyos protocolos burocráticos te obligaban a acudir al otro sistema que regía en la ciudad, el sistema corrupto, donde gran cantidad de maquiladoras de diferentes artículos de consumo mundial, daban empleo a cientos de miles de trabajadores, que tenían que sobrellevar su vida entre las balaceras que se suscitaban, más que nada entre los combatientes de los diferentes cárteles de drogas que se disputaban el dominio de la ciudad; Sergio Juárez Lila, conocido en el bajo mundo de la mafia del Norte como: El mataperros, hombre sumamente violento, de 1.70 m. de estatura, complexión normal, atractivo, de ojos cafés, cabello oscuro y bigote, que a base de sangre y crueldad se había hecho de un puesto en aquel cártel que había asentado sus bases en el ala Oeste de la ciudad, su extrema crueldad lo había hecho ganarse el respeto de sus compañeros, pero mucho más miedo que respeto, sentimientos que eran muy bien aprovechados por el jefe de aquel cártel de narcotráfico, el cártel de Osiris, nombrado así por Osiris Vargas, el mando único de aquel grupo delictivo. -Hoy tengo un perro que marcar, mi querido Gato, es un encargo del patrón. Le dice a su compañero de centauros, que era como denominaban a sus vehículos, de acuerdo al tipo, en su caso, camionetas cerradas de lujo, como aquella Chevrolet Tahoe negra con vidrios polarizados que conducía. -Nada más dime donde está nuestro romano, para saber por dónde le vamos a llegar. Le contesta Arturo Book Pulido, mejor conocido como; “El Gato”, pero no por su atractivo rostro de ojos verdes y tez blanca, de complexión media, también era conocido como el traga balas, porque ya había sobrevivido a un enfrentamiento que sostuvieron con combatientes de un cártel contrario, donde había sido alcanzado por 8 proyectiles de diferentes calibres, mientras defendía a sangre y fuego uno de los territorios en disputa, habiendo sido abatidos más de 15 de sus compañeros, pero no él, que después de acabar con más de una veintena de sus enemigos, al llegar sus refuerzos, todavía lo encontraron de pie, desafiante y sangrando por 8 agujeros de su cuerpo, sin ceder un centímetro de terreno mientras continuaba sosteniendo su arma, de ahí nació la leyenda que decía que había tenido 9 vidas como los gatos, pero perdió una con cada balazo recibido en aquella emboscada, por lo cual solo esperaba una bala, que sería la que le quitaría la última vida que le quedaba, y más que nada por eso, y desde entonces, le decían: “El Gato”. -Nuestro romano está en la colonia petrolera. –dice el mataperros. -Entonces no podremos ir en este centauro. –le dice el Gato, refiriéndose a la Tahoe que conducía. -Ahorita te digo cual carro me gusta. Dice el mataperros, mientras espejeaba por el lateral y se asomaba por la ventana. -Ese Mustang rojo me gusta.
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