ENFRENTAMIENTOS

1518 Words
Emocionalmente, el haber terminado con el embarazo de esa manera fue un golpe bajo. Aunque sé que haber perdido a ese bebé era lo mejor, me dolía mucho. No hubiese abortado, no eran las circunstancias adecuadas, pero lo habría tenido. Hubiera buscado a Rugby, al menos que supiera que iba a ser padre, aunque por lo que sabía, era un junior viviendo su último año sabático, pues debía tomar las riendas del negocio familiar, una historia conocida para mí. No compartimos datos personales, pero sé que Constantino es su primo y seguro en la boda de mi amiga Marina nos veremos. Pasaron un par de meses. A Serrano lo corrimos por difamar al personal, empezando por mí. Dijo que sabía que yo era amante del señor Tapia, trató de chantajearme, y a Tapia también. Después de él, varias personas son despedidas por complicidad y lo peor, desvíos de fondos en algunos departamentos. El plan de limpieza de personal dejó vacantes nuevas, estábamos en busca de personal calificado cuando recibí una llamada desde Nueva York. Mi padre estaba en el hospital, por lo que tuve que viajar con urgencia. Mi padre tiene una enfermedad degenerativa, arterosclerosis múltiple, aunque se la detectaron a tiempo, había tenido algunos brotes de aquella enfermedad, que lo imposibilita a seguir trabajando. Cuando llego al hospital central de Nueva York, me dejan pasar a verlo, aunque su semblante no es tan malo, su mirada está un poco perdida. —Mi Julieta preciosa, has llegado —Papá… — Teníamos años sin vernos en persona, él me hizo a un lado en todo lo que a “vida familiar” se refiere. Su afecto eran los valiosos regalos que me enviaba en las fechas importantes, un automóvil de lujo a mis 18 años, un collar de diamantes en mi graduación… Una pluma Mont Blanc por haber recibido algún reconocimiento… Pero su afecto siempre fue a larga distancia. A veces pensaba que la muerte de mi madre lo había alejado de mí. —Juli… Necesito hablar contigo de tantas cosas… Pero, antes que nada, déjame verte… —Papá…— digo con los ojos llorosos. —Juli, a partir de mañana serás la dueña y señora de la empresa. Tienes que andarte con pies de plomo, hay muchos enemigos tratando de tirarnos de la cúspide, pero sé que eres lista y aunque careces de experiencia, sabrás dirigir el barco. —Papá, te pondrás bien. —Tal vez Julieta, pero no sé cuánto falta para eso. Podrán ser meses, o tal vez nunca vuelva a ser lo mismo. Esta enfermedad es controlable, pero impredecible. Estaré para ti, en todo momento, pero prométeme que harás todo lo posible. Mañana, mis abogados te pondrán al tanto de los acontecimientos y yo te iré informando de algunos temas… Aquella noche, me instalé en la casa de mi padre. Su casa de Nueva York era un pent house en la avenida 57, a unos pocos kilómetros de su corporativo, un edificio llamado Lux Fifty Seven. Dominic, su secretario particular me asigna una suv audi con un “chofer-guardaespaldas-asistente particular”, Jack Norris. Un hombre de mediana edad, con presencia y rostro dominante . Aquel departamento tiene varias habitaciones, la principal era de papá, por lo que después de recorrer todo el lugar, elijo el segundo piso, es decir: el ático, con una hermosa vista y una terraza independiente. Un vestidor de buen tamaño, una sala con televisión y un estudio con una barra de café y elevador para bajar a la planta principal o incluso al estacionamiento. Entrada independiente desde el ascensor y una escalera de emergencia que conecta con la principal. Tal parecía que me habían leído la mente, no me falta nada. Tendría independencia, pero todos los servicios y ventajas de vivir en la casa de mi padre. Es extraño, pues tengo 14 años sin vivir con él. Yo nunca he vivido en Nueva York, he estado aquí por temas escolares, pero nada más. Al día siguiente, muy temprano, recibo una llamada desde España. —Marina… ¿cómo estás? —No Chuli, tú dime cómo es que me he enterado de que tu padre está enfermo por los medios de comunicación y no por ti. —Una larga historia. —Pero aún nos veremos en unas semanas ¿no? —Eso espero… —Primero la salud de tu padre. La boda de Marina y Constantino es en seis semanas y yo seré la dama de honor de Marina y debo estar con antelación. Debo dejar todo listo para poder dejar la empresa varios días. —¿Vendrás sola o acompañada? —Si te refieres a la fiesta, iré sola. Aunque seguro mi padre querrá que Jack mi guardaespaldas me acompañe. —Vale, seguro que Romy el padrino de honor estará encantado de hacerte compañía. —Nada de citas a ciegas Marina. —Por eso creo que Romy es el indicado, además así no pasarán por encuentros bochornosos. —¿De qué me hablas? ¿No estás planeando emparejarme verdad? —Te llamo más tarde que mi abuela Cristina quiere hablar contigo. La abuela… —Pero qué ingrata eres Chuli, mira que han pasado meses desde que volviste a América y no he tenido noticias tuyas. —Lo siento tanto abuela, pero salir de la universidad sólo me ha vuelto una mujer muy ocupada. —Eres de lo que no hay, una mujer hecha y derecha, tu madre y tu abuela estarían orgullosas de ti, aunque yo no las haya conocido. Pero me tienes a mí. No lo olvides. —Gracias por recordármelo. —Espero que tu padre mejore, avísame si puedo hacer algo más por ti. — La abuela Cristina, es una mujer maravillosa. Papá es dado de alta un par de semanas después, todos los días paso a verlo una o dos horas. Le platico lo que sucede en la empresa y me da consejos y me pone al día con algunos antecedentes. La semana de la moda se aproxima, y como cada año tenemos mil compromisos previos, firmas de convenios, patrocinios, recepción y programación de invitados especiales de todo el mundo. Yo no tenía idea de todo lo que implicaba, y por supuesto, hay como mil complots. La gente no soporta que tengo el puesto de la presidencia a mi corta edad. Por lo que decidí armar un tour por departamentos para conocerlos y que me conozcan. Debo poner una cara dura, darme a conocer, con un carácter frío (que me cuesta mucho). La empresa está dividida en tres corporativos, uno en México, otro en Nueva York y uno pequeño en Italia. Papá controla todo desde Nueva York, y acabo de enterarme que su socio Fabrizzio Monterrubio es quien preside la oficina de Italia, junto a sus hijos. En Nueva York se diseña, en México se produce y en Italia se post produce. Es decir, todo lo referente a imagen de marca y relaciones públicas, se dirige desde allá. —Hija, necesitas viajar a Italia, deberías aprovechar tu viaje a España para ello. Le diré a Fabrizzio para que estés por allá unos días y conozcas el funcionamiento. Es importante que conozcas a todos los directivos y procures llevar una buena relación. Eres muy joven y hay muchos hombres inadecuados en el mundo de los negocios, pero recuerda que tu madre lo hizo bastante bien y tu abuela Mely, no se diga. Tú eres igual de valiente, pero no te has dado cuenta de tu potencial. —Papá, hay tanto que aprender. —Lo estás haciendo bien, pronto podrás demostrarlo. Esta semana de la moda, será un gran reto. Pasó el tiempo volando, tuve un par de videollamadas con Fabrizzio y resultó ser que también estaría en España, en la boda de su sobrino. Ni más ni menos que Constantino, así de pequeño es el mundo. Una semana antes de aquel viaje, dejé instrucciones claras y mi asistente personal, Louisa Kent, quedó a cargo junto con otros directivos. —No quiero errores, si algo sale mal, nos afecta a todos, no solo a la compañía, así que piensen antes de actuar. Sé que muchos de ustedes no están felices de los cambios, pero si mi padre confía en ustedes, yo también, no nos defrauden. Con la mirada cínica, John Peterson, uno de los directores de departamento, me retó con la mirada. —Disfrute sus vacaciones…— Mencionó cuando me levantaba de mi silla en la sala de juntas. —¿Cree que voy de vacaciones Sr. Peterson? —Señorita Capetillo, lo siento, estaba pensando en voz alta. —Veo que piensa en unas vacaciones, pues más le vale cumplir con sus objetivos de este mes, si no quiere unas vacaciones permanentes. Bajó la mirada, tratando de ocultar su coraje, no se esperaba una reprimenda en público, pero se lo ganó a pulso. Peterson era el típico junior con buen puesto que abusaba de sus privilegios, era hijo de un socio de mi padre, por lo que se sentía con poder, lo que él no sabía es que mi padre, también lo tenía en la mira, por algunas malas decisiones.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD