Paso para despedirme de mi padre, cuando este me dice.
—Antes de que te vayas, debo decirte algo.
—¿Qué ocurre?
—Sé que nunca hemos hablado de esto, pero sé que tampoco te va a sorprender. Es hora de anunciar tu compromiso y conocer a tu futuro marido.
—Papá, yo no tengo novio ¿de qué hablas?
—Tu madre y yo arreglamos este compromiso desde hace algunos años, ya lo conoces, te lo presentaré cuando estés de vuelta. Por cierto, no te pongas rebelde sin antes conocerlo un poco.
La noticia me cae como bomba en el estómago. No podía creer que también lo tenían planeado para mí. Trato de olvidarme del tema y disfrutar el viaje. Desde que llego a España, no hemos parado, un par de días en Valencia, de ahí a Sevilla y por último a Ibiza, donde la mágica boda se llevará a cabo con las más lujosas y exóticas amenidades. La familia de Marina tiró diez casas por la ventana.
----
En España...
Mi vestido es color verde esmeralda, lo diseñó Miranda y no por nada, pero ha quedado precioso. Dos días antes del magno evento, pasamos del desayuno con sus padres, al almuerzo con los suegros y la cena de despedida de solteros. Sí, juntos. Rentaron un bar entero con Luigi Solek, un DJ famoso en la comunidad europea. Había camareras vestidas de conejitas de playboy y los camareros estaban vestidos con tangas negras, tirantes y el moño del smoking (o pajarita como le dicen en España). Todos tenían cuerpazo, y las chicas, bueno, más buenorras no podían estar.
Estábamos hombres y mujeres juntos, pero no revueltos. Los animadores del evento hicieron varias bromas a los novios y por supuesto, un par de bailarines exóticos les sedujeron sin discreción. Ni en mis peores sueños se me hubiera ocurrido, pero la relación de Marina y Constantino era peculiar.
—¿No bailas? — Me dijeron al oído, mientras con confianza me ponía la mano en el vientre y acercaba su cuerpo al mío. Sabía quién era, el capitán Rugby, vestido con un traje informal sin corbata, con peinado de niño bueno y la barba un poco crecida.
—No me gusta bailar.
—La última vez que nos vimos no me pareció que no te guste bailar… y bailamos hasta acostados…
Su sugerente comentario me puso las mejillas rojas, y sí, habíamos pasado un fin de semana increíble, pero no iba a repetir. No después de las consecuencias de aquel día.
—¿Repetimos Chuli?
—No lo creo.
Me giré con arrogancia, le planté un beso en la mejilla y le dije:
—Un gusto saludarlo Capitán.
Noté como me desnudó con la mirada, pero no iba a caer en su juego. Mi cabeza no estaba para enrollarme con nadie. Mi meta era festejar la boda de Marina y punto.
A las dos de la madrugada, decidí irme, estaba por llamar a Jack para que me recogiera cuando Rugby atacó de nuevo.
—¿Te vas?
—Lo que se ve no se pregunta.
—¿Me dejas llevarte? Seguro estamos en el mismo hotel.
—Si eres invitado a la boda del año, estoy segura de que sí.
—¿Hotel Siau?
—Afirmativo.
Caminamos a la entrada del club. Pide su automóvil, un Ferrari amarillo del año. Abre la puerta me ayuda a entrar, y yo no aguanto los zapatos.
—Por qué no te los quitas en lo que llegamos… Tus piernas se ven preciosas con esos tacos, pero nos tenemos confianza ¿no? — Le sonrío con picardía y le hago caso. Arranca el automóvil y al parecer toma el camino más largo para llegar al hotel. Al entrar de nuevo a la ciudad, se detiene en un semáforo. Toma mi mano y me invita a pasar la noche con él.
—Mañana es un día ocupado, tengo que madrugar.
Me mira con lujuria, lo que Rugby me hace sentir es explosión pura. Me emociona sobremanera recordar los días que estuvimos juntos, pero debo mantenerme alejada de tipos como él. La empresa, solo la empresa es importante, de momento. Entonces puso su mano en mi muslo.
—Rugby, será mejor que nos mantengamos alejados el uno del otro. Yo no estoy para rollos ni aventuras.
—¿Estás segura?
—Claro, tú a tu vida y yo a la mía. Ahora, si no es mucha molestia, llévame al hotel o me bajo y tomo un taxi.
A regañadientes, quita su mano de mi pierna y arranca el auto. Llegamos al hotel, espera a que me abran la puerta, y se arranca en cuanto entro al lobby.
—Pedazo de patán — pienso mientras el bell-boy dice:
—El joven amo se fue enojado señorita Capetillo, espero que no la haya ofendido, sino su padre se molestará.
—¿Su padre?
—Sí, su padre es el dueño de este hotel. ¿No lo sabía? ¿Usted es invitada a la boda no es así? De momento solo tenemos a la familia de los novios hospedados aquí. No me haga caso, que pase bonita noche.
Tengo una noche inquieta, no dejo de pensar en Rugby, pudimos tener una buena noche, sin embargo, yo estaba apanicada. Desde el fin de semana que pasé con él, no había salido con ningún chico, y lo del embarazo y el aborto inesperado, no estaba de humor para eso. Mi única amiga es Marina, y está lejos de mi vida cotidiana. Ahora necesito rehacer mi rutina, conocer gente nueva y hacer amistades, pero fuera de la oficina.
Por la mañana, Jack me lleva a la reunión de damas de la familia. Un almuerzo con la abuela Cristina, la suegra de Marina y las respectivas tías y abuelas de Constantino. Todo es muy refinado, todas vamos vestidas con trajes ibicencos y charlamos de cosas de mujeres.
—¿Y tú madre donde vive? — dijo una de las tías italianas en un español algo burdo.
—Oh, mi madre murió hace algunos años.
—Lo siento tanto piccolina, no era mi intención. Yo soy la tía Florence, tía de Constantino y madrastra de Romeo, su madre también murió hace años. Cosa terrible, en un viaje en barco. Iba acompañada de mi ahora marido y otro matrimonio, cayeron al agua en mar abierto. Nunca encontraron los cuerpos. Los dos hombres quedaron viudos y otras personas murieron también en ese yate. Fue una cosa terrible.
Sentí un escalofrío. No esperaba una historia como esa. Yo jamás supe -porque mi padre nunca me contó - cómo murió mi mamá y yo nunca pregunté, por consejo de mi abuela. Me dejó con mi abuelita Mely y no lo volví a ver.
Luego de aquel almuerzo, la abuela Cristina me lleva con ella a un despacho. Dijo que tenía algo importante que hablar conmigo, yo ni idea de nada, ¿de qué podríamos hablar además de nuestros pocos temas en común?
—Dime una cosa Chuli. ¿Romeo y tú tuvieron algo que ver?
—No abuela, ni siquiera lo conozco ¿por qué la pregunta?
—Marina me lo dijo, harían una linda pareja, pero él está por comprometerse. Yo puedo interceder por él si a ti te apetece. Ha comenzado a manejar los negocios de su padre. Es un tío muy majo. Me gusta para ti, pero necesito saber si estás dispuesta a ello.
—No abuela, no, ni se te ocurra. No lo conozco ni quiero conocerlo. ¿Qué les pasa? Marina también me ha insistido demasiado y la tía Romina. Además, yo… bueno no sé con certeza todavía, pero al parecer mi padre tiene arreglado un matrimonio.
—Seguro alguien del medio textil ¿no es así?
—Así parece. Pero yo no sé si vale la pena. A mí de momento no me interesa casarme ni tener hijos, estoy bien así, entregada al trabajo. Y confieso que eso de los matrimonios así de repente, sin conocernos y esas cosas....
—Mira, esto de los matrimonios por contrato tienen dos futuros, que se terminen enamorando o se vuelva un matrimonio de valores entendidos. Ambos tienen sus ventajas y sus desventajas. Yo me casé enamorada, pero al final mi marido, aunque decía amarme, decidió tener una colección de amantes y yo… yo hice lo mismo.
—¡Abuela!
—No se lo digas a nadie. Eso fue hace muchos años. Así que no te agobies. Bueno, vámonos, que a las siete es el ensayo.
Todos me hablan de Romeo como si fuera la última bebida del desierto. Tal parece que quieren emparejarnos, pero si él está comprometido y yo también, ¿Qué les pasa? Bueno, mi compromiso no ha sido anunciado, y tal parece que el de él tampoco. ¿Por qué me desgasto pensando en esto?