DESENCUENTROS

1743 Words
En la ceremonia, las damas de honor tanto como los padrinos del novio, entramos juntos. No supe quién era Romeo, todos los chicos que acompañaban a Constantino eran muy guapos, y entre ellos estaba Rugby. Yo decidí hacerle segunda, no me interesaba conocer a nadie más. Llegamos al altar, los chicos ya estaban ahí esperando, y todos tomamos nuestro lugar. El Capitán me observaba con insistencia y me guiñaba el ojo cuando nuestras miradas coincidían. La abuela Cristina notó aquel detalle y me sonreía. Cuando Marina y Constantino hicieron sus votos jurándose amor eterno, pensé en mi futuro. Marina aceptó su matrimonio desde muchos años atrás, ella estaba "coladita" por Constantino y estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de tenerlo, aunque en el fondo, ella sabía que él tenía sus amantes. "Qué maldita doble moral", eso me molestaba, y me hacía pensar que tal vez mis padres también tuvieron un matrimonio forzoso. ¿Mis padres se casaron por compromiso o por amor? Nunca me lo había cuestionado, eso me dolía, no conocía lo suficiente a mis padres, y mi abuela, mi única confidente ya no estaba para cuestionarla. Al terminar la ceremonia, Constantino besó a Marina, fue un beso intenso, realmente parecían una pareja enamorada, ¿tal vez lo estaba y no se había dado cuenta? No lo sé, pero sus caminos estaban trazados. Casarse, ambos dedicarse a las compañías familiares, tener hijos, un ejército de nanas que los cuiden y aparentar ser una familia armoniosa… Marina era una gran mujer, noble, entregada, amistosa, con un carácter fuerte, pero débil en temas de corazón, era capaz de cualquier cosa por Constantino, y yo no sé si él estaría dispuesto a pagarle del mismo modo. —Un euro por tus pensamientos… —Me interrumpe el Capitán Rugby. —Claro que no Capitán, ofrezca algo más… — le sonreí. —Entonces vale la pena pagar por ello… —Vamos, nos esperan en el banquete. ¿Vienes conmigo? Al final accedí, él estaba de mejor humor, yo estaba sensible, tal vez sería mi última fiesta tranquila, pues volver al trabajo en unos días y mi viaje a Italia a conocer a la empresa. En el banquete, Jack me dijo que Fabrizzio deseaba saludarme y me acompañó hasta él. —Julieta, no lo puedo creer, que hermosa estás, eres idéntica a tu madre. —Tío Fabrizzio, qué gusto saludarte, estás igualito, te ves mucho mejor en persona que por videollamada. —Gracias Juli. ¿Estás lista para Italia? Te he reservado la villa de mi casa para que te hospedes y te instales durante tu estancia. Iba a presentarte a mi esposa Florence, pero no la encuentro, tal vez más tarde. —Gracias Tío, ha sido un placer volver a verte. Nos vemos más tarde. Volví a mi lugar, donde las damas y los padrinos ya estaban instalados, y a mi lado estaba el nombre de Romeo, no sabía quién de ellos era, pero Rugby llegó y se sentó en su lugar. —Hola piccolina —Este no es tu lugar, ¿por qué te sientas aquí? —¿No lo es? —Ahí dice que es para Romeo… —Le cambié el lugar para estar a tu lado. —¿En serio? — Entonces la curiosidad comenzó a picarme. ¿Quién era Romeo de todos esos chicos? —¿Y quién es Romeo? —¿Quieres conocerlo? Mmmm, no lo veo Chuli, pero en cuanto llegue te lo presento. A la hora del banquete, todos los lugares estaban ocupados, los chicos llegaron y se presentaron… Julián, Marco, Leopoldo y Rugby, no había ningún Romeo. —¿Qué le has hecho a Romeo? —Si serás tonta… ¿no adivinas? En ese momento me sentí ofendida, ¿por qué me llamaba tonta? De pronto, el maestro de ceremonias me llama junto a Romeo para decir unas palabras, me levanto de mi silla, y Rugby me sigue, no entendía por qué me estaba siguiendo ¿sólo por caballeroso? No éramos pareja, sin embargo, al llegar, sube conmigo al escenario de la orquesta y nos dan el micrófono. Entonces me di cuenta de que el Capitán Rugby era Romeo. —Es tu turno — me dijo sonriendo con picardía. Me armé de valor y dije las palabras que había repasado mentalmente desde muchos días atrás… —Marina… Constantino, no sé por dónde empezar, pues los conozco desde siempre, más a Marina con quién pasé casi toda mi adolescencia y parte de la universidad, y por supuesto tu familia que he adoptado como mía, gracias por haberme invitado a formar parte de esto, de tu vida y de este día tan especial, que es tu boda con Constantino. Marina, deseo que todos tus sueños como profesionista y esposa se hagan realidad y Constantino, espero que la cuides y la trates como la reina que es, sé que detrás de ese rostro serio eres un gran ser humano y serás un gran esposo y jefe de familia. No sé si estén hechos el uno para el otro, pero lo que sí sé, es que tienen un gran futuro juntos. Felicidades y que tengan una vida plena, llena de bendiciones, amor y mucha salud. ¡Salud! Rugby, es decir Romeo no dejaba de observarme, no puedo negar lo que sentí en ese momento, su mirada era seductora, pero al mismo tiempo de admiración. Los comensales comenzaron a vitorear mis palabras y alguien gritó: ¡Qué hable Romeo! Yo me hice a un lado para darle paso al padrino, pero el me tomó de la mano y no me dejó ir a ningún lado, no me soltó y después de carraspear un poco dijo: —La madrina ya dijo todo lo importante…— la gente empezó a reír. — Constantino, hemos sido como hermanos, crecimos juntos, y tu padre y tu madre fueron un gran apoyo para mi en toda mi vida. Marina, te llevas a mi hermano del alma, mi mejor amigo y mi primo consentido. Espero que me lo prestes de vez en cuando para irnos a tomar algo por ahí, prometo devolvértelo sano y salvo… Marina, te llevas a un tipo necio pero noble a vivir contigo, cuídense mutuamente, no sé nada de matrimonio, mi relación más larga ha sido con Julieta, con quien he estado aquí en el escenario por más de cinco minutos. —La gente empezó a reír de nuevo — Así que, diré lo que todos esperan, sean muy felices y si algún día me caso, espero que ustedes ya tengan algunos consejos que darme. ¡Salud! Los aplausos y el vitoreo se escucharon, la orquesta comenzó a tocar de nuevo música de Ray Coniff, mientras Romeo me llevaba de la mano a la pista junto con otras parejas que bailaban al ritmo de New York New York. No dije nada, Romeo me miraba con ojos seductores, aún no podía creer lo estúpida que fui, todo el tiempo me estaban hablando de Rugby, pero la verdad es que yo nunca supe su nombre real, el Capitán Rugby… —¿Por qué no me dijiste que eras Romeo? Me siento tan estúpida. —Si te sirve de consuelo Chuli, yo tampoco sabía tu nombre, Julieta. Me enteré el día que llegaste, porque estuve ayudando a mi tía y a la abuela Cristina con algunos detalles, pero fue divertido esperar que te dieras cuenta. Por cierto… la abuela cree que tú y yo tenemos algo. —Pero eso no es verdad, además por lo que sé tú estás comprometido y yo … yo… también. —¿Un compromiso forzoso como el mío? —Así es, no tengo idea de quién es, me lo dijo mi padre antes de volar a España y honestamente estoy algo molesta. Al menos a Marina le dieron años para hacerse a la idea. —Si quieres, puedes escaparte conmigo, y nos casamos en Las Vegas… —Estás loco. Eso sería como huir de los problemas y tarde o temprano tendremos que enfrentarlos. —Lástima, sería divertido, pero bueno, si cambias de idea, soy materia dispuesta. Nunca he tenido una relación seria, al menos casarme con alguien hermosa y divertida como tú, valdría la pena el esfuerzo. —En tus sueños… —Bueno, tú te lo pierdes… La canción llegó a su fin. Después de un giro dirigido por su brazo derecho, perdí un poco el equilibrio y caí en su brazos, él me sostuvo con sus fuertes brazos evitando que azotara como costal de papas. Nos miramos a los ojos, unos coquetos ojos grandes con pestañas envidiables. Me levantó y yo seguí sin poder decir una sola palabra. —¿Quieres seguir bailando? —No, debo ir con Marina, están por marcharse… —Te acompaño, no sea que te tropieces de nuevo. —Yo puedo sola…— dije molesta, me estaba poniendo nerviosa y no voy a negarlo, sus labios me invitaban a besarlo, su voz seductora me alteraba todas las terminaciones nerviosas. Corrí junto al resto de las damas, pues antes de que los novios se marcharan, Marina lanzaría el ramo y no me quedaba otro remedio que hacer acto de presencia. Romeo me gritó: —Vamos Chuli, que sin ramo no hay boda… Justo en ese instante, el ramo cayó en mis manos, mientras el resto de las chicas se peleaban por alcanzarme y rebatarme el ramo, pero Marina gritó eufórica. —¡Chuli! ¡Sigues tú! — y se lanzó a mis brazos emocionada, dejando a las solteras de la fiesta sin la oportunidad de quitarme el ramo por las malas, aunque yo se los hubiese dado por las buenas. Acompañé a Marina a su habitación para que pudiera cambiarse de ropa, no sé porqué en cada ciudad y en cada país las tradiciones son tan distintas, pues a mi me parece lindo llegar a la noche de bodas con el vestido de novia, pero en esta familia, la costumbre es cambiarse de ropa por algo elegante pero cómodo… al estilo Lady Di. La pareja de recién casados se subieron a la camioneta negra con vidrios polarizados y seguramente blindados, para llevarlos al aeropuerto. Nada de letreros mal pintados de blanco “Recién casados”, ni latas arrastrando por el piso para llamar la atención. En México las bodas son más pintorescas y en Estados Unidos, ni se diga… —Diez euros por tus pensamientos… —sabía quién era, Rugby. —Claro que no. Sigue siendo muy poco.
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