Marina y Constantino debían tomar un vuelo a las Islas Griegas esa misma noche. Constantino era el típico magnate como de las películas, con cara de perdonavidas y un aparente corazón de piedra, sin embargo, en los años que conviví con él, me di cuenta de que en el fondo era una gran persona, era justo con su gente y más con su familia y amigos, aunque nunca lo reconociera, siempre estaba viendo por los demás, ayudaba, pero no lo decía e incluso lo negaba. Pero también era un mujeriego empedernido, las revistas no dejaban de inventarle relaciones y hacer grande aquella mala fama. Clubs privados, escorts, amantes temporales, hasta que se formalizó su compromiso con Marina y supongo que pagaron para limpiar un poco su imagen, aunque Marina sabía que él tenía sus aventuras.
—No me importa con cuantas mujeres te acuestes, sólo cuídate, no quiero que tengas hijos regados por todos lados, no quiero ser además de la esposa rica y cornuda, una madrastra incómoda.
—Marina, a partir de nuestro compromiso no tendrás quejas de mí. Antes de nuestro compromiso me divertí, pero, aunque nuestra unión es un compromiso familiar también quiero que sepas que por mi parte existe un compromiso contigo. Siempre he sido honesto, no es mi intención que seas infeliz, al contrario. Y si tú quieres divertirte, solo te pido que seas discreta. Pero estaremos juntos, y tendremos hijos, seamos amigos, y tal vez con el tiempo seamos algo más. Soy un tipo frío, lo sabes, pero no te cortaré las alas ni me cerraré a que esto crezca o evolucione. Quiero que seas feliz y que la gente lo note porque realmente lo eres, no porque finjas que me amas. Que, por cierto, lo haces muy bien.
Esa conversación la tuvieron hace un tiempo, fui testigo, escuché todo, ellos pensaban que estaban solos en nuestro departamento de estudiantes, no era mi intención escucharlos, pero así fue.
Mi padre me dijo que debía casarme, que yo estaba comprometida desde siempre con alguien que yo ya conocía, sin embargo, no tenía idea de quién podría ser. Mi vida antes de la muerte de mi madre había quedado en el olvido, así como mi padre se olvidó de mi tantos años, y aunque mi vida no era mala, mi corazón tenía un gran vacío.
Cuando vi que se marcharon Marina y Constantino volví a mi realidad. Debía concentrarme en mi trabajo y alargar el tema de mi matrimonio lo más posible, tenía apenas veinticinco años, y mucho que aprender. Formar una familia para que mis hijos fueran educados por institutrices, en colegios caros y cuidados por un séquito de profesores y niñeras me parecía muy desagradable, pues yo había vivido eso y además también había tenido la oportunidad de estar con mi madre a pesar de que ella trabajaba en el corporativo.
—¿Quieres ir a pasear por ahí? O te puedo llevar al hotel…
Me sorprendió la voz de Rugby, o tal vez debería empezar a llamarlo Romeo… Asentí gustosa la invitación a pasear, nos subimos a su Ferrari y me llevó a un malecón con una hermosa vista.
—Julieta, sé que no nos hemos visto en mucho tiempo, y que quedamos en no buscarnos, pero… no he podido sacarte de mi cabeza desde aquel fin de semana juntos.
—¿Y por qué no me llamaste?
—Estabas muy decidida a que lo nuestro era algo casual, y no estoy acostumbrado a esto, no he sido hombre de relaciones, justamente porque toda la vida mi padre me ha dicho que me casaré por contrato, que no me lo tome en serio. Que bizarro ¿no?
Estaba dudando en si debía contarle del embarazo o no, cuando fuimos interrumpidos por una llamada telefónica. Me pidió permiso para atender y se alejó, aunque mi oído es muy bueno, solo escuché que se dirigía a su padre y al final le dijo que iba para allá.
—¿Qué ocurre? — Su cara estaba pálida.
—Un problema familiar, ¿te molesta que te lleve al hotel? Debo atender esto.
Asentí, estaba por comenzar a asimilar que pasaríamos la noche juntos, pero eso no sería así. Al llegar al hotel, insistió en acompañarme a la habitación. Antes de entrar me dijo:
—Préstame tu teléfono, por favor. — Pensando en que quizá era algo importante, se lo di. Él anotó su número, lo guardó y se llamó a él mismo. —Te llamo… — Y me besó en los labios. Un beso corto pero tierno que me dejó con el corazón a punto de romperse en mil pedazos, pensando en que lo nuestro podría no ser posible.
Entré a mi habitación, y le envié un mensaje a Jack para avisarle que ya estaba en el hotel, pero de inmediato me llamó para peguntarme si todo estaba bien y me pidió que lo esperara, pues tenía algo importante que decirme.
Cuando llegó a mi habitación, me puso al tanto.
—Hubo un intento de secuestro, el joven Constantino y la señorita Marina se encuentran bien, pero tuvieron que post poner su vuelo, Constantino está herido, pero no es nada grave, solo un roce de bala en un brazo.. Atraparon a uno de los sicarios que los perseguían, pero el resto lograron huir. El señor Fabrizzio Monterrubio me pidió que no salgas del hotel, y mañana enviarán un helicóptero al aeropuerto y volaremos a Italia en un vuelo especial con la familia Monterrubio.
Me quedé estupefacta, no encontré palabras, solo pude observar que Jack me observaba con preocupación.
—Señorita July, ¿está usted bien? ¿Quiere que le traiga algo?
—¿Puedo llamar a Marina?
—El señor De la Piedra los tiene incomunicados por el momento, me pidió que le dijera que ella se pondrá en contacto con usted a la brevedad.
De pronto entendí por qué Romeo había salido corriendo, su padre le había avisado sobre el atentando y no me dijo nada para no preocuparme. Traté de mantener la calma, no quería quedarme sola, Jack estaba en su puesto de vigilancia, su habitación estaba cerca de la mía. Hablé con mi padre, quien se había enterado por Jack. Pensé en enviarle un mensaje a Romeo, sin embargo, me pareció inapropiado, pensé en que debía estar ocupado. Pasó una hora, desde que Jack se marchó y yo daba vueltas y vueltas sobre la cama, pensando en la tragedia, que, aunque todo parecía estar bajo control, me sentía enojada e impotente de no poder hacer nada.
De pronto recibí un mensaje del Capitán Rugby, mi corazón se aceleró al tener noticias suyas.
CAPITAN RUGBY
“¿Ya te enteraste?”
CHULI
“Sí, Jack me contó todo. Lo siento mucho, ¿pudiste ver a Constantino y a Marina?”
CAPITAN RUGBY
“No me dejaron verlos, mi papá si alcanzó a verlos, están bien, pero traigo un nudo en la garganta, nunca había sentido esta impotencia… ¿Puedo pasar a verte? Sé que es muy tarde, pero no quiero dormir solo.”
CHULI
“Te espero”
A los pocos minutos llamó a la puerta, estaba hecho un desastre, despeinado, la corbata desacomodada y los ojos vidriosos. En cuanto me vio, se lanzó a mis brazos, cerró la puerta con el pie y se puso a llorar. Nunca había estado en una situación similar, solo recordé las palabras de mi padre cuando me dijo que mamá no volvería y me puse a llorar en el regazo se mi abuela.
—Vamos a sentarnos, ven…— Caminamos al sofá y se acostó en mi regazo mirando hacia el techo. Mi corazón terminó de romperse cuando me confesó que desde la muerte de su madre no había llorado de ese modo.
—Pensé que estaban muertos cuando llegué al hospital, no me dejaban entrar y todos estaban vueltos locos ahí dentro. Los guardaespaldas de Constantino… tres están heridos, uno en coma y uno de ellos perdió la vida. Y no solo eso… Joaquín, el hombre que murió, era mi amigo. No solo me siento terrible por que pudieron haber matado a mi hermano, Constantino es como mi hermano, Joaquín murió por él, le salvó la vida. Esto es tan bizarro, ¿por qué Chuli? ¿por qué no podemos ser personas comunes? —Entonces, mis ojos no pudieron resistir y comencé a llorar. Él se incorporó y me abrazó — Preciosa, perdóname, ni siquiera te he preguntado cómo te sientes… ¿Estás preocupada por Marina? — Asentí, no solo era eso, también estaba preocupada por su abuela, por su familia…
—Mañana me llevarán en helicóptero al aeropuerto para tomar un vuelo a Italia.
—Es lo mejor, yo tendré que quedarme unos días aquí, viajaré a Madrid y luego a Barcelona, por temas de trabajo. Pero espero poder verte en Roma, si hay oportunidad.
—Y si no la hay, tal vez sea lo mejor. — Romeo agachó la mirada.
—¿Puedo quedarme a dormir contigo?
—¿En mi cama?
—Prometo que solo dormiremos — me dice con la voz apagada. Asiento, lo veo quitarse la ropa, quedándose en boxers y camiseta interior.
Dormimos abrazados, no dijimos nada, no intentamos nada, solo estuvimos juntos, regalándonos compañía, fortaleza, apoyo moral y emocional. A la mañana siguiente, nos despedimos con un fuerte abrazo, me besó, tal vez sería nuestro último beso, seguro nos volveríamos a ver, pero las circunstancias no las sabíamos.