A la mañana siguiente, recibí una llamada de la abuela de Marina. Me pidió disculpas mil veces por haber cancelado todos los planes sociales post boda, prometiendo poner de su parte para compensarme, sin duda a causa de las circunstancias, para mí era totalmente comprensible. A las 9 am, llegó Jack por mi equipaje, Fabrizzio me esperaba en su suite para desayunar, ahí estaba su esposa Florence y sus dos hijos adolescentes, Marco Tulio y Julio César, muy romanos sus nombres.
—Florence, no sabía que eras la esposa de Fabrizzio.
—Así es Juli, ahora todo se acomoda. Romeo se quedará unos días en España, ayer los vi bailando, no sabía que ya se conocían. — En ese momento sentí como si me cayera un balde de agua fría. Primero me enteré de que Rugby era pariente de Constantino, luego que Rugby es Romeo, y ahora me entero de que Romeo, es el hijo de Fabrizzio, Romeo fue mi amigo de la infancia, lo recordaba vagamente, él era más de videojuegos y yo de bicicleta y patines, pero tuvimos nuestros momentos divertidos.
—¡Claro! — Respondí tratando de no demostrar demasiada sorpresa — Qué pequeño es el mundo. Lo conozco por Marina y Constantino.
—Me alegra que se conozcan— dijo Fabrizzio — porque en algún momento tendrán que entenderse en los negocios…
Volamos a Roma sin ningún contratiempo, el resto del domingo estuvimos en su casa, y Florence me llevó a la villa donde me hospedaría.
—Lo que sea que necesites estoy a tus órdenes, Romeo debe volver el jueves, ya le hemos pedido que te lleve a conocer la ciudad y te acompañará a Milán para que conozcas nuestras casas de moda asociadas.
—Gracias Florence, oye… escuché que Romeo está comprometido, no quisiera que al pasar tiempo juntos esto se vuelva un conflicto.
—Yo no sé mucho de ese tema, mi marido es quien sabe como son estas cosas… Mira, yo sé que su primer matrimonio fue igual, y como sea, cuando se casó conmigo, ya estaba libre de ese compromiso, por lo que nosotros nos casamos digamos que “por amor”, sin embargo, Romeo ha sido para mi un hijo. No fue fácil en un principio, pues lo conocí en una edad complicada ya sabes, preadolescencia, la edad más insoportable, pero al final me lo gané y me tiene cariño. Y bueno, sus hermanos, están ahora en esa edad.
—Me da gusto Florence. Al final esto es un viaje de trabajo y yo soy muy profesional.
—Pero no está de más que exista lealtad y amistad entre ustedes. Bueno, te dejo. Lo que necesites, no dudes en llamarme y Jack está en la sala de seguridad con nuestro equipo, puedes llamarlo por el interfón con el número 202…
La mansión de los Monterrubio era preciosa, una residencia enorme, no soy buena para esos cálculos, pero era lo equivalente a una casa de Las Lomas en la Ciudad de México. Varios jardines, un par de villas para visitas, piscina techada y piscina al aire libre, terrazas, y la casa principal de unos seiscientos metros cuadrados de construcción incluyendo las áreas de servicio.
Fabrizzio me citó a las 9 am para desayunar y de ahí partir a la oficina, el resto de la semana fue más o menos igual, a excepción del miércoles que Florence me llevó a una reunión con sus amigas del círculo social élite del gremio en el club de industriales. Con mi italiano austero y su inglés logramos entendernos, muchas de ellas pensaban que era la prometida de Romeo, pero Florence les aclaró que en realidad soy como la sobrina de su marido, ya que mi padre y él eran socios. Una de las chicas, la hija de Cristina Conti, Rossana se llamaba, me dijo en un fluido inglés:
—Si Romeo está comprometido, no deberías exhibirte con él, eso puede dar de que hablar.
—No entiendo a qué viene tu comentario, nuestra relación es totalmente profesional.
—No me vas a negar que es guapísimo, yo por mí lo hubiera casado conmigo, pero con eso de que ya tiene un acuerdo matrimonial, no tengo ninguna posibilidad, ya ves, su primo Constantino también lo casaron con la mustia esa española, Marina, no la soporto.
—¿En serio?
—Es una chica con suerte, no hay otra razón para que Constantino se hubiese casado con ella. Es insípida y tan española.
—Lo dices como si Constantino estuviera enamorado de alguien más.
—Pues no lo sé, me hubiera gustado estar en los zapatos de Marina, pero no sé porqué mi padre no hizo el intento para emparentarme con la familia Monterrubio…
—Tal parece que le tienes envidia.
—Claro, qué mujer no le tendría envidia, Constantino es un tipazo y no se diga como besa…
—Pues ya que tocas el tema, Marina es mi mejor amiga, y por lo que dices, ¿tú has sido parte de la lista de amantes de Constantino?
—No, solo nos besamos una vez… Pero tal vez con Romeo, tenga mejor suerte.
Florence se percató que Rossana me estaba incomodando, por lo que trató de sacarme plática para que Rossana me dejara en paz, se notaba que las señoras presentes no le tenían aprecio.
Al salir de aquella reunión Florence me aclaró que Rossana es una mujer de dudosa reputación, sin embargo, es hija de un magnate comerciante de telas y no les queda más remedio que invitarla junto con su madre.
Sonreí al escuchar la historia, en todo el mundo las clases sociales tienen sus etiquetas y sus matices.
Después de merendar en casa de los Monterrubio, me despedí para ir a descansar, eran cerca de las nueve de la noche y me sentía agotada, en el fondo deseaba que fuera jueves para ver a Romeo.
Entré a la villa, me di una ducha y me puse mi pijama, me senté a revisar mi correo cuando alguien llamó a la puerta. Cuál fue mi sorpresa, al ver a Romeo, con el cabello alborotado, sus jeans obscuros y su chaqueta de biker negra.
—Chuli… ya quería verte, no pude esperar hasta mañana.
Yo me quedé sin palabras, no me esperaba su visita y mucho menos que me mirara de la forma en que lo hacía.
—¿Puedo pasar? Solo un momento, te prometo que solo será un momento.
—Claro, pasa…
Entró a la villa con familiaridad, era evidente que conocía aquel espacio a la perfección.
—¿Pudiste ver a Marina y a Constantino?
—Sí, están bien, Marina te manda saludos y me pidió que te dijera que te buscará en unos días, de momento estarán incomunicados, pues al parecer sus líneas estaban intervenidas. Así que hasta que no tengan líneas nuevas, no podrán comunicarse.
—Siento mucho todo esto que está sucediendo.
—Lo sé… Jul… ¿puedo llamarte Jul?
—Sí… — Se acercó a mí, mirándome a los ojos…— ¿Te puedo abrazar?
Entonces extendí mis brazos, como si encontrara consuelo y refugio en ellos.
—No sabes lo duro que ha sido todo esto. El saber que todos podemos estar en peligro me duele en el alma, solo pensar que pudimos haber perdido a Constantino, él es como un hermano para mí... Y Marina, pues la conozco desde hace años, es mi cuñada ¿sabes?
Asentí con la cabeza, puse mis manos en sus mejillas y los miré. Sus ojos eran verdosos, pero no era un verde esmeralda, era un tono aceitunado, eran grandes y tenía unas pestañas tupidas, haciendo que su mirada fuera profunda.
—Gracias por estar aquí, no sé qué hubiera sido de mi esa noche.
—Ey, mi capitán, ni siquiera lo digas. Puedes contar conmigo siempre ¿está claro?
Entonces me soltó, tomó mi mano, y me llevó al sofá donde yo me había dispuesto a trabajar un rato pero al parecer mis planes cambiarían.
—¿Lista para el tour?
—¿Ahorita?
—Te invito a tomar algo, di que sí…
—Pero ya estoy en pijama… y la verdad estoy cansada.
—No te he visto desde el domingo, y no sabes las ganas que tenía de llegar a verte.
—Algo informal…
—Sí, en la moto.
Le avisé a Jack, pero Romeo ya tenía un ejército de guardaespaldas siguiéndolo a todos lados.
Así que, en quince minutos, me vestí de jeans y una chamarra para la ocasión y nos subimos a su BWM a conocer el centro de Roma, caótico y encantador.
Después del paseo motorizado, entramos a un bar, lo observé cuestionando como pretendía manejar de regreso a casa en la moto.
—Descuida, si nos excedemos, nos regresamos con el chofer.
—Se me olvida que tienes un ejército de gente a tus pies…
—No es por gusto, pero tiene sus ventajas. ¿Tú no tienes a Jack?
—Apenas desde hace unas semanas, en Londres no tuve guardaespaldas, al menos no que yo sepa.
—En Londres no es necesario, puedes vivir con bajo perfil. Aquí también, pero de momento tengo que darle gusto a mi padre, pues nos sabemos quien está detrás del fallido secuestro de Constantino.
—Trataré de no llamar la atención.
—Una mujer como tú, difícil. Llamas la atención con tu sola presencia. Eres grandiosa.
Y me besó.