AMOR INESPERADO

1349 Words
Romeo es encantador, perderme en su mirada y en sus labios es tarea fácil, luego mi mente comienza a dar vueltas, su compromiso, el mío, mi padre, su padre, la sociedad, los malditos negocios. —Romeo… espera… —Déjate llevar. —No es tan fácil. Romeo, tú y yo estamos escribiendo una historia que los dos sabemos que no llegará a ningún lugar. —Al menos podemos intentarlo ¿no? Jul, si tú quieres yo puedo luchar por esta relación. ¿Acaso crees que deseo casarme con una niña mimada que además de todo ni siquiera conozco? Y todo por un maldito acuerdo que hizo mi madre hace no sé cuántos años, y mi madre ni siquiera está aquí. Me abandonó, se murió, no lo sé, hace años que no sé de ella, solo recuerdo que mi padre volvió de un viaje y ella ya no estaba con él. Entonces mi memoria despertó sentimientos de mi infancia que hacía tiempo no recordaba. —Romeo, ¿tu mamá y mi mamá murieron en el mismo viaje? Te escucho, y es como si estuviera escuchando mí misma historia. —Algo así me dijo mi padre, cuando el volvió, me dijo que no podíamos seguir en México, porque las cosas eran muy complicadas. Y nos mudamos a Roma, así de repente. Me dijo que algún día me contaría todo, pero que era una tragedia que no deseaba compartir con nadie. Y ahora… quince años después, aquí sigo, esperando respuestas. Solo sé que no hay una tumba, no hubo un cuerpo que incinerar, ni una tumba que visitar. —¿No te parece raro que todo haya sido igual? Mi papá solo regresó a decirme que me quedaba con mi abuela, y que mi mamá no iba a volver. A los pocos años mi abuela murió y me mandaron al internado donde conocí a Marina. No volví a ver a mi padre hasta hace apenas unos meses, cuando volví a Nueva York. Romeo me miró sorprendido, nunca habíamos hablado del tema con nadie más y los dos teníamos los mismos detalles de aquel viaje, los mismos argumentos, el pasado secreto que nuestros padres no querían tocar. —Siempre he pensado que quieren ocultarme algo… ¿tú también? —Asentí con la cabeza, mientras él, con su mano, sus dedos grandes y fuertes me sostenía la mano y acariciaba mi dorso. —Julieta, si estás dispuesta a luchar por mí, puedes estar segura de que yo lucharé por ti. Me importa una m*rd* que quieran que me case con sabrá Dios quién, tú me has robado el sueño, aunque no lo parezca, cuando Marina me dijo que te habías ido a México pensé que no volvería a verte… pensé en ir a buscarte, sentía que algo me llamaba, como si me necesitaras, Marina me dio tu número, pero… no me animé a buscarte. —Romeo… hay algo que tengo que decirte…— entonces recordé mis primeros días en México y que fui a dar a un hospital, cuando me enteré de que estaba embarazada y había tenido un aborto espontaneo. Una lágrima se escapó y lo miré angustiada. —Vamos a otro lado. No creo que el bar sea el lugar indicado. —¿Vamos a la villa? —Pero, tu padre ¿no dirá nada? —No tiene por qué enterarse. Nos subimos a la moto, esa sensación de abrazarlo y reposar mi cara en su espalda es maravillosa. Al llegar a la villa, nos sentamos en el sofá. Él sacó su celular para mostrarme las fotos que nos hicimos frente al coliseo, y me sonrió. —Nos vemos bien, creo que haremos una buena pareja. — Me reí. —¿Y qué es lo que querías decirme? —Bueno, es que… No sé por dónde empezar… —Por el principio… —Cuando llegué a México, a los pocos días de instalarme, tuve un sangrado y fui a dar al hospital. Me enteré de que tenía un par de meses de embarazo… esa tarde perdí al bebé. —Agaché la cabeza sollozando. No sabía cómo iba a tomar aquel episodio. —Ese bebé… ¿era nuestro? —Sí, no sé si hago bien en contártelo… Fue un aborto espontaneo, fue doloroso, no me lo esperaba, según yo nos cuidamos mucho, o al menos yo… Romeo me miró. Con la mano, esa mano de dedos largos que adoraba me acarició la mejilla. —Se que el hubiera no existe, pero si el bebé se hubiera dado, ¿lo hubieras tenido? —Claro, no me hubiese atrevido a abortarlo, incluso te hubiera llamado para decírtelo. —No está en mis planes, pero me hubiera encantado haber tenido ese bebé con nosotros. —¿De verdad? —Claro tonta, ¿por quién me tomas? Lamento no haber estado contigo. Vamos a la cama, que mañana tengo que salir temprano para volver por ti. —¿A dónde? —A casa… —¿Vives aquí? —No, en realidad mi base está en Florencia desde hace unos meses, pero todo apunta que me tendré que mudar a Milán. —Vaya, y aquí en Roma, te hospedas en la casa de tu padre. —No, en realidad me hospedo en esta villa, pero de momento se la han dado a alguien más. —Lo siento… Entonces me tomó de las mejillas y me besó, y aquel beso se intensificó, pasando a caricias ardientes. Hicimos el amor con absoluta libertad, entre nosotros no había vergüenza, y tal parecía que haberle confesado mi secreto, nos había unido más. —Acepto el reto. —¿Cuál reto? —De luchar para estar contigo. Entonces con su sonrisa lobuna, me besó de nuevo antes de marcharse a su habitación. A la mañana siguiente, en el desayuno, su padre nos dio instrucciones para el viaje a Milán. Un séquito de guardaespaldas, entre ellos Jack y Emmanuelle, el guardaespaldas personal de Romeo, nos acompañaron al aeropuerto, donde tomamos un vuelo privado. En Milán, pasamos al departamento a dejar nuestras cosas y prepararnos para la primera cita, con Maximiliano Bonetti, un proveedor de telas exclusivas. El tipo era un hombre hecho a mano, alto, un porte espectacular, cabello rizado y alborotado y un impecable traje a la medida. —Buongiorno… Nos presentaron, pasamos a la reunión y nos dirigimos a un restaurante a comer. Después de los protocolos pertinentes, Maximiliano se ofreció a llevarme a conocer la ciudad, de forma educada me negué, mientras Romeo lo miraba con ojos acusadores. —¿Qué te pasa Romeo? ¿Estás celoso? ¿No estás tu comprometido? —No te metas… — Todo lo decían en italiano, pero entendí todo. Al salir del restaurante, Jack ya nos esperaba fuera de un Bentley conducido por Emmanuelle, a quien llamaban Emma. Al subir al auto, Romeo estaba muy serio. Mi cabeza comenzó a darle vuelta a las cosas ¿qué estaba pasando por su mente? Mi corazón se sentía extraño y no sabía que decir. —¿Te gustó Maximiliano? —No voy a negar que no es feo, pero no saldría con él, y menos estando contigo. —No me gusta cómo te ve, pero no puedo decir aún que eres mi novia. Esto es en serio Chuli, no quiero que piensen que estás disponible. —Hagamos algo, diles que yo también estoy comprometida. Así dejarán de molestar y mientras tú y yo podemos seguir tranquilos. Porque no me vas a negar que las chicas no te miran y yo tampoco puedo marcar mi territorio como yo quisiera. —¿Estás celosa? —Piensa lo que quieras. Pero tenemos que empezar a idear un plan, porque la próxima semana vuelvo a Nueva York y no sé cuánto tiempo estaremos separados. —No quiero. Tenemos que hablar con mi padre, y con tu padre y arreglar este asunto. Pero debemos esperar a que lo de Constantino se aclare, o al menos que se calmen las aguas. —¿Y si se niegan? —Entonces nos vamos a Las Vegas, nos casamos y punto. —¿Estás loco? —Por ti…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD