RECUPERANDO EL PASADO

1161 Words
Dominic me llamó para ir con el ajustador del seguro, habían encontrado la causa del incendio, y sin duda todo había sido intencional. La vida me estaba enseñando su verdadera cara, durante los últimos años mi vida fue la escuela y mi familia postiza, “Marina y su abuela” principalmente. Romeo me estuvo acompañando a todos lados, lo referente a los trámites, la estación de policía, el abogado de mi padre, en fin, la responsabilidad comenzaba a pesar sobre mis hombros. El pent house era un desastre, las áreas comunes estaban llenas de hollín, las habitaciones prácticamente destrozadas, mi ático, al estar del otro lado quedó casi intacto. Solo entré por algunas cosas de valor que tenía dentro de la caja fuerte, pero dejé todo, pues además mi ropa y otras cosas estaban ahumadas o apestaban a humo. El estudio de mi padre estaba intacto, y la caja fuerte importante ya no estaba ahí, tenía mucho tiempo que la había movido a un lugar más seguro. Aquella noche, dormí en Manhattan con Romeo, Jack nos acompañó a todos lados, mientras Dominic se hacía cargo de mantener seguro y a salvo a papá. —Lo llevaremos a México, y tal vez en unos días tu puedas hacer lo mismo — Dijo el Bill, uno de los abogados de papá. —Bill, ¿tú sabes algo del plan? —¿El plan águila negra? —Entonces si lo sabes. —Sólo sé que el despacho tiene un plan de emergencia que armó tu padre para salvaguardar su integridad, la tuya, sus socios y blindar la empresa. —Entonces no sabes de qué se trata. —Tú tío, el que nunca está, ¿Cómo se llama? ¿Germán? —¿Qué tiene que ver mi tío Germán? —Todo, él es el comodín, pero no sé más. Sin duda te encontrarás pronto con él. —Tengo años sin verlo, no sé dónde está. —Está más cerca de lo que tu crees, confía en él. Llegamos al American Bank, al pedir el encuentro con el señor Lannister, de inmediato nos pasaron a una zona exclusiva y nos separaron. Era parte del protocolo, Romeo me miró tratando de transmitirme algo de paz, pero yo estaba nerviosa. Los dos habíamos tenido una plática previa, si era necesario nos casaríamos con quienes dijeran nuestros padres, pero en un año, debíamos resolver nuestros divorcios para poder estar juntos. Esto sería temporal, incluso, me regaló un anillo de promesa. A MILES DE KILÓMETROS... En Estambul, Josephine Morgan observaba el video del incendio de Abelardo. Con una sonrisa maliciosa apagó el dispositivo y dijo a su acompañante: —Los quiero arruinados, pidiendo piedad. Debes cuidar mi identidad sobre todas las cosas y Edward debe hacer su acto de presencia a la brevedad. —Entendido señora Morgan. Nick salió de la sala de las oficinas principales de Lux & Diamonds, la empresa de los Morgan, una comercializadora de diamantes de gran prestigio. Josephine había sido novia de Abelardo muchos años atrás, se conocieron en Harvard, mientras éste estudiaba una maestría en alta dirección, pero lo obligaron a casarse. El plan era que se divorciaría después de que tuviera un hijo, pero Adalberto se enamoró de su esposa y terminó su relación con Josephine. Ella nunca le perdonó haberla abandonado, por lo que hizo un terrible plan para deshacerse de Abelardo y su esposa Elena Santino, la madre de Julieta, pero las cosas no salieron como ella esperaba. Abelardo y su amigo inseparable Fabrizzio, planearon un viaje de negocios con sus esposas a Turquía, un viaje para conocer proveedores textileros. Después de sus reuniones viajarían en yate rodeando Grecia e Italia. Nadie sabe que sucedió, Abelardo y Fabrizzio despertaron en un hospital de Atenas y no volvieron a saber de sus mujeres, nunca, las dieron por muertas. Las autoridades declararon que encontraron el yate y su tripulación intoxicada con alguna droga en los alimentos, después de que el capitán pidió ayuda por radio. Por más que trataron de dar con los responsables de aquella tragedia, no llegaron a ninguna pista. Mientras esto ocurría, Josephine tenía secuestrada a Elena embarazada y a punto de dar a luz. Mientras Romina, la esposa de Fabrizzio, fue encerrada en un hospital psiquiátrico de Estambul, —Eres muy mala, ¿de verdad estás haciendo esto por amor? — Le dijo Elena. —Lo hago porque los odio, te odio a ti y odio más a Adalberto que me dejó por ti. En cuanto a tu hijo, me quedaré con él, porque se que lo amas y eso te hará sufrir. Cuando Elena dio a luz, Josephine mandó quemar el lugar con Elena dentro. El bebé, creció como hijo natural de una de las mujeres más poderosas de aquel país, lo bautizó como Edward Morgan, quien, a sus apenas quince años, ésta le había llenado la cabeza de odio a los Capetillo. “Ese hombre es tu padre y no le importó abandonarte. Tienes derecho a su fortuna y recuperar todo lo que te pertenece, tu eres hijo de Abelardo Capetillo”. Mientras tanto en Nueva York... El señor Mcalliester, el abogado, hizo firmar a Julieta los acuerdos. Debía casarse y firmar los contratos prematrimoniales pertinentes. Las acciones de las empresas quedaban sujetas al matrimonio, y aunque hubiese un divorcio, no podría disolverse la sociedad. No podían divorciarse hasta pasado un año, en caso de tener hijos, no podrían separarse hasta que estos tuvieran al menos 3 años. Se hacían acreedores de un fideicomiso, mismo que protegía el patrimonio de ambas familias a partes iguales. Los títulos de propiedad eran intransferibles, en caso de que fallecieran ambos, las propiedades pasarían a la caridad a menos que hubiese herederos directos de sangre. En caso de que hubiese algún hermano ilegítimo, sería acreedor a un porcentaje de utilidades, pero no podría ser accionista. Contratos irrevocables. Debían irse de Nueva York un tiempo, por precaución, por lo que después de aquella sesión, llevaron a Julieta a otra sala, donde una maquillista y un modista la arreglaron para la ceremonia. —¿Me casaré hoy mismo? Pero ¿y mi futuro marido? —Él está con los abogados firmando la documentación y ya está listo para la ceremonia. Julieta era la única que no se había dado cuenta de nada, Romeo, se regodeaba de felicidad al saber que su prometida era unan mujer guapa e inteligente y eso lo hacía muy feliz a pesar de las circunstancias. Julieta se puso aquel traje blanco que le habían entregado, no era la boda que ella hubiera planeado, pero era lo que le tocaba hacer por su familia. Solo esperaba que su nuevo marido fuera una persona coherente y prudente. Al entrar a la sala, vio a un hombre de pie dándole la espalda, frente al juez, ella se armó de valor y caminó hacia ellos. —¿Romeo? ¿Qué haces aquí? —¿No adivinas? ¡Soy yo, tu futuro marido!
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