Capítulo 10

3474 Words
Jueves por la noche y Madison se encontraba en la sala de la casa Joe, recostada en el largo mueble con su nuca apoyada en el reposabrazos, leyendo su libro de Harry Potter. No había tenido mucho tiempo para leer, así que había decido hacerlo a esa hora, pues necesitaba distraer su cabeza. Decir que no se sentía nerviosa por lo que haría el día de mañana, era una total mentira, pero se obligó a guardar la calma y tratar de relajarse. —Madison, los zapatos no van sobre el sillón —La niña rodó los ojos al oír a Joe. La menor lo ignoró y siguió leyendo. »Madison... —advirtió el hombre. —Ahg, está bien ¿Por qué eres tan moles...? —La menor no terminó de hablar porque la puerta principal abriéndose, llamó su atención. Wally apareció en su campo de visión y la niña sonrió. »¡Walls! —exclamó, dejó su libro, se colocó de pie y fue a saludarlo con un abrazo. No lo veía desde antes de ayer. —Hola, Mads —El morocho sonrió y le correspondió el abrazo. —¿Por fin terminó tu sesión de besuqueos con Jesse? —la niña expresó pícaramente. Sabía que la chica venía de vez en cuando y se veía con Wally; no conocía en qué términos de relación estaban, pero le gustaba fastidiar al hijo de Joe. —¿Qué? ¿De qué hablas? —Madison se separó del morocho y alzó una ceja. —Oh, vamos, cuando dos personas están saliendo, juntan sus labios y... —La castaña juntó sus dedos de ambas manos formando un pico de un pato y los juntó y separó, haciendo el sonido de besos volados. —Papá, dile que no me moleste —se quejó Wally y empujó, no muy fuerte, la cabeza de Madi, haciéndola a un lado y traspasándola para ir hacia la cocina y sacar unas bebidas. La niña soltó un bufido. —¡Tráeme una bebida! —La castaña alzó la voz y se sentó en el sillón. —¡¿Cómo se pide?! —Wally cuestionó, y Madison rodó los ojos. Sabía que la estaba molestando, porque a él no le importaba en lo absoluto los modales. —Su Majestad, ¿puede traerme una bebida, por favor? —habló con ironía y vio con el rabillo de su ojo que Joe negaba con la cabeza, aunque tenía una pequeña sonrisa en el rostro. —Con mucho gusto, Mi Lady —La castaña rio por el acento que había utilizado Wally, y lo observó salir de la cocina con dos botellas de vidrio chicas y una lata de soda. El morocho le entregó una botella a su papá y la lata de Fanta a la niña. Ella tomó un sorbo y la colocó sobre la mesa de al frente. —¿Podemos jugar alg...? —Ella no pudo terminar de hablar, ya que Barry traspasó la puerta, sorprendiendo ligeramente a los presentes. No se suponía que llegaría hasta dentro de una hora más o menos. Aunque su comportamiento le hizo fruncir el ceño a Madison. El castaño había entrado e inmediatamente le había dado unos efusivos abrazos a Joe y a Wally. —¿Y eso por qué fue? —preguntó el menor de los dos chicos. Madison se dio cuenta de que Barry tenía una expresión rara, como de alivio mezclada con felicidad, como si no los hubiera visto en mucho tiempo; pero aquello no tenía lógica porque los había visto hace unas horas atrás. Tampoco sabía a qué se debía tanta felicidad, porque en el almuerzo había tenido otra discusión con Cisco y la niña había presenciado cómo el estado de humor del castaño había decaído. —Me alegra que estés bien. —La menor escuchó decir a Barry cuando se separó del abrazo con Wally. "¿Bien? ¿Por qué no estaría bien?" —¿Qué pas...? —Madison fue interrumpida cuando el castaño la sostuvo por debajo de sus brazos y la cargó. La menor no pudo evitar tensarse por el repentino contacto, pero se obligó a rodear algo dubitativa los hombros del chico, parecía que necesitaba ese abrazo por cómo la estaba estrujando contra él. —Cariño —el muchacho susurró moviéndose de lado a lado ligeramente —Te extrañé tanto —A Madison se le fue difícil escucharlo por su débil tono de voz, era como si lo estuviera diciendo más para él que para ella. —¿Estás bien? —cuestionó algo conmocionada por la situación. Había extrañado a ese cariñoso Barry, no lo iba a negar, pero ¿por qué tan de repente? ¿Qué había cambiado? —Ahora lo estoy —Barry respondió al fin, separándose un poco de la niña y colocando un mechón de cabello detrás de su oreja. El ojiverde tenía una sonrisa plasmada en su rostro. Había algo diferente en él, pero Madison no pudo descifrar qué, aún. La niña le mostró una diminuta sonrisa y asintió levemente, extrañada por el comportamiento del chico. No era que el castaño no le mostrara afecto, pero podía pasar días para que le diera uno de esos abrazos. Y sabía la razón, estaba ocupado en tratar de resolver la situación con Cisco, o salir más seguido con Iris, o la situación de Joe y su hija, o incluso su propio duelo por la pérdida de su padre; y ella, la verdad, no quería entrometerse. Durante esos meses sentía que todos se habían distanciado los unos con los otros y, sin pensarlo, la niña también había construido una pequeña distancia entre los presentes; además de que estaba siempre preocupada y temerosa por la situación de Robert. Todos tenían sus propios problemas y parecía que la niña tenía que resolver los suyos, sola. Pasó unos segundos y Barry la colocó en el piso delante de él. »Creí que estarías más alta —comentó divertidamente. La niña alzó la cabeza y se cruzó de brazos, observándolo con indignación. Madi pensó que era un extraño comentario ¿Cómo iba a crecer en un día? De igual modo respondió: —Sí crecí —mintió, haciendo un débil puchero. El velocista se sentó en el mueble, luego de darle un vistazo a la casa, y atrajo a la menor hasta sentarla en su regazo. Madison otra vez se tensó ligeramente por el inesperado movimiento, pero luego se relajó al recordar quién era. "No estás con Robert, tonta" —No lo creo, sigues siendo pequeña como un insecto —esta vez fue Wally el que habló. —Hey. Que ustedes sean gigantes, no es mi problema —recalcó, tratando de sonar normal, esperando de que Barry no hubiese notado que su acción la había tensado. "No seas boba. No lo ha notado las veces pasadas, así que ¿por qué lo notaría ahora?" Los presentes rieron y Madison rodó los ojos a propósito. La niña tomó una respiración para dejar de pensar tanto y relajarse completamente. Luego de un corto momento, apoyó su espalda en el pecho del castaño y sintió los brazos de Barry rodear su pequeño cuerpo. Madison observó de reojo al ojiverde y notó su ceño ligeramente fruncido, sólo esperaba que no fuera por ella. —¿Seguro que estás bien? —fue la pregunta de Joe luego de unos segundos, llevándose la atención de Barry. —Lo estoy, Joe —respondió el castaño haciendo una diminuta sonrisa. —Acabas de perder a tu padre, Barry. No tienes por qué estar bien. —Madi escuchó y soltó un débil suspiro. —Él tiene razón —ella susurró. —De hecho, me siento más cerca de mis padres de lo que nunca he estado —respondió el muchacho, haciendo sentir mejor a la niña. Sabía lo mucho que había sufrido por la pérdida de Henry, pero que dijera esas palabras significaba que poco a poco estaba sanando. —Eso está muy bien, hijo —habló Joe con una pequeña sonrisa. De repente, Wally llegó con otra botella de vidrio y se la entregó a Barry. —Por Henry —Joe dijo levantando un poco la botella de vidrio hacia adelante. —Por mi papá —expresó el castaño y los tres brindaron por el hombre que ya no estaba más con ellos. Madi mostró una pequeña sonrisa. Luego de tomar unos sorbos, Barry preguntó—: ¿Dónde está Iris? —había genuina duda en su tono de voz. La niña se separó ligeramente del muchacho y giró un poco su cabeza para observarlo, en verdad lucía genuinamente confundido. La menor frunció el ceño. Iris no pisaba esa casa desde, por lo menos, un mes y Barry lo sabía muy bien, entonces ¿por qué había preguntado aquello? —No es gracioso —indicó Joe, su expresión cambiando a una más seria —Te lo dejaré pasar porque estás de duelo —El hombre dejó su botella sobre la mesa y le dedicó una mirada seria a Barry, como si lo estuviera regañando. Algo que estaba muy segura de que el castaño había entendido. Vamos, había crecido con Joe y, obviamente, lo había regañado en el pasado. »Los veré a los tres por la mañana —Y con eso, el detective comenzó a caminar hacia su habitación. —¿Qué fue eso? —Barry le preguntó a Wally y Madison nuevamente notó lo confundido que se encontraba. Quizás Joe había pensado que él se encontraba así porque brindar por su padre le había hecho recordarlo, pero la niña sabía que no era eso. El velocista verdaderamente lucía desconcertado, como si no supiera sobre la pelea entre Joe y Iris. —¿Estás bromeando? —preguntó retóricamente Wally —Sabes que Iris no está aquí —Barry frunció el ceño. —¿Qué? —Ellos no se hablan, Barry. Lo sabes. "¿Qué está pasando aquí?" ¿Acaso tiene alguna clase de amnesia?" »Bueno, iré a mi cuarto. Hasta mañana —Wally se despidió y lo perdieron de vista. La niña no supo bien qué hacer, así que simplemente se bajó del regazo del muchacho y, antes de que pudiera despedirse e ir a su habitación, Barry habló: —¿Te parece si mañana salimos tú y yo? —preguntó de repente. Madison, que estaba frente a él, lo miró nuevamente extrañada. —¿Lo olvidaste? —Ella otra vez vio la confusión en el gesto del castaño y aquello la inquietó. ¿Acaso se había golpeado la cabeza y había perdido la memoria? —¿Qué cosa olvidé? —Mañana debo ir donde Robert. —¿Robert? —¿Barry te golpeaste la cabeza? —No —Negó levemente. La niña frunció el ceño. Si no se había golpeado la cabeza ¿Por qué no recordaba hechos como esos? ¿Por qué no recordó lo de Iris y Joe? —Dime quién es Robert, Madi —medio demandó. —¿Estás tomándome el pelo? —no pudo evitar preguntar cruzándose de brazos. —Claro que no —expresó algo sorprendido por el tono de voz de la pequeña. —¿Quién es Robert? —Él es mi padre biológico, Barry. —Madison pudo observar que los ojos del chico se abrían ligeramente, lucía conmocionado. —¿Qué? ¿Salió de la cárcel? —¿Cómo? —habló con algo de incredulidad —Él nunca estuvo en la cárcel, Barry —indicó, y el chico frunció el ceño. Madison negó con la cabeza ¿Qué demonîos estaba ocurriendo? Lo que sea que estaba sucediendo, sentía que no podía lidiar con eso en ese instante. Debía enfocarse en el día de mañana, debía enfocarse en sus problemas; porque sentía que nadie más lo haría, todos estaban muy ocupados en los suyos, incluso el muchacho frente a ella. La niña soltó un suspiro, y debatió un momento consigo misma. Barry lucía muy perdido. "Sólo explícale, quizás su cerebro hace clic y lo recuerda". La castaña se sentó al costado del chico y hablo: —¿No lo recuerdas? Apareció el día del juicio, el día en que Joe me iba adoptar. Se presentó con su abogado, y el juez determinó que no le darían la custodia completa a Joe. Primero evaluarían a Robert y luego tomarían su decisión, por eso debo ir dos veces por semana a visitarlo durante tres meses —la niña explicó y pudo ver el rostro serio de Barry. Madison apretó ligeramente sus puños ante el recuerdo. Ese día su vida cambió para siempre. Ese día, aquel juez, arruinó su felicidad y la dejó bajo las garras de ese horrible ser que debía llamar padre. —No. No. —El ojiverde negó ligeramente la cabeza —Joe obtuvo tu custodia —murmuró más para él que para ella. La castaña sintió cierto enojo por las palabras del chico. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? ¿Restregarle en la cara lo que no sucedió? "No te enojes con él, parece realmente no saber lo que ocurrió", su mente le aseguró. La menor tomó una profunda respiración y volvió a negar con la cabeza. Entonces, comenzó a maquinar en su mente una respuesta razonable a las preguntas de Barry, a la confusión de su acompañante. "Oh, Barry, ¿qué hiciste?", se cuestionó. Madison guardó un momento silencio y su mente comenzó a atar cabos, a pensar en la verdadera razón de la confusión de Barry. Era como si el chico hubiera vivido otras cosas, era como si algo hubiese alterado sus recuerdos. La niña llegó a una posible conclusión y, aunque no estaba para nada segura, igual giró su cabeza para verlo y, con cautela, cuestionó: —Barry ¿viajaste en el tiempo? —El lugar se quedó otro momento en silencio. El muchacho abrió ligeramente los ojos, observándola, algo asombrado por aquella conclusión a la que habían llegado la pequeña. —¿Cómo lo sup...? —Por las preguntas que has hecho. Además, luces muy confundido. Tú me dijiste que si viajabas en el tiempo algo así podía suceder. El ojiverde soltó un suspiro y asintió con la cabeza. Esta vez Madison cerró un momento los ojos y apoyó su nuca en el acolchado respaldar. La nueva información era impactante; no había estado segura, pero, ahora que él lo había confirmado, la había dejado algo conmocionada. "Maldición, Barry, no puedo hacer esto ahora", expresó en su cabeza. No podía enfocarse en eso. No cuando mañana tenía que hacer algo importante. No cuando mañana sería un día donde debía dar todo de sí misma para resolver uno de sus problemas, porque si no ¿quién lo haría? »Salvé a mi madre y a mi padre —Barry susurró y la menor soltó un débil suspiro —Lo siento tanto, cariño. Lo lamento. —La niña escuchó y de inmediato abrió los ojos, no podía ignorar la voz cargada de arrepentimiento del chico. Esta vez se enderezó y giró ligeramente su cabeza para obsérvalo. —No, Barr. No te culpo por nada —expresó con sinceridad —Nunca te culparía por salvar a la persona que te dio la vida. No cuando significan mucho para ti. —Si no lo hubiera hecho, si no hubiera creado el Flashpoint... —La niña observó lo afligido que él se encontraba y eso estrujó su corazón —Madi, debo arreglarlo. Debo hacer algo. Ese hombre nunca debió interponerse en tu custodia. Claro que quería que lo arreglara. Claro que quería con todas sus fuerzas no volver a ver más a ese agresivo ser, que solo se encargaba de manipularla y castigarla con esos duros golpes. "Bueno, esos golpes fueron tu culpa; merecías un castigo por tu desobediencia", su cabeza decidió implantarle ese pensamiento. "No lo merecía" "¿Estás segura?'" "Basta", le reprendió a su mente por esos negativos pensamientos. Pero la niña sabía muy bien los peligrosos que podían ser los viajes en el tiempo. Barry podía arreglarlo o simplemente empeorar la situación en la que se encontraban. Por eso, negó con la cabeza. —No sé si es una buena idea, Barry —murmuró —No tomes una decisión tan apresurada ¿sí? La menor decidió darle un corto abrazo y sintió el casto beso en la cima de su cabeza por parte del chico. La niña soltó un suspiro y se separó. —No te preocupes —el castaño dijo con débil voz. Y la menor hizo una pequeña mueca, tratando de mostrarle una sonrisa, pero fracasó completamente. —¿Joe logró adoptarme en la otra línea temporal? —no pudo evitar preguntar, luego de un momento. —Sí —susurró, y Madison apretó sus puños. No lo iba a negar, quería llorar, pero nunca se atrevería a culpar a Barry por querer tener una vida con sus padres. El chico merecía ser feliz, merecía la paz que no pudo encontrar tras la muerte de su padre, merecía todo lo bueno. »Lo lamento, pequeña —volvió a escuchar. Madison tomó una respiración profunda y se obligó a tragar el nudo de su garganta. Luego de unos segundos, se atrevió a alzar la cabeza y verlo. —Ya te lo dije, Barry, no es tu culpa —aseguró —Hiciste lo que tenías que hacer para estar con tus padres, para ser feliz. No sé por qué decidiste volver a esta línea temporal, pero por el momento no necesito saberlo —indicó. Sí, quería una explicación, pero no ese instante, no cuando debía enfocarse en lo que sucedería mañana. Barry sólo hizo una pequeña mueca. —¿Cómo es Robert? —el muchacho inquirió. Y, sin que ella se lo esperara, él alzó su mano para colocar un mechón de cabello detrás de la oreja de la niña. Aquel rápido movimiento, nuevamente, hizo que la pequeña se tensara en su lugar y le tomó muchas fuerzas no retroceder. "Es Barry" "Es Barry", se repitió un momento, tomando una pequeña respiración, tratando de disimular su reacción. "¿Qué me has hecho Robert?" Sentía que, ahora más que nunca, toda su anatomía estaba más alerta al mínimo movimiento de la otra persona que tenía cerca. La niña vio que Barry fruncía el ceño, y aquello hizo que se tensara aún más; esta vez no por el movimiento, sino porque temía que sospechara que algo no iba bien con ella. Madison desvió la vista y mordió su mejilla interna. "No seas tonta, no debe sospechar. Míralo y responde" La niña le hizo caso a su cabeza. —Es... No lo sé. Es algo estricto y trabaja todo el tiempo —explicó aquella mentira, encogiéndose ligeramente de hombros. —¿Cómo te trata? —Barry cuestionó. El chico clavó su vista en ella, había algo extraño en el comportamiento de la menor. La había visto sobresaltarse ligeramente, la había sentido tensarse, la había visto algo distanciada de él. ¿Qué estaba ocurriendo? —Bien. —¿Segura? —Madison maldijo para sus adentros. Este Barry era más observador que el anterior. No entendía muy bien cómo funcionaba la paradoja temporal, pero debía tener cuidado, o el chico, con unas cuantas insistencias más, le haría decirle toda la verdad y ella no podía correr ese riesgo. —Segura —murmuró. No podía arriesgarse a que Barry se enterara de lo que sucedía dentro de esa mansión. El ojiverde se sentiría tan devastado, lo sabía. Barry se culparía a sí mismo por dejar que ese hombre entrara en su vida, por todo el daño que estaba ocasionando —Pero no hablemos de él. Mañana cuando me dejes le echarás un vistazo —la niña murmuró —Y no vayas a hacer algo tonto, Barry. Para él, tú ya lo conoces. »No entiendo muchas cosas de la línea temporal y quiero que me expliques lo que ocurrió, pero estoy muy cansada como para que lo hagas justo ahora —La pequeña soltó otro suspiro. —Está bien —escuchó su respuesta —Pero, por favor, por el momento no le digas nada a nadie ¿sí? —el castaño pidió y la niña asintió. Al fin de cuentas, era su secreto y él debía ser quien decidiera contarlo o no. —Iré a dormir —anunció la niña. Se levantó del sillón y comenzó a caminar hacia las escaleras. —De acuerdo. Iré en un momento a arroparte —aseguró el castaño con dulce voz. —Estaré bien. No tienes porqué venir —"Hace tiempo que no me arropas" quiso decir, pero no quería darle más culpa a esa nueva versión de Barry —Hasta mañana. El chico se quedó un momento quieto en la misma posición. Madi nunca le había rechazado esa acción ¿Ya se sentiría muy grande para ser arropada? No. Había algo más y él quería averiguarlo.
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