Capítulo 9

2595 Words
Era miércoles por la tarde y Madison se sentó en su escritorio, conectó sus auriculares y tomó valor para ver el cuarto video de los casetes de su madre. Los dos primeros habían sido Amanda contándole anécdotas sobre ella y, a veces de Robert. Había llorado viendo a su madre sonreír e irradiar esa felicidad por aquella hija que estaba todavía dentro de ella. Madison podía ver como su panza crecía con cada video, así que concluyó, que su madre se grababa con varios días de diferencia, incluso, meses. La menor reprodujo el nuevo video y frunció ligeramente el ceño. Amanda estaba acomodando la cámara sobre algo y luego se alejó, entrando en foco. Madison abrió más los ojos, sorprendida, podía verse a ella misma de bebé. Exacto, Amanda la tenía en brazos con una sonrisa de oreja a oreja. —«Debe ser raro para ti, verte tan pequeñita» —su madre le habló a la cámara mientras mecía a la bebé. —«Pero no puedo dejarte ni por un minuto, así que espero que no sea muy extraño» —Cada vez que Amanda le hablaba a la cámara le hacía sentir a Madison que conversaba con ella, y aquello lograba que sintiera un nudo en su garganta. —«Decidí por llamarte Madison, ¿te gusta?» —Esta vez giró su cabeza y la agachó para ver a la bebé entre sus brazos. —«Es un lindo nombre y te queda perfecto» —comentó dándole un beso a su hija. El video continuó por unos 20 minutos más. Madison concentrada en cada palabra, gesto y acción que su madre le mostraba. Sus lágrimas no tardaron en salir, porque sentía mucha tristeza no poder recordar el amor que Amanda le estaba dando a su yo de bebé. Sentía mucha angustia pensar que su madre no estaba con ella en ese momento para abrazarla y besarla como lo hacía con ella de bebé. El video llegó a su fin y Madison secó sus lágrimas. Por suerte estaba sola en la casa, Joe y Barry estaban trabajando en capturar a un metahumano mientras Wally estaba en sus clases. La menor tomó una respiración profunda y decidió abrir otro archivo de video. Nuevamente Amanda estaba acomodando la cámara sobre algo, pero cuando la cámara enfocó a la mujer, Madison se cubrió su boca con la mano y liberó un pequeño sonido contra esta, impactada y preocupada por cómo su madre lucía. No había rastros de la mujer feliz que irradiaba alegría -como en los primeros cuatro videos- A esta Amanda se le había apagado todo el brillo en sus ojos. Pero lo que más alarmó a la niña fue el mediano moretón que tenía en su mejilla derecha. Madison apretó los puños por la impotencia que sintió al ver que la mujer estaba lastimada. Y no tuvo que ser adivina para saber que, aquel hombre, que la obligaba a llamarlo padre y despreciaba con todo ser, había tenido algo que ver. —«Siento mucho que me estés viendo de este modo» —escuchó la apagada y ronca voz de su madre. La mujer negó con la cabeza y se sentó en la cama —«No, espero que no estés viéndome así, pero estos videos son lo único que me ayudarán a seguir» —«Robert descubrió que te iba a visitar al orfanato en donde me obligó a dejarte. Ya ni siquiera me dejará salir de esta casa» —La mujer agachó la cabeza por un momento —«Perdóname, bebé, perdóname» —susurró —«No estaré para tu cumpleaños número tres, no podré estar más contigo» —El sollozo por parte de Amanda le desgarró el alma. Madison sintió sus ojos cristalizarse y odió más a su progenitor. —No es tu culpa —susurró la niña, sabiendo que sus palabras no harían ningún cambio, pero necesitaba decirlas. Quizás su madre la podía escuchar desde donde estaba. —«Haré lo que pueda para recuperarte, mi pequeña» El siguiente video fue aún más alarmante. Amanda ya no lucía bien, había perdido peso, tenía ojeras todo el tiempo, sus labios estaban resecos, sus brazos estaban con moretones, a veces, también su rostro. Madison podía ver cómo su madre envejecía delante de ella, podía ver cómo la vida la iba consumiendo poco a poco. Cada vez que terminaba un video debía hacer una pausa para llorar en silencio, para tratar de calmarse y poder seguir con el siguiente. No era algo que alguien de su edad debía estar experimentando, no era algo que una hija debía estar viendo. Para los dos últimos videos, Amanda lucía mucho peor. Madison no quería diagnosticar a su madre, pero la mujer que tenía al frente parecía, poco a poco, perder la cordura. A veces hablaba frases completas que no tenían ni una pizca de coherencia, a veces tiraba cosas y se sentaba en el piso a mecerse. Otras veces, jalaba su cabello tan fuerte que Madison podía ver los mechones que se arrancaba. La habitación estaba hecha un desastre, había algunas píldoras en el piso, había frascos de pastillas en la mesa de noche y sobre la cama, vacías y llenas. No todo el video era así, a veces Amanda tenía momentos de lucidez, momentos en donde le decía a Madison que la amaba mucho y que pronto iría por ella. Y, sobre todo, información. No sabía cómo, pero Amanda tenía mucha información sobre Robert. La niña terminó de ver los videos, se quitó los auriculares y se quedó viendo la pantalla de la laptop un momento, procesando todo lo que había visto y oído. Apretó sus puños con tanta fuerza que sintió sus uñas dañar las palmas de sus manos. Ahora sentía mucha furia contra Robert, por cómo había dejado a su madre. Por cómo poco a poco la había deteriorado física y mentalmente. —Acabaré con él, mamá —la niña afirmó, limpiándose las lágrimas. Aquel término saliendo de su boca se había sentido algo extraño, pero no se arrepentía. Amanda merecía ese término —Lo haré por ti, por mí y por todas esas personas que Robert arruinó. La pequeña hizo un par de respiraciones pausadas mientras cerraba los ojos un momento. Necesitaba calmarse y pensar con más claridad. "Apunta todo lo que Amanda acaba de informarte", su cabeza le sugirió. La niña agarró la libreta donde había apuntado sobre los casetes, y comenzó a escribir toda la nueva información que su madre le había dado. No sabía hasta qué punto eran ciertas o hasta qué punto eran alucinaciones; pero iba a creerle, iba a confiar en lo que decía. Entonces, Madison llegó a las siguientes conclusiones: Primera: Las empresas de Robert definitivamente eran una fachada para sus verdaderos negocios. Segunda: Esos negocios eran una gran red de cosas ilegales: venta de armas -que podían incluso herir y matar a metahumanos- y tecnología sumamente peligrosa. Tercera: Robert tenía que ver con la muerte de Amanda. La mujer no se había quitado la vida como él le había hecho creer. -Creía que su progenitor había tenido algo que ver con la muerte de su madre. Lo podía ver en los ojos asustados de Amanda cada vez que mencionaba a Robert, o cada vez que mencionaba cómo había terminado ese moretón en su rostro, o cada vez que apagaba la cámara porque pensaba que él iba a por ella- Cuarta: Debía ir al sótano que Robert le había prohibido rotundamente entrar. La niña dejó el lápiz a un lado y miró la hoja escrita que tenía frente a ella, la contempló un momento y decidió empezar con su plan. Debía ir por evidencias. Si quería hundir a Robert, necesitaba esas pruebas. La situación era complicada, pero no podía echarse para atrás. Madison sabía que su progenitor era un hombre poderoso. Todo ese "imperio" que el padre de Robert construyó, había crecido y fortalecido con el pasar de los años. Estaba segura de que él podía comprar abogados, policías; incluso, ahora mismo, podían estar trabajando para ese hombre. Desgraciadamente había decidido que, esta vez, se las ingeniaría ella sola. No quería arrastrar a su familia a algo que no estaba cien por ciento segura que pudiera ganar. Tenía mucho miedo de que alguien saliera lastimado por su culpa. Madison pensó por largo rato, su mente maquinando ideas de cómo comenzar aquel plan sin ser atrapada; pero de lo que estaba segura era que debía ejecutarlo lo antes posible. Recordó que Barry le había informado que esa semana su visita a la casa de Robert sería algo diferente, debía ir el viernes y no el sábado -ya que el sujeto viajaría por negocios ese día- y debía volver el domingo. Quizás el cambio de horario podría usarlo a su favor. La niña agarró su celular y marcó el número de Cisco, primero debía tener listo lo que usaría para obtener las pruebas. —¿Aló? —el pelilargo respondió y Madison pudo escuchar cómo masticaba algún tipo de comida. Desagradable. —¿Estás comiendo a esta hora? —preguntó la niña al observar su reloj. —Hola a ti también —Escuchó la respuesta del chico una vez que tragó el pedazo de su alimento. —¿Estás ocupado? —cuestionó la niña, ignorando su comentario. —¿Pasó algo? ¿Qué hiciste? —cuestionó. Madison rodó los ojos ¿Por qué siempre que ella lo llamaba él pensaba que estaba en problemas o había hecho algo malo? —No pasó ni hice nada. Sólo quiero que me ayudes en algo ¿Puedes? —¿Y Barry? —No está. Además, él no sabe de tecnología como tú ¿Me vas a ayudar o no? —Está bien, está bien. Alguien despertó del lado incorrecto de la cama —Lo escuchó quejarse. —Perfecto —la niña se aplaudió mentalmente por convencer al pelinegro, aunque la verdad que no era algo difícil —Trae una cámara que sea pequeña —indicó la niña. —¿Para qué quieres una cámara? —Francisco, deja de hacer preguntas y ven —La niña escuchó un bufido por parte de él. —¿Por favor? —cuestionó para suavizar su orden. —Ábreme la puerta —dijo luego de un momento. —¿Tan rápido? —Tengo los mejores poderes del mundo mundial —La niña escuchó, pero simplemente le colgó el teléfono. Rápidamente, cerró todas las ventanas de archivos que había abierto en su laptop y fue a abrir la puerta principal. »Es grosero que me cuelgues el celular —comentó el pelinegro, entrando a la casa. —Yo también te quiero —y con esas palabras, comenzó a subir las gradas esperando a que Cisco la siguiera. Ambos entraron a la habitación de la niña. Madison se sentó en la silla del escritorio y el ojinegro en su cama. —¿Para qué me hiciste traer una cámara? —preguntó dejando el pequeño aparato a un lado. La niña observó el objeto y era del tamaño perfecto. —Bien, tengo este proyecto de...de ciencias que debo hacer para la siguiente semana y necesito documentarlo —mintió la menor. La verdad que no se le hacía muy difícil mentirle. No era Barry. —¿Quieres grabar lo que harás? —Exacto, todavía hay neuronas en esa cabeza tuya —La menor soltó una pequeña risa ante la expresión de Cisco. —Hey ¿quieres que me vaya? Porque me puedo ir y no mirar atrás —dramatizó el muchacho. —Está bien, lo siento, ¿feliz? —No hasta que reciba mi abrazo. —La niña rodó los ojos, pero de igual modo se levantó y, a propósito, se abalanzó contra Cisco que estaba al borde de la cama. El pelilargo la agarró como pudo, pero perdió el equilibrio y cayó de la cama con la niña sobre él, su trasero recibiendo todo el impacto. Madison esta vez soltó una carcajada y apretó más el abrazo. Escuchó el quejido de Cisco y se separó un poco de él para observarlo con una sonrisa en el rostro. —Te extrañé —ella expresó luego de unos segundos antes de que Cisco se quejara en voz alta. El pelinegro frunció ligeramente el ceño cuando vio la nueva expresión de la niña. Su sonrisa había desaparecido, ahora, tenía una pequeña mueca y lucía algo triste. —Hey ¿Qué pasa, enana? —preguntó el metahumano. La niña negó levemente con la cabeza. —Nada. Nada. Es sólo que no te he visto en toda la semana —La menor se encogió ligeramente de hombros y lo volvió a abrazar por un momento. —Bueno, entonces nos veremos más seguido —aseguró el pelinegro, estrujándola contra él. La niña asintió contra su hombro y luego se levantó. —Bien, ahora, no sólo te llamé para que me prestes una cámara —dijo yendo a donde estaba su laptop mientras Cisco se colocaba de pie —Necesito que la configures para que, lo que grabe, también se quede grabado en mi laptop, a tiempo real —indicó la castaña, señalando el aparato electrónico. —Pero todo estará en la memoria de la cámara. —Ya sé, pero es... ¿cómo le dicen ustedes? ...es un back-up —expresó la menor —Es por si le ocurre algo a la cámara, así no se perderá nada. —Hmm... —Por fis, ¿puedes? —La niña lo observó con su característico tierno gesto al ver la duda en el rostro del ojinegro. Cisco masculló en voz baja algo como «es muy tierna como para negarle algo» y comenzó a caminar hacia el escritorio donde estaba la laptop. La niña aplaudió mentalmente cuando Cisco se sentó y comenzó a teclear comandos que la pequeña no entendía en lo absoluto. —Pásame la cámara, enana —pidió amablemente y la niña se la alcanzó. Luego de unos veinte minutos, el pelinegro dio unos aplausos -muy energéticos para el gusto de la ojiverde- y Madison se acercó rápidamente hacia él. —¿Ya está? —Soy un genio —se halagó mientras pasaba una mano por su cabello. La niña rodó los ojos. —Eso es debatible —Madi susurró. —Te escuché, niña —Cisco la señaló con un dedo y la pequeña soltó una risita. —Entonces ¿qué debo hacer para activarlo? —No mucho—acotó —Usé la memoria de repuesto de la cámara y la coloqué en tu laptop, luego usé un programa para conectarlas, algo así como el bluetooth —explicó señalando la entrada en donde había colocado la memoria —Así que, simplemente debes comenzar a grabar y todo lo que se guarde en la memoria de la cámara también se guardará en esta —terminó de decir y la castaña sonrió. —Se grabará si estoy a larga distancia. —Sip. —Gracias, Cisco —Madison lo abrazó de costado y besó su mejilla. Entonces, el pelinegro se levantó de inmediato cuando la alarma de su celular comenzó a sonar, significando que había una emergencia en los laboratorios. El chico besó la frente de niña y revolvió ligeramente su cabello —Nos vemos, enana —se despidió y bajó corriendo las escaleras para poder llegar al primer piso y usar su poder, ya que la sala era más espaciosa. La castaña soltó un suspiro cuando Cisco desapareció de su campo de visión y se sentó en la cama un momento. Había completado la primera parte de su plan. Eso quería decir que, su ejecución, había comenzado.
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