Capítulo 17

4236 Words
⚠ TW: Violencia >>>>> —¿Estás lista? —preguntó Barry colocándose de cuclillas frente a ella antes de salir por la puerta principal de la casa de Joe. El castaño estaba igual o más nervioso que la niña, la preocupación en cada esquina de su anatomía. —Sí —murmuró tocando ambos bolsillos de su pantalón de jean para asegurarse de que tenía los dos celulares. El día de ayer la niña, antes de irse a acostar, le dijo a Barry que necesitaba un viejo celular para dárselo a Charlotte en vez del suyo. El velocista había resoplado con incredulidad al conocer la tonta regla impuesta por Robert sobre el aparato electrónico de la pequeña, pero, de igual modo, se las ingenió para encontrar el viejo celular de Joe que ya no usaba. —Ya sabes la regla que debes obedecer ¿verdad? —cuestionó el héroe —Debes mandarme una alerta tan pronto como acabes o si algo ocurre fuera de tu plan —le recordó. —Lo haré —expresó tratando de sonar segura de sus palabras. La niña lo envolvió en un abrazo y soltó un pequeño suspiro. Estaba nerviosa, pero también una pizca de adrenalina recorría su cuerpo. —No te demores, Madison. Mientras más rápido salgas de ahí, mejor. —Voy a estar bien —expresó, sintiendo el cuerpo tenso del chico. Esta vez se separó ligeramente de él y besó su frente. El muchacho le mostró una diminuta sonrisa ante ese gesto, siempre le causaba ternura que ella hiciera lo mismo que él. —Vamos —Barry se levantó con ella en brazos y comenzó a correr. ------------ —Brazo —La voz de Charlotte resonó ni bien cerró la puerta principal de aquella mansión. La mujer estaba vestida con un elegante vestido n***o hasta la rodilla, unos altos tacos plateados con unos aretes del mismo color. Traía un moño alto y grueso, con unos sofisticados lentes de sol; sus labios estaban de color rojo vino. No se veía para nada mal, pero Madison no pudo evitar rodar los ojos internamente al percatarse de su presencia. Esa mujer era irritante. La mayor colocó con rapidez aquel brazalete que le quitaba los poderes a la pequeña metahumana, y luego volvió a estirar su bronceado brazo hacia su dirección. »Tu celular —ordenó y la niña sacó el viejo aparato que le había dado Joe. Contuvo la respiración unos segundos, creyó por un momento que la mujer se daría cuenta del estado de aquel equipo; pero soltó el aire retenido cuando Charlotte comenzó a caminar hacia el enorme sillón y agarró su cartera de cuero, guardando aquel celular sin decir nada. »Vendré en dos horas —Charlotte volvió a acercarse a la niña —No hagas algo que amerite un castigo porque no tengo problemas en dártelo, Robert me autorizó. Además, si le cuento tu patético acto de rebeldía, no dudará en darte una paliza —La mujer se inclinó un poco a su altura —Y lo disfrutaré —susurró dándole un toque con sus cuatro y largos dedos en su mejilla, algo fuerte. Madison apretó los puños con fuerza, aguantando las ganas de darle un fuerte golpe en su perfecto rostro. "Contrólate", su mente le recordó. La mujer sonrió al ver el odio que los ojos verdes de la niña emanaban, creía que tenía similar expresión a la de su novio. Charlotte se enderezó y comenzó a caminar hacia la salida. —Vieja estúpida —Madison murmuró a la nada cuando escuchó la puerta cerrarse de un portazo. Respiró hondo y se obligó a tranquilizarse y enfocarse en su plan. »Bien, manos a la obra —habló en voz alta mientras caminaba en dirección al sótano —Espero que no estés equivocada, mamá —Decir esa palabra en voz alta seguía sintiéndose algo extraño, pero parecía que se estaba acostumbrado un poco. Amanda había sido alguien que la había amado, y esperaba que, de donde sea que ella estuviera, la escuchara; quizás se sentía feliz saber que su hija la llamaba mamá. Madison llegó hasta esa puerta que daba al sótano y tomó una respiración profunda para darse todo el valor necesario y continuar avanzando. Ese sitio no le traía buenos recuerdos, pero debía suprimirlos y seguir. Necesitaba esas pruebas. »¡Sí! —celebró al ver su mochila en el mismo sitio en donde la había dejado el viernes. También la inspeccionó y se alegró al saber que todo estaba ahí adentro. Las cámaras, la libreta, los documentos y la carta de su madre. Agarró la hoja donde había escrito las indicaciones de Amanda y sin más demora tecleó los números en aquel aparato pegado a la puerta. «Access conceded» Madison leyó en letras verdes y casi saltó de felicidad. Lo había logrado, el código que le había dejado Amanda era el correcto. La puerta comenzó a abrirse hacia un lado y la menor abrió los ojos al ver lo que se encontraba frente a ella. La tenue blanca luz artificial que se había prendido sola, le dejó ver el nuevo espacio en el que se encontraba. Madison avanzó unos pasos más por un corto pasillo y la conmoción la dejó un rato quieta en su lugar. Había armas. Muchas de ellas. Estaba en un gran espacio algo sombrío -un poco más grande del cuarto que tenía en esa mansión- El lugar estaba lleno de armas de todos los tamaños y variedades, pistolas, metralletas, revólveres, escopetas... entre otras muchas más. Aunque no parecían comunes o como las que te mostraban en las películas, esas parecían modificadas; algunas tenían gemas incrustadas, otras brillaban con intensidad, otras eran de formas algo más extrañas de una usual. Todas y cada una de ellas estaban dentro de vitrinas cuadradas de un vidrio muy grueso, colocadas perfectamente sobre estantes de color n***o; siendo exhibidas en su magnitud. Madison no sabía si todo eso era legal, pero algo le decía que no. "Debes apurarte", su mente le recordó, aquello haciéndola salir del pequeño shock. Para tener tantas armas, Robert había sido algo descuidado en su seguridad. Sólo rogaba que fuese su ego el que le decía que nada podía contra él, y no que, en verdad, estuviera todo asegurado con cámaras escondidas, detector de movimientos y otros aparatos de seguridad que veía en las películas o en los Laboratorios. La niña sacó la cámara que Cisco había modificado para que los videos se guardaran automáticamente en su laptop, y decidió ocultar la mochila detrás de un estante que estaba algo separado de la pared, solo por si acaso. La menor apretó el botón de "play" y comenzó a grabar todo a su alrededor. Se acercaba a cada arma para que, quien viera el video, pudiera apreciar los detalles y darse cuenta de que estaban totalmente modificadas. Estaba segura de que esas armas podían dañar a un metahumano. Sabía que eso era lo que vendía Robert por lo bajo. Podía apostar a que ese era su verdadero negocio. Luego de casi una hora, la menor detuvo la grabación. Había dividido los videos para que no fueran tan pesados, quizás había grabado unos veinte videos exponiendo todo el armamento. Además, había encontrado, en un cajón de una esquina, papeles con nombres de diferentes personas, algunos tachados y otros con un check. No sabía si eran importantes, pero de igual modo les tomó foto y los guardó en su mochila que la volvió a ocultar en el mismo lugar. Decidió hacer unas tomas más; pero, luego de un momento, pudo escuchar un ruido. La niña se paralizó en su sitio, toda la sangre drenando su anatomía y dejándola totalmente fría en su lugar. Los nervios se dispararon por cada parte de su cuerpo y agudizó su oído. Pasos. Eran jodîdos pasos. Madison se imaginó lo peor y su primer instinto fue sacar su celular para mandar la alerta a Barry, pero su cabeza la detuvo cuando le gritó: "¡No, Madison, tienes una cámara y necesitas más pruebas!" "Sobre todo, de él, de lo que te hizo", su subconsciente le recordó. La niña lo meditó un segundo, pero ya había tomado su decisión. Con sus temblorosas manos apretó el botón de "play" de la cámara y corrió hacia uno de los estantes de al fondo y escondió la mitad de la cámara detrás de una pequeña caja, simplemente dejando el lente, por donde se captura la imagen, afuera. La niña observó a todos lados desesperada cuando se dio cuenta de lo que había hecho... de lo que iba a hacer. Su corazón bombeó con fuerza cuando aquellos pasos se escuchaban más y más cerca. Su cabeza trabajaba a mil por hora. No había dónde esconderse -aunque tampoco planeaba hacerlo- no cabía detrás de uno de los estantes; además de que la parte del medio de ese lugar estaba sin nada, como si estuviera diseñado para que las personas caminasen por ahí. El ruido se detuvo. Madison observó frenéticamente a la puerta que no se había molestado en cerrar -porque no sabía cómo- pero no vio nada. Cierto alivio regresó a su cuerpo, quizás la paranoia le estaba haciendo escuchar e imaginar cosas. Robert estaba de viaje, Charlotte había salido. "No es nadie", se repitió un par de veces para calmarse. Además, ese nuevo plan que su cabeza le había implantado quizás era algo descabellado. "Pero era necesario, idiota", su mente refutó y la niña solo pudo concordar con su subconsciente. Esta vez giró sobre sus propios talones para recoger su cámara y llamar a Barry para largarse de ahí. —Detente —Su escalofriante voz la hizo detenerse abruptamente, como si de una estatua se tratase. Su cuerpo tembló al reconocer aquella voz. Sintió nuevamente la sangre drenar todo su cuerpo. Su corazón latió más rápido y tragó saliva con fuerza. "Maldición, maldición", gritó en su cabeza. »¿Qué mîerda haces acá? —Sintió que la sujetaba del hombro con brusquedad y la giraba con fuerza para quedar frente a frente. Robert estaba a tan solo centímetros de ella. El semblante de su progenitor era muy serio y duro. Lucía más que furioso. —Tú estabas de viaje —comentó, tratando de salir de aquel estado de conmoción. Ahora que lo tenía al frente, debía proseguir con aquel improvisado plan que había pensado hace unos segundos atrás. "¿Acaso tienes las agallas?", su mente casi se burló. —Volví antes, pequeña estúpida —Robert expresó con rabia —Sabía que no podía dejarte sola, no después de la escenita que montaste el viernes —bramó, señalándola con un dedo, aquello hizo que Madison se encogiera en su sitio. —Per... —Maldita niña —masculló entre dientes, apretando fuertemente sus puños. —¿No te bastó el castigo que te di? —gritó y guardó silencio tres segundos —Después de cómo te deje ahora, no querrás desobedecerme nunca más en tu patética vida. —Lo sien... —Ni lo intentes. Tus disculpas solo me harán enojar más —El hombre soltó un resoplido de exasperación. Respiraba con gran profundidad, sus venas del cuello se notaban a través de su camisa no completamente abotonada. »¿Cómo entraste aquí? —preguntó luego de intentar contener su rabia. —Estaba abierto —Madison se las ingenió para decir y encogerse de hombros. Estaba totalmente aterrada, pero debía hacer una jugada más para tener las pruebas suficientes. Sabía que Robert odiaba las mentiras o que le respondiera de esa forma. —¿Acaso crees que soy idiota? —el hombre recitó, soltando una risa sin una pizca de gracia —El detector de movimiento no miente, Madison —masculló y se acercó. —¡Tu pequeña mano tecleó el maldîto código! —gritó y sus ojos se oscurecieron. —Yo... —¿Cómo lo supiste? —No lo sé ¿suerte? —La niña sabía que estaba jugando con fuego, pero debía provocarlo. —Insolente —masculló entre dientes, agarrándola del cabello y obligándola a que alce su cabeza —Dime quién, jodîdos demonios, te dio el código. —No es mi culpa que no puedas pensar en uno más difícil —Sus palabras salieron de su boca sin pensarlas una segunda vez. Madison observó la ira en el rostro del hombre y ya no le pareció tan buena idea desafiarlo de ese modo. El lugar se quedó en silencio, por dos segundos. Robert algo sorprendido de esa irrespetuosa respuesta. Pareció contener su ira y pronunció: —¿Sabes qué? Esto te refrescará la memoria y te arreglará esa actitud que estás teniendo conmigo —El hombre la soltó, con velocidad se desabrochó el cinturón de su costoso y pulcro pantalón de vestir, y lo dobló en dos. Madison abrió los ojos, totalmente aterrada. "El plan ya no parece tan bonito ¿verdad?", su cabeza se burló de ella. —Espera, Robert... —La menor retrocedió. Honestamente creyó que primero le daría una bofetada o algún golpe con su mano, no que de frente usaría el cinturón. —No me llames así, Madison. Soy tu padre —La extraña y calmada voz del hombre desconcertó a la pequeña. Robert negó con la cabeza —Pero eres una irrespetuosa y desobediente niña. Y acá, cuando no sabes obedecer ni comportarte, hay consecuencias —expresó clavando su vista en ella —Yo mismo te castigaré y verás como nunca más serás una mala niña. Mi hija será obediente y yo mismo me ocuparé de ello. Entonces, con rapidez, Robert la agarró del brazo y la volteó para que quedara de costado. —¡No! ¡Suéltame! —la niña trató de forcejear en un intento de valentía. El primer golpe cayó en su espalda baja, el cinturón de cuero dejó una marca rojiza en aquella zona. La menor soltó un alarido de dolor. —No nos iremos de aquí hasta cuando crea que aprendiste la lección y me digas quién diablos te dio el código —declaró con severidad —Y, créeme, ahora te disciplinaré tantas veces como lo necesites —masculló —Y después...oh, después, te espera otra paliza en el cuarto de castigo. Has desobedecido muchas reglas, hija mía. La niña se estremeció ante aquellas horribles palabras y sintió las lágrimas picar detrás de sus párpados. »¿Vas a volver a desobedecerme? ¿Huh?—Robert bramó, nuevamente perdiendo la paciencia que estaba fingiendo tener. —¡Responde! —Otro golpe volvió a caer en su espalda y la ojiverde no pudo evitar soltar otro alarido de dolor. —No —susurró. —¡No, ¿qué? —No, señor —expresó sintiendo mucho dolor —Por favor, detente —suplicó. —Entonces, dime ¿quién fue? —No lo sé —Madison susurró. Ni en un millón de años delataría a su madre, incluso si ya no estaba viva. —Bien, si así lo quieres —Un fuerte golpe cayó, esta vez, a la altura de sus omóplatos y la niña no pudo retener más sus lágrimas. —No más, duele —pidió, liberando un sollozo. —Perfecto. El dolor te recordará a no mentir. —Otro golpe más y la pequeña lloró con más fuerza —A no ser irrespetuosa —Otro golpe más —A respetarme —El cinturón volvió a caer con rapidez en su espalda baja —Esto es tu culpa, recuérdalo. —Los golpes caían de todas las direcciones, eran desordenados. Una paliza feroz y descuidada para alguien como Robert, pero había perdido la paciencia. "¡No, recuerda lo que te dijo Barry!", su cabeza le gritó, antes de que las palabras del hombre tuvieran alguna clase de efecto en ella. —No lo es. No lo es —Madison murmuró con una nueva sensación de valentía y adrenalina recorriendo su cuerpo —¡Te odio! —gritó con todas sus fuerzas. La niña reaccionó rápido y mordió con todas sus fuerzas el antebrazo de su progenitor. Tras el nuevo dolor, Robert instintivamente la empujó con brusquedad hacia atrás y ella cayó contra el piso. El lugar se quedó un momento en silencio, Robert algo sorprendido por el accionar de su hija biológica. —¿Ahora te resistes a tu castigo? —nuevamente aquella calmada voz —Descuida, no durarás mucho. Amanda también se resistió las primeras veces, pero... —¿Cómo pudiste golpearla también a mamá? —acusó la niña, entendiendo las palabras del hombre y tomando la oportunidad para que ese ser confesara. —Amanda era buena. Robert solamente soltó una carcajada, pero otra vez estaba esa oscura mirada en su rostro. Parecía que el tema de Amanda era algo que lo sacaba de sus casillas. —Sólo la disciplinaba y la corregía cuando se lo merecía, justo cómo lo estoy haciendo contigo. —Eres un monstruo —susurró, sintiendo las lágrimas de impotencia, por no haber protegido a su madre, recorrer sus mejillas. —Tu madre estaba dement... —¡Tú la volviste así! —gritó la menor con furia al recordar el video donde la mujer ya no era feliz. —¡No me culpes! Sólo le di lo que ella necesitaba. Que haya perdido la cabeza no fue mi jodîdo problema. —¡Eres un asqueroso ser humano! —Madison vociferó, pateando las pantorrillas del hombre que estaba a centímetros de ella. Aquella acción fue para distraerlo y que no viera que estaba metiendo su pequeña mano a su bolsillo donde estaba el celular —¡Eres un maldito! —¡Ya basta! —bramó aquel miserable ser —Te enseñaré a respetarme, mocosa. —Tras esas palabras Madison mandó la alerta a Barry, aunque se cubrió con sus manos cuando observó que el hombre elevaba el cinturón para darle otra paliza. Cerró los ojos esperando el dolor, pero no sucedió nada. Delante de ella ya se encontraba Barry de cuclillas, recibiendo el golpe por ella, justo también en su espalda. Madison soltó un ligero jadeo de la impresión y el lugar volvió a quedar en silencio. Barry tenía la respiración agitada mientras cubría a la niña de su agresor. El chico no iba a negar que aquel golpe con el cinturón había dolido y sintió más culpa al saber que la menor había soportado varios de esos golpes. —Joven, Allen —habló el hombre neutralmente —¿Viniste a presenciar el castigo que le estaba dando a mi hija? —Una petulante sonrisa apareció en su rostro —Aunque no acostumbro a tener público, puedo hacer una excepción contigo. Así te das cuenta de lo blando que han sido con ella —Negó algo divertido con la cabeza —De lo mal que se compor... Antes de que pudiera terminar de hablar, Barry se abalanzó contra el hombre propinándole una serie de puñetes en el rostro; Robert soltando el cinturón y este impactando contra el piso. —Eres un bastardo, hijo de pu... —El chico dejó de hablar al darse cuenta de que la niña los observaba con estupefacción. Madison no había visto a Barry así de furioso en mucho tiempo. La niña tenía la vista fija en la pelea física que estaba sucediendo frente a sus verdes ojos, algo sorprendida y conmocionada. —Flash —expresó Robert algo divertido—, eres un héroe, no se supone que deberías estar golpeando a un ciudadano —ese individuo acotó con burla, escupiendo la sangre de su boca. Barry se sorprendió ligeramente que conociera su identidad -sí, la niña se lo había dicho, pero no creyó que fuera posible- Incluso había ido sin su traje para que el hombre no sospechara y simplemente pensara que había entrado por la puerta. Pero ahora que Barry sabía que Robert conocía su identidad, ya no tenía sentido que ocultara sus poderes. Entonces, los usó. Claro que lo hizo. Ese hombre había herido a la personita más importante de su mundo. Flash lo agarró del cuello de su camisa y lo estampó contra un espacio que no estaba cubierto de estantes, así comenzando a propinarle muchos más golpes con su super velocidad. —Tienes agallas para golpear a una niña, porque sabes que no puede defenderse. ¿Qué se siente estar con alguien de tu tamaño y no poder defenderte? —masculló con rabia. —Barry —susurró la niña, observando al castaño fuera de sus cabales. Había sangre en los nudillos del velocista y en el rostro de Robert. —Mi hija se merece cada uno de esos castigos —expresó el sujeto. Barry lo volvió a estampar contra la pared, dejando los golpes de lado y colocando su mano delante de él, a la altura de su corazón. —Ella no es tu hija. Nunca lo será —Madison observó cómo Flash comenzaba a vibrar su mano a velocidad inhumana, tal y como lo había visto en Flash Reverso o Zoom. ¿Lo asesinaría ahí mismo? —¡No, Barry! —la niña gritó y se levantó de su lugar, saliendo de aquel estado de conmoción —No puedes matarlo —murmuró, recordando la más importante regla que Flash tenía. Sabía que el chico no se perdonaría nunca haberle quitado la vida a alguien, por más malo que fuese. »Por favor, Barry —la ojiverde suplicó, acercándose un poco hacia donde estaban ellos. Esta vez su voz llamó la suficiente atención del castaño para voltear —Recuerda quién eres. No eres él, no puedes convertirte en ese horrible y despiadado ser —susurró la niña. Sí, Madison detestaba a Robert, pero no le haría cruzar esa línea al muchacho. No quería que matara por ella. Además, podían asegurarse de que la prisión a donde fuera, lo trataran de la peor forma; si se enteraban de lo que le había hecho a una niña, quizás, e incluso lo torturaban. El metahumano dejó de vibrar su mano, al ver a la menor de pie en su diagonal. Aquella abrumada expresión reflejada en sus verdes y cristalinos ojos le hizo detenerse. La distracción fue tanta que ninguno de los dos se dio cuenta que Robert se movió para agarrar algo de un estante, colocándolo con mucha rapidez en la muñeca del muchacho. Cuando Madison se percató de lo que le había puesto Robert al velocista, ya era muy tarde. Un brazalete. Ya no tenía sus poderes. »Barry, cuidado —exclamó la menor y retrocedió un poco cuando su progenitor le propinó un fuerte golpe en la mandíbula del más joven. El chico trató de usar su velocidad; pero, cuando nada sucedió, se dio cuenta del brazalete en su muñeca. —Maldición —masculló en voz baja, esquivando un golpe de Robert. Esta vez el hombre le dio un puñete con tanta fuerza que le hizo caer al piso. Entonces, Madison abrió los ojos cuando su progenitor sacó la pistola que tenía en su cinturilla, apuntándole al castaño. —Robert, no. Déjalo en paz —demandó la niña, acercándose a ese individuo y agarrando su brazo. Su progenitor simplemente la empujó hacia atrás y ella nuevamente cayó al piso. Aquello pareció enfurecer al castaño, ya que hizo una maniobra con sus piernas y tiró a Robert contra el duro suelo. —No la vuelvas a tocar —Barry vociferó y, con aquello, nuevamente la pelea se desató. Madison observaba desde su lugar sin saber qué hacer. Robert era muy bueno, ya que se movía con precisión, hasta que tomó la ventaja. El sujeto se abalanzó contra el ojiverde que estaba en el piso y comenzó a ahorcarlo. —¡Robert, suéltalo, lo vas a matar! —gritó la niña. —Es lo que se merece por estropear mis planes, querida. Es lo que se merece por estar jugando a ser el padre con mi hija —masculló apretando más el cuello del chico. Madison le asombró ligeramente sus palabras, pero no tenía tiempo para reaccionar. Sabía que él no se detendría, así que escaneó el lugar para ver qué podía usar para defender a Barry. Obviamente no podía agarrar alguna de las armas de las vitrinas, estaba segura de que el vidrio era sumamente fuerte y no podría romperlo, además que no sabía cómo usar alguna de ellas. La niña se levantó de inmediato cuando vio algo que sí podía usar. La pistola de Robert que había salido volando cuando Barry lo hizo caer. Corrió hasta su dirección y la tomó de inmediato. Se colocó a unos metros de donde estaban y alzó aquella pequeña arma. Con los brazos extendidos hacia adelante apuntó la pistola en dirección a su progenitor, que estaba en su diagonal. —Déjalo o disparo —Robert a observó de reojo y luego rio, no disminuyendo en lo absoluto su agarre. —No te atreverías a dañar a tu padre —masculló y nuevamente toda su atención recayó en Barry, que forcejeaba bajo aquel agarre. Madison se preocupó más, al ver la piel del rostro del castaño tornarse de un color azulado rojizo. Si seguía así, lo mataría. Ella no iba a dejar que ese despreciable ser le quitara la vida. "Sólo dispara a un lado y asústalo" Tomando una respiración profunda para tratar de que sus manos dejaran de temblar, le quitó el seguro a la pistola y, contando hasta el número tres, disparó. Aunque la bala impactó en el cuerpo de Robert.
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