Capítulo 16

3127 Words
Madison abrió los ojos, sintiendo poco a poco retomar la consciencia luego de haber dormido plácidamente. Por unos cortos segundos estuvo confundida de donde se encontraba y de lo que había sucedido, pero rápidamente los recuerdos del día de ayer invadieron su mente y aquella confusión se esfumó. Ligeramente alzó la cabeza y observó al chico con los ojos cerrados, aún dormido. La niña volvió a acostarse y trató de dormir, pero las ganas de ir al baño se lo impidieron. Soltó un pequeño bufido y se levantó. Su lastimado cuerpo le hizo hacer una mueca de dolor y mordió su labio para no soltar algún tipo de ruido. Ahora que recién se levantaba sentía los golpes algo frescos. La medicina había ayudado de sobremanera, pero seguía sintiendo molestias. Dividió por la mitad su largo cabello y colocó ambas partes adelante, así cubriendo su pecho descubierto. Con sigilo comenzó a caminar hacia el baño y se adentró a este. Cuando terminó de hacer sus necesidades, lavó sus manos, rostro y cepilló sus dientes. La menor se observó un momento en el espejo y soltó un suspiro. Ayer había sido un día agotador y hoy tendría que ver la forma de convencer a Barry de que la dejara ir mañana a la casa de Robert. Cuando la niña nuevamente entró a su habitación, se dio con la sorpresa de que Barry ya no estaba echado en su cama, y pensó que se había ido alistar. Ella no quería alistarse, es más, quería quedarse en su cama todo el día. A pasos lentos y con algo de dolor, se sentó en el colchón y soltó otro suspiro, seguía cansada. —Buenos días, cariño —La menor dio un pequeño respingo y observó acusatoriamente al chico. Debía dejar de asustarla de ese modo. —Perdón —susurró Barry con una pequeña sonrisa. Ya estaba cambiado y arreglado. —Buenos días —Madison susurró —Deja de asustarme ¿quieres? —bufó y se cruzó de brazos haciendo un pequeño puchero. El mayor se acercó hasta donde estaba ella y besó la cima de su cabeza. —¿Cómo te sientes? —Quiero dormir —susurró. —¿Todavía tienes sueño? —cuestionó el muchacho. —Sí. Me dejarás dormir ¿verdad? —Te dejaré dormir ¿Qué te parece dos horas más? —habló el chico observando su reloj, ya no era muy temprano, pero le daría el gusto —Pero primero dime, del uno al diez ¿cuánto te duele? —preguntó inclinándose un poco sobre ella para poder ver su espalda. Definitivamente su piel lucía mucho mejor que ayer. —Cinco —respondió. —Bien, te pondré más medicina y luego puedes dormir —aseguró y la niña asintió —Échate boca abajo —indicó y ella obedeció. Barry colocó su largo cabello hacia un lado y prosiguió a agarrar el spray. Madison se preparó mentalmente para el ardor que sentiría y apretó su peluche que estaba a su costado. Cuando Barry terminó de aplicarle aquella medicina, la menor sintió nuevamente los efectos curativos de aquel líquido. Y, luego de sentir el dolor del spray por un momento, finalmente se relajó. —Te quedarás en casa ¿verdad? —preguntó con voz débil. El muchacho se colocó de cuclillas frente a ella y comenzó a acariciarle el cabello. —No iré a ningún lado —afirmó, y la niña comenzó a sentir nuevamente sus párpados pesarle, hasta que el sueño la invadió por completo. ----------- —¿Qué haces? —Madison preguntó al ver a Barry sentado en el escritorio de la habitación de él. Había despertado de sus sueños hace un momento y, ahora, estaba de pie bajo el marco de la puerta. Se había alarmado cuando no vio al chico al despertar, así que rápidamente había ido en su búsqueda. Ni siquiera se había puesto zapatos y sus medias se habían perdido por algún lugar de la cama; tampoco tenía alguna prenda cubriendo su torso, así que nuevamente había colocado todo su cabello hacia adelante. —Llenaba unos documentos de la comisaría —El muchacho se encogió ligeramente de hombros y cerró su laptop —¿Quieres desayunar algo o de frente almorzar? —preguntó observando su reloj, casi serían las doce y media. —Almorzar está bien. —Bien, haré algo de comer —Barry se levantó y revolvió ligeramente su cabello. Madison no lo dejó avanzar más y lo envolvió en un fuerte abrazo, escondiendo su cabeza en su abdomen. —¿Cómo te sientes? —preguntó el chico acariciando su nuca. —Mejor. —¿Cómo para colocarte un polo? Si no quieres no hay problema, solo que estás helada —acotó sintiendo los hombros y brazos de la pequeña —¿No quieres abrigarte? —cuestionó y la niña alzó la cabeza y apoyó su mentón en Barry. —Puede ser. —Bien, tú decídelo. Si te sigue molestando la espalda, entonces puedes no usar nada; pero eso sí, ve a ponerte medias y pantuflas, jovencita, no quiero que te enfermes —La niña rodó los ojos y Barry le dio un toquecito en la nariz. —Está bien —soltó —Sólo porque no me gusta ensuciarme los pies —masculló y fue a buscar un par de medias. Barry negó levemente con la cabeza e hizo una diminuta sonrisa, luego se dirigió a la cocina para preparar algo de comer. Madison se colocó unas abrigadoras medias y sus pantuflas. Luego decidió que usaría un polo, pero quería uno muy ancho para que no molestara su piel, así que entró a la habitación del castaño y abrió el cajón donde sabía que tenía esas prendas. La niña sintió algo de molestia cuando se colocó el polo n***o de manga corta, pero luego de un momento su piel se acostumbró. La prenda le llegaba unos centímetros más arriba de sus rodillas -incluso tapaba el short que tenía puesto- y el borde de las mangas hasta casi sus codos. Soltó un bufido por lo grande que le quedaba, pero no negaría que era cómodo. Con su nueva prenda comenzó a bajar las escaleras. —¿Quieres que te ayude en algo? —cuestionó entrando abruptamente a la cocina. Esta vez fue Barry quien dio un respingo; estaba dándole la espalda a la niña, picando verduras. La niña soltó una risita. »Te asusté —Volvió a reír y el castaño rodó los ojos para luego dejar el cuchillo a un lado, lavarse rápidamente las manos y voltear a verla. —Me vengaré —dijo divertidamente, desordenándole el cabello —¿Dónde encontraste eso? —Barry preguntó con una sonrisa al ver a la tierna niña frente a él. —Tu cajón —admitió —Es cómodo, de ahora en adelante lo usaré de pijama —aseguró. —¿Ahora estás robando mi polo? —habló en tono juguetón. —Todo lo tuyo es mío y lo mío es mío —Barry la observó con fingida indignación. —Me debes una ronda de cosquillas por ser tan descarada —pronunció divertidamente y volteó a seguir preparando la comida. —Quiero ayudar —aseguró la castaña, colocándose a su costado. —¿Estás segura? ¿No te duele la espal...? —Estoy bien —interrumpió, haciendo una diminuta mueca. No quería hablar de eso en ese momento, su humor era bueno y no quería que decayera; no hasta después de almorzar. Además, debía poner en práctica sus dotes de persuasión -si es que tenía alguno- Barry ya le había dicho que quería hablar del tema, y supuso que lo haría después de comer. —Bien, puedes ayudar a pelar esas papas —dijo señalando el lugar donde estaban. La niña asintió y se colocó de puntas para comenzar a hacer su nueva tarea. —¿Qué es divertido? —Madison reprochó al percatarse cómo él la miraba. —Recuérdame comprar un banquito para ti —molestó y la niña rodó los ojos. —Tonto —susurró y devolvió su vista hacia las papas. Barry negó levemente con la cabeza y luego decidió colocar música. ---------- Madison terminó de comer aquel exquisito almuerzo junto a Barry y se sintió satisfecha. —Ve a cepillarte los dientes mientras ordeno —indicó el chico. —¿Seguro? —cuestionó la niña —Puedo ayudar. —Por esta vez usaré mi velocidad —Barry le guiñó un ojo. —Bueno, si tanto insistes —Madi se encogió de hombros. Tampoco era que le fascinara limpiar, así que comenzó a subir las gradas rápidamente antes de que el muchacho cambiara de idea. Al volver a la planta baja, la niña miró a Barry sentado en el sillón, observando un punto fijo en la pared. Parecía que estaba pensando en un sinfín de cosas y su semblante, ahora, lucía serio. La pequeña soltó un débil suspiro, sabía lo que vendría a continuación... algo que debía evitar. Creía que no podía hablar más de lo que le había hecho Robert, porque necesitaba que el ojiverde la dejara ir el día de mañana. —Ven aquí, cariño —Barry habló luego de un momento, palmeando el espacio libre que tenía al lado. —Hablemos —indicó con cautela y la menor se sentó a su costado —Espera, ¿te duele al sentarte? —preguntó con algo de preocupación. —No, estoy bien —La niña dijo encogiéndose de hombros, le molestaba un poco el contacto del sillón con su piel, pero era soportable y no quería preocupar más al chico. El lugar se quedó en completo silencio por unos segundos, aquello tensando a la pequeña. —¿Robert te hizo algo más, además de...de lastimarte de esa forma? —cuestionó suavemente el muchacho, debía estar seguro. —No —expresó con seguridad al ver la abrumada expresión del chico. La niña sabía muy bien a lo que él se refería, así que había respondido con decisión. Robert no la había tocado de esa manera, y, a pesar de todo, estaba muy agradecida de que ese hombre no fuera esa clase de persona. Era un tema delicado, pero no era algo de lo que no estaba consciente. Madison vio cierto alivio reflejado en aquella mirada que ahora la observaba fijamente. —Bien —Barry susurró besando su frente y tomando una respiración profunda —De igual forma lo que te hizo no está nada bien —acotó y la menor asintió débilmente. »Madi, lo entiendes, ¿verdad? —Lo entiendo —afirmó luego de un momento, recordando las palabras de Barry del día de ayer. —Me alegro escucharlo, pequeña —El castaño le mostró una diminuta sonrisa, pero luego volvió a guardar silencio y su semblante volvió a ser serio. —Aparte del cinturón y la vara ¿usó otra cosa más? ¿De qué otra form...? —Barry —la niña interrumpió y negó levemente con la cabeza. —Necesito saber, Madison. —Y lo te lo contaré, lo prometo —La niña alzó la cabeza armándose de valor para encararlo —Pero no hoy. —¿Cómo? —la incredulidad y cierta molestia tiñó su tono de voz. —Escúchame, por favor —La menor, sin pensarlo otra vez, se volteó ligeramente y con sus manos se ayudó a pasar una pierna sobre el regazo del chico, así quedaba sentada en sus muslos para poder mirarlo fijamente. —No te enojes —susurró. Por un momento lo abrazó con fuerza y escondió la cabeza a la altura de su cuello. Si por ella fuera se quedaría en esa posición todo el día, inhalando el perfume de Barry; era casi imperceptible, pero para Madison era algo que, con el tiempo, también lograba calmarla. El aroma del chico le recordaba que junto a él estaba a salvo, que junto a él era su hogar. Madison sintió al castaño respirar profundamente. Ella cerró un momento los ojos y, luego de unos segundos, pronunció—: Mañana debes dejarme ir donde Robert. —¿Qué? —Nuevamente el tono de incredulidad del muchacho. El velocista la agarró por los hombros y la separó ligeramente de él, así podía clavar su vista en ella —¿Escuchas lo que me estás pidiendo, Madison? —Ahora lucía algo más molesto. La niña se enderezó más y agachó ligeramente la cabeza. —Sé cómo suena, Barr; per... —No irás —expresó firmemente el castaño, cruzándose de brazos. —Debo ir, Barry —Esta vez lo miró. —Dije que n... —Por favor, debes confiar en mí —se apresuró a decir —Debo hacer algo importante. Sin esos papeles, no podremos hacer nada —le explicó la verdad a medias. No quería mentirle del todo, pero si le decía la completa verdad, entonces Barry no la dejaría ir sola y debía continuar con su plan. —¿Papeles? —Es algo que Amanda me ayudó a conseguir... —Espera, ¿cómo que Amanda? ¿Amanda, tu...tu madre biológica? —Sí —confesó —Ella grabó unos videos y encontró unos documentos —acotó con velocidad, pero luego negó levemente con la cabeza —Sé que tienes algunas dudas, pero debes confiar en mí. Debo ir y recuperar la mochila que dejé. —Madison, no me gusta que estés ocultándome ese tipo de cosas —medio reprochó. —Lo sé —susurró la niña —Pero lo de mañana es importante. Si queremos vencer a Robert, debo recuperar esa información. —Podemos simplemente hablar con Joe y Cecile, y decirles lo que te hizo. —Robert tiene muchos contactos, Barry. No será así de fácil. Simplemente puede negar lo de los golpes. Es mi palabra contra la de él y créeme, no es suficiente. Además, sus negocios, las cosas que hizo... Debe pagar también por eso, y los documentos son lo único que lo prueba. —Entonces iré contigo. —No, no puedes ir —Lo observó con ojos casi suplicantes —Probablemente Robert tenga cámaras en la puerta principal, o probablemente tenga la tecnología necesaria para saber que otro metahumano se metió a su casa. —Madison... —Por favor, por favor —pidió la menor —Es más, ni siquiera Robert va a estar. No llegará hasta el mediodía, quien me recibirá es Charlotte, su novia —trató de explicar por qué su ida no sería peligrosa. Barry soltó otro suspiro, los ojos suplicantes de la niña lo estaban matando. Su expresión desesperada le estrujaba el corazón. Y dejando su enojo de lado, se obligó a repasar sus palabras con la cabeza fría. En el fondo la niña tenía un punto. No sabía qué tan peligroso era el hombre, lamentablemente él no conocía a Robert como Madison parecía hacerlo. Había varias cosas que la niña estaba omitiendo sobre la vida de ese ser. »Además, necesito recuperar los videos y la carta de mamá —Madison aportó, tratando de que sus palabras fueran decisivas para convencer al dubitativo chico. Si él no quería hacerlo por los documentos de Robert, lo haría por la persona que le había dado la vida ¿verdad? "¿Acaso estás tratando de manipularlo?", la mente de Madison le planteó, sabiendo de algún modo las verdaderas intenciones de la niña. "Necesito ir", justificó aquella acción, no sintiéndose bien consigo misma. A Barry, la última palabra que Madison había dicho, le hizo fruncir ligeramente el ceño ¿Qué había visto en los videos de Amanda para que la llamara de ese modo? Madison no se dirigiría con ese término a esa mujer, si no fuera importante. Barry masajeó su frente un momento, tratando de tomar la mejor decisión. —Dos horas —declaró, de repente. —Ni un minuto más —expresó con autoridad —Tendrás tu celular todo el tiempo contigo. Una vez que recuperes lo que necesitas, apretarás el botón de encendido dos veces y una alerta se encenderá en mi celular, así puedo ir por ti. Aunque, si algo ocurre fuera del plan, debes usarlo de inmediato —indicó con firmeza —¿Estoy siendo claro? La niña agachó un poco la cabeza, no pudiendo evitar pensar en Robert por lo serio y autoritario que el chico había sonado. —Sí, señor... —Madison calló de inmediato al darse cuenta de lo que había expulsado de su boca. "Es Barry, tonta" —Hey, ahora estás conmigo —Con delicadeza el ojiverde alzó su barbilla para que ella lo viera. —No necesitas usar aquella palabra —expresó suavizando su voz. —Lo sé, lo sé. Es sólo que, a veces, no puedo evitarlo —expresó en un susurro. La niña volvió a negar levemente con la cabeza —Barry, haré todo lo que has dicho —aseguró y volvió a recostarse en el pecho del chico. —Esta vez debes obedecerme ¿sí? Por favor, si algo sale mal, por más diminuto que sea, debes avisarme ¿de acuerdo? —el chico pidió. —Lo haré —susurró, esperando poder cumplir su palabra —Abrázame —Madi indicó al ver que Barry solo acariciaba su cabello. —Pero tu espalda...—La niña alzó ligeramente su cabeza y lo observó. —Estaré bien, sólo quiero que me abraces —Le mostró un puchero, el velocista no pudo resistirse y la abrazó —Madison volvió a echarse en su pecho y se acurrucó más contra él. »No me sueltes —pidió con pequeña voz, cerrando sus ojos y una abrumadora sensación invadió su cuerpo de tan solo pensar en el día de mañana, y en lo que sucedería luego. —Estoy aquí, Madi —aseguró Barry al escuchar su temblorosa voz —Estoy aquí, mi niña —repitió besando su frente y Madison hizo una diminuta sonrisa por sus palabras. —Cuéntame del Flashpoint —la castaña pidió luego de un momento, debía distraerse y quizás solamente necesitaba escuchar la historia de su acompañante. —¿Segura? —Mhm. —expresó —Apuesto que te sucedieron cosas interesantes. —Bien —murmuró el castaño apoyando suavemente su mejilla sobre la cima de la cabeza de ella. Entonces, Barry comenzó a narrarle casi toda su experiencia en esa realidad alterna -excluyendo algunas cosas- como si de un cuento se tratase. Incluso le confesó por qué decidió volver a su verdadera línea temporal. Madison escuchó con atención todos los detalles, pareciéndole fascinante y algo aterrador todo lo que podía hacer un cambio en la línea de tiempo; hasta que el muchacho terminó de hablar y se sumieron en un cómodo silencio. Barry comenzó a mecerla ligeramente de lado a lado y la menor se sintió aún más relajada, así que se permitió adentrarse a un ligero sueño.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD