Faltaban 10 minutos para que Barry llegara a recogerla. Como pudo, Madison volvió a aplicarse la pomada para calmar su dolor y esperó unos minutos a que la cremosa medicina fuera absorbida por su piel.
La menor se encontraba algo ansiosa y nerviosa. No sabía cómo podía ocultarle a Barry la molestia del ardor en su cuerpo. Necesitaba guardar distancia, o estaba segura de que ese "nuevo" Barry notaría su malestar.
"Puedes hacerlo", se repitió una y otra vez por un par de minutos.
La pomada hizo su efecto y alivió ligeramente el constante ardor de su lastimada piel. Rápidamente se cambió por un buzo n***o, un polo de manga corta y una sudadera de color blanca. Debía ocultar las marcas, así que ese atuendo estaría bien. La niña hizo una mueca de dolor cuando aquellas prendas hicieron contacto con la irritada zona de su espalda y piernas, pero no tuvo otra opción que aguantar.
Respiró hondo y se obligó a calmarse. Debía aguantar, debía ser fuerte. Si Barry se enteraba, no sucedería nada bueno y ella debía volver el domingo. Debía terminar lo que había empezado y hundir a su padre biológico.
Madison se sobresaltó cuando escuchó la puerta ser abierta. La menor se quedó inmóvil en su sitio mientras veía a Robert acercarse. Cuando estuvo a pocos centímetros, el hombre se colocó de cuclillas frente a ella e hizo una pequeña sonrisa.
La niña sintió su cuerpo paralizarse, tenerlo tan cerca simplemente le hacía revivir las bofetadas y el espantoso castigo que le dio hace unas horas atrás. Quería apartarse, pero, antes de obligar a su cuerpo a retroceder, Robert la agarró de la muñeca y la mantuvo en su posición.
—Querida —habló por primera vez —¿A dónde vas? —preguntó con algo de ironía viendo como su hija quería alejarse de él. —Sólo quiero hablar, mi pequeña hija —Robert le dio un toque en su barbilla y la menor aguantó la respiración, moviendo su cabeza a un lado, esperando lo peor.
»Madison, mírame —exigió el hombre al ver que la niña había cerrado los ojos —Ahora —demandó y, con algo de brusquedad, agarró su barbilla y giró su cabeza —Vamos, no seas caprichosa, abre los ojos —expresó el individuo algo irritado. Madison no quería ponerlo de mal humor, así que abrió los ojos y lo observó.
»Tu castigo ya terminó, no sé a qué se debe tu actitud —masculló y soltó el agarre de su mentón. Madison quería gritarle que no estaba teniendo ninguna actitud, simplemente tenía miedo de que le hiciera daño otra vez.
La actitud de él la irritó. Esta vez, sintió un ligero enojo recorrer su sistema. Odiaba que Robert tuviera ese poder sobre ella. Nuevamente era la marioneta de alguien más, había logrado cortar las invisibles cuerdas que Moreau había puesto sobre ella para quedar atrapada bajo las cuerdas de su progenitor.
"¿Qué hice mal, Hayley?", le preguntó a su difunta amiga, esperando una respuesta que sabía que nunca llegaría.
»En fin, sólo quería decirte que mañana estaré de viaje y no volveré hasta el domingo como a las once de la mañana —informó, llamando su atención —Eso no quiere decir que vendrás a esa hora. Debes estar aquí a las ocho en punto, y mientras no estoy, quiero que limpies el comedor, la cocina y la sala.
—¿Por qué? —se atrevió a preguntar frunciendo el ceño.
—Porque lo digo yo, tu padre —Robert endureció su tono de voz —Es parte de tu castigo, Madison. Así que, cuando llegue, quiero todo impecable —espetó —¿Estoy siendo claro?
—Sí, señor —susurró algo temerosa viendo las duras facciones del hombre. ¿Ya se había enojado? ¿Perdería otra vez la paciencia?
"Respira. Tranquila" La menor le hizo caso a su cabeza y trató de relajarse.
»¿Quién me abrirá la puerta? —murmuró aquella pregunta.
—Charlotte te recibirá. Dejarás que te ponga el brazalete y le entregarás tu celular —indicó —No quiero ni una queja de su parte, o dejaré que ella misma te dé un correctivo.
—No puedes hacer eso —masculló algo indignada de la nueva información. Esa mujer no era nada suyo.
—¿No puedo? —El hombre soltó una pequeña risa —Madison, ya deberías entender que puedo hacer lo que yo quiera —Su progenitor bajó la vista, observó las hileras desamarradas de la niña y prosiguió a hacer el nudo en la primera zapatilla. A Madison le desconcertó su acción. —Tú sólo obedece cada orden de Charlotte —expresó seriamente y luego soltó un diminuto suspiro.
»Bien, cambiando de tema —musitó —No quiero que menciones ni una palabra a nadie sobre tu castigo —ordenó clavando su vista en ella. —No queremos que sepan lo mal que te comportas. Esas personas estarán decepcionadas si saben que eres una mala niña —acotó y Madison frunció el ceño. ¿Le quería hacer sentir culpable?
"Tiene razón, fuiste una mala niña"
"Yo solo quiero saber qué hay en el sótano", Madison le dijo a su acusatorio subconsciente.
»Ya sabes, ni una palabra a nadie ¿Entendido? —pronunció y agachó la vista para empezar a amarrar la otra zapatilla. Como Madison no le respondió de inmediato, él tiró de ambas hileras con fuerza.
—Auh —susurró la niña por lo fuerte que había hecho el nudo.
—Quiero que me repitas la regla que te di el primer día —demandó, esta vez viéndola a los ojos. La niña se sintió intimidada por esa dura mirada.
—Tengo prohibido contarle a alguien sobre lo que suceda dentro de esta casa —la niña recitó. Agradeció tener buena memoria, porque no sabía lo que Robert le hubiese hecho si lo decía mal.
—Eso es, y vas a respetar esa regla ¿No es así?
—No diré nada —susurró.
—Esa es mi hija —Está vez su progenitor sonrió —Me gusta cuando eres obediente y buena niña —Robert se levantó, sacó de su bolsillo el celular de Madison y se lo entregó, justo al mismo tiempo que el timbre sonó.
—¿Ya me puedo ir?
—Tu muñeca —Madison estiró su brazo y Robert le sacó el brazalete —Nos vemos el domingo, querida hija.
La menor simplemente caminó con rapidez fuera de la habitación y se quedó un momento de pie junto a la puerta principal. Tomó una profunda respiración y trató de calmarse; pero, gracias al castigo y las palabras de Robert frescas en su memoria, ya tenía diversas emociones revoloteando en su interior.
"Tú puedes hacerlo", se repitió.
Madison se colocó aquella máscara imaginaria de niña grande y abrió la puerta. Barry tenía una sonrisa en el rostro y la niña al verlo quiso colapsar en sus brazos, pero simplemente le mostró una pequeña sonrisa.
—Hola, cariño ¿Vamos?
—Sí —La ojiverde asintió con la cabeza.
—¿Y tu mochila? —La menor se tensó ligeramente, pero se apresuró a disimular. La mochila estaba oculta en el sótano y sólo esperaba, con todas sus fuerzas, que siguiera ahí hasta el domingo. Obviamente no podía decirle eso al castaño, así que se encogió de hombros y cerró la puerta.
—La dejaré. Total, debo volver el domingo —Y con eso, Madison comenzó a caminar por el sendero que los llevaría fuera de la propiedad.
A la media hora de llegar a la casa, Barry y ella decidieron cenar algo ligero. Ahora, Madison se encontraba frente al espejo del baño del segundo piso de la casa de Joe. Había esquivado las preguntas de Barry con éxito, aunque no había sido muy fácil. Por suerte, solo era el chico y ella. Joe pasaría el fin de semana con Cecile, y Wally con Jesse, y ambos ya se habían ido. Mentirle a uno era menos complicado que a varios.
La niña terminó sus necesidades, lavó sus manos, cepilló sus dientes y mojó su rostro un par de veces. La golpiza comenzaba a doler y a molestar más, sólo quería sacarse esa ropa y colocarse algo más holgado.
—Madi ¿puedes venir un momento? —escuchó la voz de Barry desde algún lugar de la casa.
La niña rodó los ojos ¿No podía dejarla en paz?
"Hey, no te desquites con él", su cabeza le reprochó, pero decidió ignorarla.
No podía evitarlo. De pronto, la menor estaba algo irritada y molesta con la situación. Sentía que explotaría en cualquier momento, y no de tristeza. No, sus emociones habían decidido a que solo comenzara a sentir frustración por todo lo que había ocurrido en el día.
—¡Ya voy! —gritó para que la escuchara. La castaña volvió a tomar un profundo respiro y comenzó a bajar las escaleras. Barry estaba en la cocina terminando de limpiarla, así que ahí se dirigió.
»¿Qué pasa? —preguntó.
—Madi, ¿por qué acabo de recibir un e-mail diciéndome que hoy no entraste a ninguna de tus clases? —Madison lo observó un momento.
"¿Para eso me hiciste bajar?", pensó.
Estaba exhausta y él había irrumpido su tiempo para irse a dormir. A la niña le molestó aquella pregunta, estaba haciendo cosas más importantes como para entrar a unas tontas clases.
—Porque no quise y ya —respondió al fin, no tomándole la importancia debida a la situación; pero a esas alturas ya todo le daba igual. Se encogió de hombros, observó cómo el chico fruncía el ceño y, sin decir nada más, se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la sala.
—Eso no es una respuesta, Madison —Barry salió detrás de ella y la niña se detuvo, giró sobre sus talones y lo encaró —No puedes simplemente faltar a clases —el chico reprendió, algo sorprendido por la situación. Madi nunca había dejado de entrar a una clase.
La niña sintió el enojo recorrer su cuerpo ¿No podía? Claro que podía. Había intentado averiguar más información sobre su estúpido progenitor y había fracasado, su madre le había dejado indicaciones y no las había podido seguir por ser una tonta y dejar que la descubrieran. Había recibido una jodîda paliza, le dolía y ardía todo el cuerpo. Se sentía frustrada, cansada, molesta ¿Por qué ella? ¿Por qué debía soportar eso? ¿Por qué su supuesto padre debía lastimarla de ese modo? ¿Se lo merecía?
—Si puedo y lo hice. ¡Sólo déjame en paz! —Alzó un poco la voz.
—Hey, no me hables así —Barry habló con seriedad. No sabía lo que había sucedido, pero no le gustaba el tono que estaba usando con él. —Ahora, calmémonos y dime por qué no entraste a tus clases —el chico indicó.
—¡Porque no me dio la jodîda gana! —la niña exclamó, apretando sus puños.
"Demonîos, Madi, debes tranquilizarte", su cabeza le reprendió.
Barry tomó una respiración profunda, tratando de controlarse y no desquitar su repentino enojo con la niña que tenía al frente; no quería gritar, pero la actitud de la pequeña se lo ponía difícil ¿Por qué rayos estaba comportándose de esa manera?
—Ve a tu habitación —Barry ordenó con autoridad.
El chico se acercó un poco a la castaña cuando ella no se movió de su lugar. Madison no pudo evitar retroceder unos pasos. Lo que le había hecho Robert, hacía que todo su cuerpo volviera a estar alerta como la primera vez que salió del orfanato.
El muchacho frunció el ceño, pero de igual modo prosiguió:
—¿No me escuchaste? —El castaño elevó un poco la voz —Ve. A. Tu. Habitación —puntualizó cada palabra con firmeza.
Esta vez Barry alzó su brazo para señalar las escaleras, pero Madison entendió completamente mal su acción, y todo su enojo fue reemplazado por miedo. La niña rápidamente alzó sus brazos y los cruzó frente a su rostro, cubriéndose.
—No, espera. Lo siento, lo siento, señor —susurró, no dándose cuenta de sus palabras hasta que fueron expulsadas de su boca.
"Si que eres tonta, eh", su subconsciente se burló de ella.
Esta vez Barry frunció aún más el ceño. "¿Señor?", el muchacho pensó.
¿Por qué ella lo había llamado así? ¿Por qué estaba reaccionando de esa manera? Al chico le inquietó de sobremanera el nuevo comportamiento de la niña. Pensaba que Madi ya tenía claro que él nunca la lastimaría, no de esa forma. Nunca le pondría una mano encima por muy enojado que estuviera con ella, o por cuán mal ella se hubiese comportado.
Algo no andaba bien.
—Madison... —Esta vez moderó su voz. Quiso decir algo más, pero la niña no le dejó.
—Y-Yo... Déjame sola —Madi masculló como pudo y corrió escaleras arriba, yendo directo a su dormitorio.
"Estúpida, estúpida, Madison". La menor se dio unos golpecitos en la cabeza, luego de que prendiera la luz y se sentara en su cama.
¿Por qué había reaccionado de esa forma? ¿Por qué su mecanismo de defensa se había activado? Era Barry, no era Robert. Negó levemente con la cabeza. Su mente estaba hecha un lío. Además, ahora se sentía mal por responderle de esa manera tan irrespetuosa, el chico no se merecía esas palabras.
La niña cerró un momento los ojos y trató de mantener la calma, pero aquello se le dificultaba conforme pasaban los segundos. Sentía los nervios crecer y su cuerpo ligeramente tensarse.
¿Por qué le había respondido así? No quería estar en problemas, no con Barry; y estaba segura de que, ahora, él estaba molesto con ella. ¿Qué le haría?
"Eres una mala niña" La voz de Robert se coló en su cabeza "Mereces ser corregida" otra vez su voz.
"Basta"
Quizás debía dejar que Barry la disciplinara de esa forma. Quizás así aprendía a no insultarlo, o a tener esa horrenda actitud con él.
"Pero es Barry" pensó.
"¿Y?"