Quizás cinco minutos habían transcurrido desde que Madison subió corriendo a su habitación, dejando a un molesto Barry en el primer piso. La niña seguía sentada al borde de su cama en la misma posición, esperando su desdichado destino.
—Madi —El castaño entró a su habitación y la niña sintió los nervios recorrer su cuerpo con más fuerza. No pudo evitar pensar que, tal vez, Barry había perdido la paciencia e iba para castigarla de esa manera.
Su pequeña figura se tensó aún más al darse cuenta de que el chico se acercaba a ella. Una parte de su cabeza le hizo pensar en lo peor, recordándole aquellas palizas que le había dado su progenitor.
—Lo lamento. Seré buena. No me castigues ¿sí? —su voz salió casi en súplica. Agachó su cabeza y sintió que colapsaría en cualquier momento.
Debía dejar de hablar o se delataría.
El castaño se colocó de cuclillas frente a ella. El enojo de hace un momento se había disipado un poco. Ahora la preocupación se había abierto paso hasta instalarse en su pecho ¿Por qué ella estaba reaccionando de esa manera?
—No voy a castigarte, pero no quiero que me vuelvas hablar así ¿de acuerdo? —Barry indicó en un tono no tan serio.
La niña solo pudo asentir débilmente. El velocista observó que la pequeña soltaba un suspiro cargado de alivio y aquello le hizo fruncir el ceño.
»Madi —La niña sintió que Barry la sostenía con delicadeza de la barbilla y no pudo evitar encogerse en su lugar. El chico la hizo mirarlo —Sabes cuáles son los castigos que damos aquí ¿verdad? —peguntó con cautela.
Madison no pudo emitir palabra. Lo sabía, lo sabía muy bien; pero ahora una diminuta parte de su cabeza le hacía creer que todos los adultos podían dañarla de esa forma... de la forma que Robert lo había hecho por varias semanas.
»¿Qué sucede? —Barry colocó una mano en su rodilla y la acarició con su pulgar.
—N-Nada —murmuró. Se levantó de la cama y caminó hasta donde estaba su escritorio, tratando de alejarse de él —Sólo quiero dormir —dijo, intentando sonar decidida y así lograr que se fuera.
—Puedes hablar conmigo, cariño —Barry afirmó y se colocó de pie. Madison mordió su lengua al escuchar ese apodo. Sintió ese característico nudo en su garganta, pero se obligó a tragárselo.
»Ven, sentémonos —el velocista murmuró con delicadeza.
—No, mejo... —La niña quiso decir alguna excusa, pero Barry se acercó a ella y le colocó una mano en su pequeña espalda para dirigirla nuevamente a la cama.
Aquello había sido una terrible idea.
Madison siseó de dolor y se separó rápidamente del velocista.
Barry frunció aún más su ceño. Una alarma imaginaria encendiéndose en su sistema, indicándole que, efectivamente, algo no andaba bien. La reacción de la niña había sido una que nunca había esperado ¿Qué estaba ocurriendo?
—¿Por qué te duele ahí? —cuestionó con algo de firmeza.
—No es nada.
—¿Nada? —preguntó con ligera incredulidad —Madison, no reaccionarías de esa forma, si no te doliera nada —El castaño comenzaba a impacientarse al no obtener una respuesta concisa.
"Por favor, que no sea lo que estoy intuyendo", Barry se dijo en su cabeza.
»Quítate la sudadera, por favor —Madison abrió un poco los ojos ante el pedido del chico. La niña era un manojo de nervios.
—No es nada, Barry. Sólo me golpeé en la mañana con...con un mueble —pronunció la menor, tratando de sonar creíble.
—No me mientas, Madison.
—No es mentira.
—Bien, si no quieres contarme, entonces iré a preguntarle a Robert qué fue lo que sucedió —declaró y la niña se alarmó.
—¡No! —casi gritó con urgencia —No puedes ir con él. —El miedo reflejado en sus ojos verdes hizo que el muchacho se impacientara aún más y la angustia comenzara a crecer dentro de él.
"Por favor, no, Madi", pensó Barry, tratando de controlarse.
—Entonces, hazme caso y sácate la sudadera. —Madison lo observó un momento. Quería echarse a llorar en ese instante, todo se estaba saliendo de control. Todo lo que no debía de pasar, estaba sucediendo. Se sentía inservible por dejar que Barry la descubriera.
»Estoy esperando, Madi —el chico habló con urgencia.
—No puedo —susurró la niña. Sí, aún tenía su polo debajo, pero sabía que, si se quitaba la sudadera, él levantaría su prenda y vería las marcas —No puedo, Barr —volvió a susurrar.
Madison escuchó que Barry soltaba un débil suspiro y luego se acercaba. La niña retrocedió un paso, pero no dio otro más porque sabía que sería inútil, la decisión en el rostro del muchacho le dio a entender que él no dejaría pasar ese tema. Entonces, simplemente dejó que el castaño agarrara la tela de la parte de abajo de su sudadera y comenzara a sacársela.
El chico dejó la prenda a un lado y agachó la cabeza un momento.
»Barry no hagas esto —pidió la menor en un momento de desesperación, alzando su cabeza para encarar al mayor. Los ojos de ella estaban con lágrimas, pero aún no había derramado alguna —Por favor.
—Todo va a estar bien —fue lo único que dijo el muchacho para luego inclinarse sobre la niña y alzar un poco su polo de la parte atrás, revelando así las marcas rojizas de su espalda baja.
*****
Barry guardó silencio un momento cuando observó la lastimada piel de la menor. Escuchó el sollozo de Madi y aquello lo trajo de vuelta a la realidad. Soltó su prenda y apretó sus puños. La furia y el dolor se instalaron en su pecho. Se había prometido protegerla y, ahora, ella estaba de pie frente a él con marcas en su pequeña espalda.
—¿Quién? —el muchacho pudo preguntar con voz algo ronca por las emociones revoloteando en su interior. La niña no emitió repuesta alguna. El chico tomó una profunda respiración para tratar de calmarse y no explotar frente a su acompañante. —¿Quién, pequeña? —volvió a preguntar y se colocó de cuclillas derrotado frente a su figura.
Madison lo observó unos segundos, Barry casi podía ver el conflicto interno que la menor estaba teniendo en su cabeza. De pronto, ella colapsó en sus brazos, la niña escondió la cabeza en su cuello y se aferró a él como si de eso dependiera su vida. Barry comenzó a acariciar su cabellera, no tocando su espalda, por miedo a lastimarla más.
El velocista también liberó un par de lágrimas no pudiendo contenerlas, pero luego de unos segundos, tomó una respiración profunda y se obligó a recomponerse. Empezó a susurrar palabras reconfortantes, tratando de que Madison no tuviera algún ataque de pánico.
Barry se sentía devastado, sentía que le había fallado a la persona más importante de su mundo. Madi ya era su niña y había permitido que otro ser la dañara de esa forma.
De la forma que prometió que la protegería.
—No puedo decírtelo —escuchó la débil voz de la menor luego de un momento y aquello enfureció ligeramente al chico, pero se obligó a no perder la paciencia; sabía que la niña tenía miedo.
—Sí puedes, cariño —La separó un poco de él y la sostuvo de ambos lados de su cabeza —Escucha, Madi, te diré quién creo que fue, y tú solo debes asentir o negar ¿de acuerdo?
—Pero n...
—¿De acuerdo? —Barry volvió a preguntar con algo más de firmeza. La ojiverde supo que no había escapatoria. Supo que debía confesar la verdad, y tembló de miedo por eso. Robert sabría que había abierto la boca. Le daría otra paliza, dañaría a su familia y se quedaría con su custodia.
El muchacho observó que Madison soltaba otro sollozo mientras comenzaba a llorar con más fuerza.
»Todo estará bien —murmuró limpiando sus lágrimas con sus pulgares —Shh, todo va a estar bien —repitió y dejó un casto beso en su frente.
Barry guardó silencio un momento, reprendiéndose de no haber seguido su intuición cuando vio por primera vez a ese hombre esa mañana; algo le decía que Robert no era de fiar. Pero lo había dejado pasar y, ahora, se arrepentía.
Y, sobre todo, se arrepentía de haber viajado en el tiempo.
—Ba...
»¿Robert? —cuestionó.
—Barry, por favor, sól...
—Respóndame, Madi ¿fue Robert? —expresó con autoridad. La menor lo miró unos segundos más y, sabiendo que no había forma de evitar una respuesta, simplemente asintió con la cabeza.
El lugar se quedó en silencio otros segundos más. Barry sintió la furia expandirse por todo su sistema. Soltó a la niña, se levantó y apretó sus puños con fuerza.
»Ese maldito. Lo voy a matar —expresó entre dientes y la niña reaccionó enseguida.
—¡No! —casi gritó con desesperación. —No hagas nada, Barry —Ella lo abrazó por la cintura y escondió su rostro a la altura de su abdomen.
El castaño sabía que la niña estaba asustada, pero no podía quedarse de brazos cruzados. Ese bastardo la había herido y Madison le estaba pidiendo que no hiciera nada ¿cómo podía pedirle eso?
Nuevamente toda su atención recayó en la pequeña cuando escuchó aquella respiración irregular y desesperada. Escuchaba cómo la menor se sofocaba con su propio llanto, así que tuvo que dejar de lado su furia para calmarla.
—Madi, respira —El chico la agarró de sus brazos y la separó un poco de él. Se colocó de cuclillas frente a ella y limpió sus lágrimas con los pulgares —Cariño, mírame, debes copiar mi respiración ¿sí? —La niña lo observó con mucha angustia y aquello estrujó el corazón del muchacho.
»Tú puedes hacerlo —alentó, manteniendo un tono de voz suave. Estaba seguro de que la pequeña estaba experimentando un ataque de pánico por cómo la veía luchar por aire, o por cómo se agarraba el pecho.
Si el chico pudiera intercambiar roles; si fuese él, quien tuviera el ataque en vez de Madison, lo haría sin titubear. No le gustaba ver a la pobre niña sufrir de esa forma.
*****
—Duele —Madison habló mientras tocaba su pecho, sintiendo el pánico invadir toda su anatomía. Sentía que las paredes se hacían más chicas, sentía que sus pulmones no podían llenarse de oxígeno. Era como si alguien presionara su pecho con tanta fuerza, que era imposible que el aire pasara.
Esta vez agarró en un puño la camisa del chico a la altura de sus hombros y la apretó con fuerza. Sus lágrimas volvieron aparecer y el miedo también. La horrible sensación no parecía querer irse.
»Barry —susurró, pidiendo su ayuda.
—Lo sé, lo sé. —Está vez el castaño besó su frente —Es un ataque de pánico, Madi. Tu mente te está haciendo creer que sientes dolor —informó con cautela —Respira, conmigo —La suave voz del chico pareció hacer su efecto —Pronto va a pasar, lo prometo. Sólo concéntrate en mí —expresó mientras acariciaba su cabello con mucha delicadeza.
»Eso es, cariño, lo haces muy bien —alentó inhalando y exhalando pausadamente para que la menor lo copiara.
Luego de varios segundos, Madison sintió aquel dolor en su pecho comenzar a irse hasta que ya no dolió más. Sus pulmones poco a poco se llenaron de aire y su corazón dejó de latir con tanta rapidez.
—¿Por qué me sucede eso? —susurró cuando pudo encontrar su voz.
—Es ansiedad y miedo —explicó —A veces las emociones se vuelven muy abrumadoras. Pero ya pasó, pequeña —Barry limpió nuevamente sus lágrimas. Madison solo asintió cansada, acercándose a él y recostando su cabeza en su hombro.
Luego de unos cinco minutos, los sollozos de la niña se dejaron de escuchar por completo y se atrevió a decir lo siguiente:
—Barry, no puedes hacer nada.
—Madis...
—No, escúchame, ¿sí? —La niña levantó su cabeza y se separó ligeramente para poder verlo a los ojos —Por favor. Por favor —expresó con desesperación al ver la duda en los ojos del castaño.
—Está bien, pero primero respira profundo —Barry indicó, obligándose a guardar la calma. Había decidido primero escucharla antes de hacer algo que se podría considerar irracional —Eso es —colocó un mechón de cabello detrás de su oreja y Madison comenzó a explicarse.
—No puedes, no ahora —Madi habló con voz algo ronca —No sabes de lo que Robert es capaz, Barry. Va a hacerte daño. No sólo a ti, a los demás también. Es despiadado, lo vi. Lo vi.
—¿Qué viste? —Barry frunció más el ceño.
—Tenía atado a un chico a una silla. Había otro hombre junto a Robert que lo torturaba, se llamaba Saúl —La niña negó levemente con la cabeza —El chico estaba golpeado, muy golpeado. Había mucha sangre —susurró recodando aquella escena —Y Robert no hizo nada, solo se quedó ahí, ordenando a Saúl a que siguiera para sacarle información —expresó —Robert me hizo verlo, me dijo que te haría lo mismo si sabía que abrí la boca.
—Madi, tengo poderes. Tenemos un equip...
—No, Barr. Sabe de ustedes. Sabe de tus poderes. Estoy segura de que sabe que eres Flash —indicó —No sé cómo habló con Moreau, pero me dijo que esa mujer le contó todo. —Barry sintió algo de preocupación ante la nueva información. Era más peligroso de lo que pensaba. —Tiene un brazalete que bloquea tus poderes.
—¿Un brazalete?
—Sí, me obliga a usarlo cada vez que voy a esa casa —Madison sentía que debía explicarle muchas cosas, pero su espalda y piernas dolían mucho. Estaba exhausta. Sólo quería echarse boca abajo y dormir.
»Barry, debes confiar en mí, por favor. Te lo pido —habló casi en súplica —Además, está de viaje, no sé dónde está, pero es fuera de la ciudad.
—Madi —El castaño soltó un suspiro de derrota y negó levemente con la cabeza. Su primer impulso era ir a partirle el rostro a ese desgraciado, pero los ojos suplicantes de la niña eran algo desgarradores.
—Si haces algo ahora, se quedará con mi custodia, y ni tú ni nadie podrá evitarlo. No hagas algo que vaya a hacer que me quede con él para siempre, Barr —pidió —Es malo. Es malo —susurró volviendo abrazar al castaño, sólo que estaba vez siseó por el movimiento que hizo. Su espalda había ardido.
La habitación se quedó unos segundos en silencio y Barry soltó otro débil suspiro.
Por ahora, Madi había ganado.
El muchacho sedería por esa noche. Sí, estaba más que furioso, pero si actuaba desde la ira, estaba seguro de que haría algo irracional y la terminaría perdiendo para siempre. O peor aún: mucho más lastimada. Sedería por esa noche, porque primero debía saber con lo que estaban lidiando y cuánto poder, en verdad, Robert tenía.
—Bien, pero mañana hablaremos más sobre esto. ¿Está claro? —El velocista la separó de él para verla a los ojos. Madison asintió rápidamente.
»No escuché tu repuesta, Madi —murmuró, pero en un tono de voz calmado. —¿Está claro? —A veces le hacía responderle en voz alta para saber si la niña había comprendido sus palabras o si hablaba con la verdad.
—Está claro, señ... —La menor calló al darse cuenta de lo que diría. —Está bien, Barr —se corrigió.
—¿Te hace llamarlo señor? —cuestionó con algo de indignación, y la ojiverde volvió asentir.
—Y padre —susurró, pero negó levemente con la cabeza —No importa ahora —comentó al ver nuevamente la furia en los ojos del castaño.
"Deja de hablar o harás que se enoje más con Robert, y, ahora sí, irá a darle su merecido", su mente le recalcó.
»Quiero dormir —expresó, tratando de cambiar de tema. Escuchó el suspiro por parte del chico y luego volvió a tomar una profunda respiración.
A Barry le costaba mantener la calma, pero se obligaría hacerlo por Madison. Dejaría el tema de ese maldito para mañana. Ahora curaría sus heridas, podía ver el dolor en los ojos de la pequeña cada vez que se movía.
—Primero voy a curarte.
—No es necesario —la niña respondió con rapidez. No quería que el chico se sintiera más culpable de lo que, probablemente, ya se estaba sintiendo. No quería que viera las nuevas marcas que tenía.
—No es una pregunta, Madison —recalcó —Muéstrame tu espalda, por favor —pidió con cautela. Sí, había visto unas cuantas marcas hace un rato, pero necesitaba examinarlas mejor para saber con lo que estaba lidiando.
—Barry, en serio. No ha sido tan fuert...
—Tonterías —interrumpió.
—No me hagas enseñarte —susurró.
—¿Por qué?
—No quiero...No quiero que tú te sientas culpable —confesó con débil voz.
—No te preocupes por mí. Voy a estar bien ¿sí? —El ojiverde acarició su mejilla y la niña supo que no tendría escapatoria.
—Pero... —trató una vez más y observó al piso.
—Madison, voy a curarte. Si quieres puedo traer a Caitlin para que lo haga ella.
—No —expresó con rapidez. La niña alzó la cabeza y lo encaró —No quiero que la involucres, no todavía. Esto debe quedar entre tú y yo, Barr.
—Pero dejarás que te cure.
—Primero prométeme que no le dirás nada nadie —Madi pidió con algo más de firmeza.
—No puedes pedirme eso, cariño.
—Solo dame dos días. Confía en mí.
—Bien —expresó. Barry ya vería si cumpliría su promesa o no, dependiendo de las circunstancias; sólo había dicho lo que la niña quería escuchar para que dejara curarla sin problemas. —Ahora, muéstrame.