La mañana había llegado demasiado rápido para todos. Luego de aquella discusión nadie en el refugio había podido dormir. Zoe no se había animado a acompañar a Noah en su habitual recorrida, Lucia le había aconsejado que le diera espacio y decidió hacerle caso. Lucia comenzaba a ganarse aquel lugar de consejo y cariño que llevaba tanto tiempo vacante en el corazón de Zoe. Estaban sentados a la mesa para desayunar, Doña Paula hacia el pan más rico que Zoe jamás hubiera comido, Maria y Pedro se habían marchado con Bernardo hacia la escuela y Vicente contaba una divertida historia acerca de algo vivido el fin de semana en la ciudad, cuando Noah entró y la tensión se hizo palpable. Si bien Lucia intentó continuar con la conversación, la sola presencia de Noah, quien se había limitado s toma

