Leonardo me llevó a una especie de cabaña que se encontraba fuera de la isla, ahí sacó una llave que colgaba de su cuello y abrió la puerta. —Ven, entra conmigo. Él me tomó de la mano y pidió que cerrará mis ojos, una vez que estuve dentro; Leonardo apartó su mano de mi rostro. —Abre los ojos. Justo en ese momento fue que los abrí, me costó un poco acostumbrarme a la oscuridad que mostraba el sitio y cuando pude ver lo que era, me quedé de palo. —Pero qué demonios. Las luces rojas dan un aire misterioso al lugar. Observo la cama con sábanas de satén n***o y la mesa llena de juguetes eróticos. Los espejos y ganchos en las paredes prometen una experiencia intensa. Látigos, esposas, pinzas para pezones y un collar de sumisión eran solo de las pocas cosas con las que el sitio se encont

