Tenía que reconocer que Leonardo aún me ponía nerviosa cuando me miraba de esa manera, supongo que aquella chica enamoradiza aún vivía dentro de mí. —¿En dónde te golpeó ese infeliz? —No te preocupes que eso fue hace mucho tiempo. Para ser más exactos el día que lo atrapé con Catalina, me tomó del cabello y me lanzó a una distancia considerable. —Bueno, sin saberlo le di una buena lección —Leonardo acarició mi cabello —yo jamás te golpearía, mis manos fueron hechas para llenarte de caricias. Las manos de Leonardo eran tan gentiles conmigo que si no hubiese sido testigo de la fuerza con la que podían atacar, juraría que él no era así. —Mamita, papito —Victoria salió un poco temerosa de una esquina y nuestra nana la tomaba de la mano —¿Ya se fueron esas personas tan desagradables? Los g

