La evasión de Pablo

1159 Words
El transporte llegó rápido, me subí después de despedirme de Andre que aún tenía ese puchero en la boca. Saque mi celular para llamar a Pablo, algo en mí no me ayudaba, algo en mi decía que probablemente estaba con su novia y que solo se molestaría si llegaba a llamarlo, volví a guardar el celular en mi bolso y puse mis auriculares a mis oídos, encendí la música y la disfruté hasta que llegué a la parada. Me bajé del bus, saqué de mi bolso la llave que cayó al suelo por torpeza, frente a mí había un par de zapatos marrones bien lustrados. Levanté la vista después de tomar las llaves y allí estaba parado frente a mí. —¡Hola! —dijo el chico agitando una mano y dejando la otra en su cintura. Mis ojos se abrieron y cerraron repetidamente, ese chico era como Dios manda. Brazos fuertes y musculosos, ese abdomen bien formado, y estaba segura de que su trasero era tan apetecible como su cuerpo. Lo miré de arriba abajo, vestía un pantalón de gabardina amarilla, una franela negra y sus zapatos de vestir marrones bien lustrados. Parecía traído por los mismos dioses, esa franela dejaba ver claramente su bien formado cuerpo y los pantalones, ni hablar. —Hola… —respondí con los dientes apretados, solo verlo hizo que mis piernas se debilitaran, ese olor de su perfume era más que delicioso. —Me llamo Alex, tú debes ser Karen, ¿verdad? —Si… soy Karen, vivo aquí. —Al lado, exactamente, somos vecinos. Trague saliva, era mi vecino y estaba de rechupete. —Sí —afirmé tratando de parecer normal y seca como se suponía que debía ser —cualquier cosa que necesites solo llama a la puerta, estoy seguro de que mi madre te atenderá con mucho gusto. Sonreí mientras el chico hacía un gesto inquisitivo, ¿creía que quien lo atendería sería yo? Lo siento amigo, pero en casa manda mi madre, mejor suerte para la próxima. —Uhm… vale, a ver si me paso por tu casa estos días. —Claro, te atenderá con mucho gusto, es un encanto de persona —continué caminando hasta la puerta de mi casa— ¡Adiós! El chico se quedó justo ahí donde llegó al principio con cara de muy pocos amigos y completamente desconcertado. Al entrar vi la cara sonriente de mi madre, alcé una ceja y pregunté: —¿Que está pasando? —Veo que ya conocías a Alex —levanté las cejas mientras me dedicaba una sonrisa pícara —es muy lindo, ¿no? —Ok... Creo que lo entendiste mal, muy mal. —¡Oh, por favor! Hasta yo sé la fila de novios que has tenido, Karen. —Él no es parte de esa línea, madre. Dejé la mochila en los muebles y ella me vio como una leona, definitivamente traía algo con el sofá. Lo recogí de allí y me lo volví a colgar del hombro para subir a mi habitación, seguro que estará mejor allí que en ese peligroso asiento. Arroje el bolso esta vez a la cama y tire mi cuerpo junto al bolso, tome el celular y busque otra vez el número de Pablo. Esta vez no existía en mi mente esa tontería de que su novia podía estar presente y no lo dejaría hablar conmigo o que algo malo ocurriría en el proceso. Esta vez sí me contestaría y hablaríamos del porque tanto afán en acercarse a mi si tenía su grandiosa novia junto a él. Marque unas cuantas veces a su celular, no me respondió, pero no me rendiría en mi misión. Encendí la computadora y abrí el correo para enviarle un texto. —Hola, ¿Estás ocupado? Necesito hablar contigo. Llego el mensaje a su correo, espere allí sentada un tiempo y no contesto, hasta que me dispuse a entrar en mis r************* y escribirle desde una de ellas. Envié el mismo mensaje anterior. Mi poca paciencia se estaba acabando y el no respondía aún. Y mientras yo esperaba a que por fin diera una señal de vida, mis pensamientos estaban en Alex, él se veía maduro, sexy, agradable y se notaba que estaba bien centrado. Me gustaban los hombres mayores y sabía que él lo era, pero según mi experiencia con hombres mayores, sabía que te buscaban por sexo y nada más. —¿Tiene novia? Asentí con la cabeza metiendo otro dulce a mi boca, esos dulces que ella hacia eran más que exquisitos. —Eso es un verdadero problema… ¿ese es el chico que te gusta? Volví a asentir —ya no me gusta porqué tiene novia. —Los que tienen novia nunca te gustan. —En eso tienes razón, pero el es especial y ella en verdad no lo quiere. —¿Acaso viste algo? —¿De ella? Creo que vi mucho mas que algo, parecía muy ocupada detrás de la biblioteca con un chico. Mi madre abrió los ojos de par en par, se metió otro dulce a la boca y negó con la cabeza. —Ese hombre es un dolor de culo para ti y para mi, porqué en algún momento tendré que lidiar con el cuando sea tu novio. —¿Cómo estás tan segura de que lo será? —Eres mi hija y te conozco —se acomodó en su asiento —se que con ese chico no vas a rendirte, ni ahora ni después. La vi con la mirada fija en el último dulce que quedaba en la taza. —Me conoces bien. —Si, cómete el último dulce que se que lo quieres —me guiño un ojo y se fue. La vi perderse fuera de la cocina con una sonrisa en su rostro y negado con la cabeza, definitivamente mi madre era muy sabia. Subí a mi habitación tranquilamente y espere a que Pablo me tratará de responder. —¡j***r! ¿Porqué diablos no respondes? Este hombre me volverá loca un día de estos. Me senté a arreglar las cosas del día siguiente y por supuesto a realizar mi tarea, será un día complicado y si Pablo aparece de la nada tendré que hablar con él sobre todo este asunto. Una vez finalice todo lo que tenía pendiente, me recosté en la cama a pensar sobre muchas cosas. El tiempo se presentaría a su debido tiempo con el tema de un amor para mí y de ser feliz con alguien que si me quiera ver bien. La mañana llego rápidamente, mis ojos se molestaron al sentir el calor de los rayos del sol, una mano tapo la entrada sin tener éxito. —Otro día más de molestia para mí —solté un suspiro y me dispuse a arreglar las cosas que llevaría. Teniendo todo listo me puse en marcha camino a la universidad. Para mi suerte, Alex estaba fuera y parece que esperaba por mí.
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