Al día siguiente me levanto temprano, dejo a mi hombre en la cama y salgo para la terraza para llamar a mi amiga cristal Cómo ha seguido ella. —Aló cristal, ¿cómo estás?, y ¿cómo has seguido.? —¡Hola Abigaíl!, bueno para contarlo, yo no sabía que tu exesposo era tan peligroso. —Ni yo misma sabía que él podía llegar a tanto así y yo durmiendo con el enemigo. —Sí amiga, dilo duro, yo no sé cómo a él no se le ocurrió hacerte daño mientras estabas con él. —No¿tú sabes por qué que él no se le ocurrió?, porque yo estaba ciega, yo no sabía nada de lo de su amante y además él estaba muy entretenido con Amelia, su amante. —Sí, también Es verdad. —Y cuéntame¿Cómo llegaste a mano de Ricardo.? —Muchacha, cállate que yo todavía tengo los pelos de punta, pensé que no estaría viva para contarlo.

