CAPÍTULO 4
—La última vez que vieron a Ággelo fue en tu habitación y no ha salido de aquí ¿Algo para decirme, Aria?
Levanto la vista en dirección a mi madre mientras termino de tejer una bufanda blanca muy bonita.
—Lo vi salir por la ventana. Se fue volando, creo—me encojo de hombros y continúo tejiendo con gran concentración.
Mi madre me quita el tejido y yo la miro, frustrada.
—¿Lo mandaste con el resto de las almas, Aria? ¡Aria mírame a los ojos, deja de ponerlos en blanco cada vez que te hablo! —Perséfone da un paso hacia adelante.
—Puede que lo hice —me miro las uñas, admitiéndolo. Vuelvo a mirarla con una sonrisa falsa—. Se lo merecía por ser cómplice de un abusador.
Perséfone respira hondo y se frota la frente con la yema de los dedos. Me devuelve el tejido y se sienta a los pies de la cama.
Yo estoy sentada en el borde de una de las ventanas de mi habitación que tiene vista a un inmenso y oscuro mar nocturno.
—Que conste que la bufanda es para ti —le cuento con una sonrisa mientras sigo tejiendo —. Te debo muchos días de la madre. Mínimo quiero que estés abrigada. No te me vayas a enfermar, mamita.
—¿Ahora soy tu mamita?
—Siempre fuiste mi mamita Perséfone.
—Aria me cuesta entender tus cambios repentinos de humor —trata de hondar ella con cierta insistencia —. Un día soy la peor madre del mundo y al otro me tratas como si fuese la mejor.
—Fuiste la mejor madre desde que exiliaste a Hades. Puedo decir que mi estadía en el Inframundo jamás fue tan calma como ahora —continúo tejiendo. Me detengo y la miro —: Y más sabiendo que ahora hay que estar más unidas que nunca ¿qué ocurrirá si ganamos?
Perséfone se remueve, incomoda. Toma una bocanada de aire tras meditar un momento y vuelve sus ojos en mi dirección.
—He logrado despojar a Hades de su reinado y pretendo hacer lo mismo con Zeus.
Si hubiera café en mi boca me hubiera ahogado con él y escupido.
—¿Qué? —me pongo de pie, consternada —. Dios mío, madre. Realmente deseo darle una paliza a ese dios injusto, pero ¿despojarlo? ¿Acaso crees que somos capaces de algo que cumpliría un sueño anhelado?
—La diosa Hera está de mi parte. Ella pretende sacar a Zeus como yo lo hice con Hades —me confiesa.
Hera era la madre de...del imbécil de Dante. Me llevo las manos al estómago al oír ese nombre maldito. A ese nombre que alguna vez mencioné con tanto amor y que en la actualidad no puedo pensar con un nudo en la garganta.
—¿Qué te dice que no es una trampa de Zeus y Dante? —me paseo por la habitación, nerviosa. Me detengo y la miro —¿Qué te dice que no te apuñalaran a ti también por confiar? ¿Acaso quieres que te muestre la herida de mi abdomen, mamá?¡No podemos confiar en personas despreciables como ellos!
—¡Hera está harta de Zeus! —se pone de pie, insistente —. Está cansada de sus infidelidades, de sus decisiones.
—¿Crees que una diosa se pondrá de nuestro lado cuando he asesinado a la mayoría de sus nietos? —enarco una ceja, desafiante —. Ni se te ocurra confiar en la madre de Dante, mamá.
—Es tarde.
Me quedo boquiabierta. Observo a la joven pelirroja de mi madre y que posee el cabello trenzado más perfecto que existe. Sus ojos evaden mi desconcierto ante su decisión inesperada.
Avanzo hacia ella con mis manos hechas puño.
—¡¿Qué hiciste, Perséfone?!
—¡No me levantes la voz! —se pone de pie tras gritarme y dejarme helada —¡Buscaré los aliados que me convenzan de que están de mi lado y tú no vas a persuadir mis decisiones por más que seas mi hija!
La observo angustiada. Temerosa, asiento.
La puerta de la habitación se abre y no dejamos de sostenernos la mirada con mi madre.
—Reina mía —una dama de compañía hace una reverencia. Se incorpora y mira a mi madre—. La diosa Hera ha descendido al Inframundo.
—Tú te quedas aquí, Aria —me dice ella entre dientes, tomando los bordes de su largo vestido y se encamina hacia la puerta con fuertes pasos.
Luego de un potente portazo me quedo sola con toda la preocupación golpeando mi rostro hasta que...sonrió con cierta malicia en dirección a la puerta.
¿Qué se sentirá apuñalar a la madre de Dante? La pobrecita se metió solita a la boca del lobo.