Capítulo 16

1074 Words
CAPÍTULO 16  Amenadiel da un paso al frente y camina hacia él con una impotencia contagiosa. Dante le hace frente y le sonríe, esperando que lo ataque alzando su cuchillo. Pero la velocidad de Amenadiel es más potente cuando le lanza un puñetazo que viaja directo al centro de su rostro, causando que Dante caiga de bruces al suelo.  —Están atacando a mis padres y a mis tíos en la planta baja, hay incontables dioses que quieren matarlos —llora Scarlett, aterrada.  —Enciérrate con llave en la habitación, pase lo que pase no le abras a nadie —le digo, sin sacar los ojos de Dante.  Ella hace lo que le digo y se escabulle en la habitación de invitados. Oigo que le coloca llave. Solo espero que esta mierda termino pronto para que deje de estar asustada.  Voy directo hacia ellos al verlos forcejear, pero en cuanto Darla, la hermana de Amenadiel, sube hasta el final de las escaleras no tarda en patear mi pierna. Acción seguida, caigo al suelo, pero no tardo en ponerme de pie en un salto para empujarla por las escaleras.   Darla se golpea contra los escalones al bajar hasta que finalmente queda tendida en el suelo de la planta baja. No para de quejarse y llamarme zorra.  —La cuñada del año deberían llamarte, Darla—espeto.  Dante y Amenadiel forcejean en el suelo y ahora es mi pareja la que tiene el cuchillo en la mano. Intenta a apuñalarlo, pero Dante se resiste y el golpea la entrepierna, teniendo una gran ventaja. El cuchillo termina en el piso y yo no tardo en tomarlo.  Dante se pone de pie rapidamente y en cuanto me ve otra vez, viene hacia mí, enfurecido.  —¿Me extrañaste, imbécil? —carraspeo.  —Como para no extrañar tu bonita cara todos los días, Aria —me sonríe, desafiante —¿Cómo está el bebé? ¿Ya le pusiste nombre?  —¡Hijo de puta!  Mi rostro se transforma y no tardo en agitar el cuchillo en dirección a su garganta, pero este logra esquivarme echándose hacia atrás. Su sonrisa burlona me llena de rabia.   Pero esta desaparece en cuanto Amenadiel se pone de pie y aparece detrás de él para cazarlo por los brazos y así, sujetarlo con fuerza. Dante no la ve venir. Empieza a forcejear para liberarse del agarre del hijo de Cupido.  —Mala mía darle la espalda al oponente —se ríe Dante.  Me acerco a él con el cuchillo en la mano y rozo su abdomen con la punta de este. Voy de un extremo a otro.  Voy a divertirme muchísimo.  —Será tan fácil mandarte al Hades pedazo de mierda —le gruñe Amenadiel en la oreja —. Disfrutaré ver en primera persona como Aria te acuchilla el estómago.  —¿También le contaste lo bien que disfrutaste pasar tiempo conmigo, Amenadiel? —forcejea él, luchando por soltarse.  Miro al hijo de Cupido con cierta confusión. Este no hace contacto visual conmigo. Es más, lo evade.  —¿Qué? ¿En serio? —Dante se echa a reír —¿No le contaste a Aria sobre nuestro pasado, Amenadiel?  —Aria mátalo —ordena él, autoritario y haciendo oídos sordos.  —¿Acaso crees que te maté por placer Aria? —continúa hablando Dante —. Bueno, sí, lo hice y lo disfruté porque estaba honrando a mi padre Zeus pero...más sabiendo que estaba matando a la persona que me había robado al amor de mi vida. Por algo Amenadiel me protegía tanto para que no me mataras ¿no lo recuerdas?  —¡ARIA MATALO!  —Tú sabes lo que se siente un amor no correspondido, Aria. Yo no te amé, te volviste una loca obsesiva y mírate ahora, una perra ridícula...  Levanto el cuchillo y lo atravieso en su abdomen. Los ojos de Dante, bien abiertos se clavan en los míos. Intenta decir algo, pero suena inaudible, como cuando pisas una hoja de otoño y que incluso te da placer oírla crujir.  —Solo viniste a morir porque Amenadiel no te amó, ¿verdad? —se me llenan los ojos de lágrimas —¿Por eso ahora fue tan fácil asesinarte, Dante?¿Por eso asesinaste a nuestro hijo? ¿Por eso ya no luchas sabiendo que tienes la fuerza de una tempestad?  —Tú más que nadie... sabe lo que se siente no ser...amado, Aria —logra decir con sangre saliendo de su boca —. Y no quiero vivir para verlo amarte...  Hundo el cuchillo aún más en su vientre y lo revuelvo en su interior para que padezca lo que yo sentí con cada apuñalada suya. Amenadiel aparta la vista, pálido mientras lo hago.  Los ojos de Dante se pierden hasta que finalmente estos quedan tiesos observando algún punto del enorme pasillo.  Amenadiel lo suelta y el cuerpo de este se desploma finalmente sobre la alfombra.  Mis dedos sueltan el cuchillo. La sangre de Dante se esparce por la alfombra.   La Aria de hace varios minutos se hubiera encargado de mutilarlo, pero la de ahora se encuentra en estado de shock, con salpicaduras de sangre en su camisa y mirando morir a la persona que alguna vez amó y que tanto la lastimó.  He asesinado a tantos hombres en mi vida y sin inmutarme continué viviéndola...pero esta vez fue diferente. Algo se rompió en mí.  Caigo de rodillas al suelo y rompo en llanto. La adrenalina desaparece, se esfuma, para dar paso al duelo de la persona que no se merece nada en absoluto.  —Aria... —la voz baja de Amandiel me recuerda que él está aquí.  Elevo la mirada fulminante hacia él.  Me pongo de pie como puedo, él pretende ayudarme tendiéndome una mano, pero lo ignoro. Tomo el cuchillo y lo limpio con la punta de la camisa.  —Después de todo no querías mandarme al Inframundo por robarme tu vino cuando nos conocimos —le digo, fría—. Me querías mandar al infierno porque estabas enamorado de Dante y no querías que lo asesinara ¿no es así? Ese fue el maldito plan desde un principio.  Lo miro y este se encuentra perplejo, mudo. Es todo lo que necesito como respuesta.   Paso por su lado, golpeando su brazo con el mío.   Bajo por las escaleras para asesinar a cualquier dios que se atreva a herir a mi familia mientras lloro en silencio. 
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