Éramos quince chicas, entre 15 y 17 años, yo era la única que aún no cumplía los 16 años, me faltaban unos meses más.
Todas recibimos a nuestro propio equipo de Maquillista, ya se sabe algunas personas se dejan llevar con casi nada, todas olvidaron por momentos nuestro verdadero infierno.
Realmente olvidaron del por qué estaban aquí hoy, parecía haber sido puesto en segundo plano el desfortunio que vivieron.
Ya todas sonreían, se sentían divas o estrellas de un show popular.
En cambio yo, parecía ser la única que no podía olvidar mi naturaleza, de dónde procedía y por qué estaba aquí y con que propósito.
Abrí una de las tantas cajas que me fueron enviadas, al ver el diseño del vestido dentro de la caja, solo me congelé en el tiempo.
Me trasladé a ese momento, pensé en mi familia, en ese fatídico dia crucial en que cambió mi vida.
Mi Padre preocupado por mi, por mi Madre y hermano, menos por él.
Él era mi ángel, mi amigo, mi protector, lo había perdido, había perdido a mi familia.
¿Pero que era esto ahora? ¿Era una burla acaso?
Agasajarnos con regalos ostentosos y vestidos caros, ¿para qué?
¿Era esta la paga de todo el daño que me hicieron? Pero me vengaría de todos ellos, el tiempo me daría la satisfacción de cobrar a cada deudor.
Tomé el vestido, traía bordados de piedras preciosas y diamantes negr'os o carbonizados. Incrustaciones de éstos diamantes en todo el vestido, parecía ser hecho a mano y con mucha delicadeza, pero eso no quitaba el pasado trágico.
Al usar el vestido, me quedaba a talla exacta, le puse juego con una gargantilla caída en su centro en forma de hilo con una piedra incrustada como colgante, muy fino y discreto.
Traía unas medias, arriba entre las piernas en el borde del panti, me encrusté un puñal de unos cinco centímetros, delgado y desapercibido se coló entre mis piernas, no se notaba tampoco me incomodaba.
Tomé mi cabellera y lo trencé para luego darle un moño elegante y satisfecha me agregué entre ellas dos navajas filudas, me habían estado enseñando a ser agresivo, me enseñaban a estar listo para atacar y sobrevivir, ¿,Como debía comportarme? Era lo menos que podía hacer.
Mi vestido de color negr'o y los tacones de diez centímetros me hicieron verme más alta de lo que ya era, medía uno punto setenta y cuatro.
Finalmente agregué un reloj de pulsera a mi muñeca, el reloj no era el más caro, pero si el mas adaptable al clima y ambiente, pues traía integrado brújula y funcionaba con red.
Al bajar para esperar el coche, éste era una limosina, no cabía duda que con casi nada quería impresionarnos, y lo estaban logrando, pero no conmigo.
Me mantuve estoica y callada mientras todas reían y hablaban entre sí. Pues para mí juicio, ¿Que iba a pasar ahora? ¿cuál sería la razón de que "ellos" nos hayan traído aquí raptados, ¿para que? Era mi problema a solucionar.
La limosina recorrió una media hora, calculé, mientras el resto de las chicas consumían el vino que había a disposición en el auto, yo me mantuve sin reaccionar a todo ello.
Cuando el auto aparcó frente a un Gran Hotel de siete estrellas, pensé..."¿a qué juego entramos?"
Pronto nos dirigieron al interior unos mozos casi sin camisa, estaban bien vestidos, pero sin camisa, mostraban sus cuerpos trabajados, las chicas se volvían locas, gritaban de placer y entusiasmo, solo estuve ahí, pero no fui partícipe.
Al estar adentro había una enorme mesa redonda, había exquisita comida y más vino para beber y seguir embriagando nos.
Hasta ahí parecía que todo estaba a pedir de boca. Sin embargo conforme pasó el tiempo, mientras algunas ya rayaban la embriaguez, entraron varios hombres de color, ellos eran robustos, fortachones, altos, eran inmensos.
Estando sobria, claramente me di cuenta desde el primer segundo de sus llegadas de que ellos estaban ahí para hacernos algún daño.
Ellos eran en número 11, faltaría para una, pues cada uno se acercó a una de nosotras y sin prejuicio alguno rompió los vestidos hechos con especialidad, ¿cuál era la razón de entregarnos ropa así de alta costura si iban a romperlos sin asco.
Cada hombre había tomado a una de las chicas, quienes tomaron a mis compañeras sin reservas tomaron el mantel de aquella enorme mesa redonda y vaciaron los cubiertos para luego acostar ahí a cada una de ellas, lo siguiente que pasara fue de otro mundo para mí, se bajaron los pantalones ahí mismo y sacaron algo crecido de adentro de sus pantalones y se las introdujeron de golpe, solo alcancé a oír sus gritos y gemidos, pero ellas no podían defenderse, pues algún somnifero presente en la bebida o comida los estaban dejando inconcientes.
Tan solo yo era la que faltaba y estaba a la vez tan sobria que sentí todavía mas en carne viva todo lo que pasaba, pero entonces vi entrar a este hombre, al amante de Cameron, misma que me llamara Zoe Doliette, me trataba como a su hermana.
Cámeron Moore siempre vivió estos años empecinada al amor de Arthur Graham.
Sin embargo ella cayó en su propia red de mentiras, este hombre sin alma no amaría a nadie que no fuera a él mismo.
Arthur Graham oscilaba unos 29 años hacia ya siete u ocho años atrás, hoy era un hombre maduro de unos 36 a 37 años de edad, aún no aprendía las lecciones de vida, lo vi caminar directo a mi, lo miré mostrando mis ojos agudizados sin despegar la mirada de él.
Si él hubiese podido leer mis pensamientos, que rato se largaba, gracias al cielo que él no tenía esa facultad, pues la historia sería diferente, era el culpable de haber asesinado a mi familia, y aún no había pagado por sus crímenes, pero ahora el pensaba en tomar mi virginidad, era un buen momento de cobrarle absolutamente todo lo que me debía. "A mi familia"
—Pequeña Zuly Doliette... tu hermana ya sabe de esto, no tengas miedo al dolor mi niña, ¿de acuerdo? —dijo mostrando los dientes, tenía una hilera de dientes blancos y perfectos, pero de carácter era todo un fiasco.
Retrocedí ligeramente. Él se emocionó todavía más. Me dijo:
—No me tengas miedo, te lo haré sentir rico y sobre todo haré que lo disfrutes.
—¿Abusarás de mi? —le cuestioné sin filtros, él me sonrió y dijo:
—Le compré tu primer vez al Jefe superior. —rápido procesé esa información, ¿habían más a quienes debía cobrar entonces?
Me puse en posición de saltar encima, siempre estaba en modo defensivo, ofensivo.
—¿Quién es ese Jefe superior? ¿Y por qué cree que puede vender mi cuerpo? —reclamé casi a punto de explotar, él saltó sobre mi y me atrapó de ámbos hombros.
Había recibido unas clases previas acerca de los hombres, yo diría que eran hasta precisos estas clases, en donde se debía tomar en cuenta qué, ...un hombre era casi como un animal, lo engatusabas fácilmente al hacerle creer que ellos tenían el control y ya, ellos por lograr tener el chaca, chaca contigo, dejarían caer todas las defensas.
Arthur Graham se rió, no era de burla, sino de lascivia, empezó a acariciar mi piel, mis brazos descubiertos, casi se le caía la quijada al suelo.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunté.
—Claro, preciosa, eres lo mejor que voy a coger.
—En tus sueños —susurré.
—¿Qué? —preguntó algo confundido.
—Llévame a una habitación con cama —dije, me irguió sobre él con facilidad me cargó y caminó hacia una de las habitaciones, para cuando él entró y cerró la puerta, yo ya le había enterrado el puñal encima de su cabeza.
—Mi primera venganza tomada —dije, mientras él se asfixiaba con su propia sangre.
Afuera, el supuesto Jefe superior chasqueó la lengua, dió la vuelta y dijo —cuando hayan acabado de disfrutar sus cuerpos, traedlas ante mi.
Por alguna razón se había puesto de muy mal humor viendo el espectáculo, se decía que era un hombre de costumbres muy raras.