012

745 Words
Días después… Alejandro continúa insistiendo en que Abril viaje con él a la empresa. Sin embargo, ella se sigue negando a aceptarlo, ya que se ha prometido a sí misma que no volverá a caer en los juegos que él siempre prepara. Sabe que al final quien va a salir perjudicada será ella. Gabriela regresó nuevamente de su gira en el extranjero y lo primero que hizo fue visitar a su prometido en la oficina. A él no le agradó la sorpresa, ya le ha pedido que no se presente de repente, pero ella no hace caso… ella teme encontrarlo haciendo algo indebido. —¿Dónde está la oficina de tu miserable asistente?—preguntó, sentándose con la pierna cruzada en la silla de presidencia cuando no le correspondía. —Mi asistente tiene un nombre; llámala por Abril— aclaró Alejandro. —¿Tanta confianza le tienes para no referirte a ella como: señorita Abril, o directamente por su apellido?— reclamó. —Gabriela, tú sabes que este compromiso no es porque yo lo quiera, así que, te pido que me respetes a mí y a mis cercanos colaboradores. —Le reprendió. —Yo soy el jefe en esta empresa, por lo tanto, puedo tratar de la manera que yo quiera a mis subordinados y tú no tienes derecho a interferir. —¡Muy pronto nos vamos a casar, Alejandro! ¡Lo quieras o no, lo haremos! Seré parte de esta empresa y mi opinión también contará. —Eso está por verse. Si tú no respetas mi espacio personal, estoy dispuesto a romper con este compromiso arreglado por nuestras familias. Ahora, si me disculpas, tengo que trabajar y sacar adelante esta empresa, así que, vete por donde viniste. —¡Esta humillación no se va a quedar así, futuro esposo! —Solo espero que no te atrevas a sobrepasar los límites. Tú no me conoces, Gabriela, te lo advierto. En medio de aquella discusión, la puerta se abrió. Abril entró como un terremoto gritando el nombre de Alejandro. —¿Qué sucede?—preguntó él, de inmediato. Abril guardó silencio cuando se dio cuenta de que él no estaba solo. Ella se sorprendió, ya que ni supo en qué momento fue que Gabriela entró. —Ya veo que entre ustedes dos se tienen mucha confianza—. —Querido, deberías de poner en su lugar a esta ramera o, de lo contrario, lo haré yo. Y tú, desde que comenzaste a trabajar para esta empresa, debiste conocer tu lugar, no eres más que una simple asistente que debe de respetar a su jefe y no llamarlo por su nombre. —Lo entiendo, señorita. Disculpe si le he causado molestias—. —¿Qué me querías decir, Abril?—interrumpió Alejandro. —Eh, creo que mejor regreso en otro momento. Abril volvió a su oficina. Era muy importante lo que tenía que informar, pero prefirió abstenerse de entrar en discusión con Gabriela. Y es que, su madrina le ha llamado para decirle que tendrá que viajar de emergencia al campo, ya que su hijo ha tenido un accidente y quiere cuidar de él durante un mes. —La patrona me ha dicho que si me voy perderé el trabajo y no podrán contratarme de nuevo. Es por eso que necesito de tu ayuda para que busques a una persona honorable que me reemplace por mientras yo regreso— le adelantó la señora. Abril no lo pensó dos veces. Su madrina ha sido muy buena con ella y decidió devolverle el gran favor que le hizo al traerla a la ciudad. —Alejandro, quiero renunciar—. Dijo en un mensaje de texto. Esperó por varios minutos una respuesta, pero no la hubo. Hasta qué… —¿Por qué te empeñas en renunciar a ser mi asistente? Dudo que en otro lugar recibas un sueldo como este—. Expresó Alejandro. Entrando en la oficina, sentándose en el escritorio con las piernas abiertas y acorralándola con todo y su silla. —No me hagas esto, tu futura esposa entrará y nos verá en esta posición comprometedora. —Estás celosa de ella, ¿es por eso que vas a renunciar? —No seas idiota. Tú no me gustas, no eres mi tipo. Abril se levantó y logró salir empujando la silla hacia atrás. Estar cerca de él le hacía faltar la respiración, pero no se lo dejaría saber... no cuando el orgullo entre los dos era inmenso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD