Abril le confesó el problema que estaba sucediendo en la familia. Alejandro le comentó que sus padres habían llamado esta mañana y han dicho que esta noche estarán de regreso en casa.
—Lo sé. Por eso me preocupa que mi madrina pierda su trabajo—. —Acepta mi renuncia, por favor—. Suplicó.
—Haremos algo. Mi padre no sabe que tú trabajas como mi asistente. Te daré un permiso especial por el tiempo que tu madrina esté ausente, luego ambas se reintegrarán cada una a sus deberes.
—¿Lo harás, de verdad?— consultó sin poder creer que al hombre de piedra se le ha ablandado el corazón.
—Tu madrina lleva varios años trabajando para mi familia, no es bueno que no se le reconozca su labor.
—Está bien, acepto no renunciar y salir con el debido permiso. Solo te pido que delante de tus padres finjas odiarme. Haz como que nunca hemos hablado en privado, aceptaré que te burles de mí frente a ellos.
—¿Eres estúpida? ¿Cómo se te ocurre pedirme que finja odiarte?
—¿Quieres que me despidan?
—No.
—Entonces, ¿harás todo lo que te he mencionado?
—Está bien. Pero, a todo esto, ¿qué recibiré a cambio? —consultó, humedeciendo los labios con su lengua.
—¡Qué! Pensé que lo hacías de buena voluntad.
—Es broma, pequeña. Llama a tu madrina y cuéntale la noticia, eso sí, recuerda no mencionar que trabajamos juntos. No me gustaría que ella se moleste y te lleve de mi lado.
—Está bien, agradezco tus buenas acciones y…
Justo entonces el teléfono de la oficina sonó. Abril, siendo aún su asistente, atendió.
—¡Buenas tardes! ¿Podrías decirle al señor Alejandro que atienda mis llamadas, por favor?
—Enseguida se lo hago saber, señorita.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Quién es?— preguntó al finalizar la llamada.
—Tu amante. Pide que atiendas sus llamadas.
—¿Amante?— frunció el ceño.
—Supongo que al no ser tu prometida, debe ser una amante—. Finalizó, tratando de restarle importancia al tema.
Alejandro había dejado el móvil en su oficina, sin saber que su amiga había estado llamando con insistencia, y al no obtener respuesta se molestó. Ella siempre ha estado enamorada de ese hombre desde que fueron compañeros de estudio. Han pasado muchos años y aún siguen siendo buenos amigos, o bueno, en ese caso solo Alejandro cuenta como amigo porque lo de ella es una obsesión… una loca y enferma obsesión hacia él.
Finalmente, él se preocupó al encontrar casi una veintena de llamadas perdidas de la chica. Así que, casi de inmediato, se comunicó con ella.
—¿Por qué no atiendes mis llamadas?— fue lo primero que ella expresó.
—Estaba ocupado. ¿Qué sucede?— Quiso saber, sin siquiera cuestionar la manera en que ella le ha reclamado por algo que no es de su incumbencia.
—¿Vendrás a la fiesta de esta noche?
—Créeme que no lo recordaba.
—¡Alejandro, es mi cumpleaños! ¿Cómo te puedes olvidar de él?—.
—Está bien, pido disculpas. Claro que sí, estaré con todos los amigos.
—¿Vendrás solo?
—Probablemente lo haga acompañado.
—¿Gabriela está en el país?
—Sí. Pero no será ella quien me acompañará.
Alejandro pensó en decirle a Abril que lo acompañara. Sin embargo, en ese momento su mente le recordó aquella noche cuando con facilidad se la entregó a su amigo para que pasaran un rato divertido. Así que, decidió no mencionarle nada.
A la hora de la fiesta, la cumpleañera no estaba muy contenta, ya que, no le parecía bien la idea de que su amor platónico llegara con otra mujer. Y es que, desde que conoció a Abril no le cayó en buena onda y presintió que sería una piedra en el zapato para su camino de conquistar el corazón de Alejandro, así que, fue ella misma quien los mandó a secuestrar en aquella ocasión y que, finalmente se armó un desastre y no salió como lo había planeado.
Ella estaba triste, pero todo cambió cuando Alejandro se acercó a felicitarla y le comentó que había venido solo, para que nadie le sirviera como estorbo y pudiera disfrutar la noche con el grupo de amigos. Su amiga Karina se sintió muy feliz, esta noche lo tendría para ella solita, haría que se olvidara del resto de amigos y tan solo se concentrara en ella.
Sin embargo, ninguno de los dos contaba con la presencia de un nuevo invitado… y que este… sería el encargado de arruinarles la fiesta al llenarlos de celos.