Abril fue invitada por aquel amigo de Alejandro, sí, el mismo que se la llevó aquella noche y que, luego, le hizo saber a todos que habían pasado un momento muy bonito a solas.
Ahora que va entrando a aquella fiesta, sabe que ha tomado la mejor decisión al acompañar a ese chico. Y es que, Alejandro ya se percató de su presencia y la observa con sus ojos llenos de fuego y celos.
—Prometiste que no te separarías de mí, por favor, no te atrevas a dejarme sola—. Le recordó al chico.
—No lo haré—. Dijo él, con una sonrisa que puso más enojado a Alejandro al ver que la nueva pareja se está divirtiendo.
—¿Quién te permitió venir a mi fiesta?— Reclamó Karina, cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos.
—Yo le pedí que me acompañara. Deja el drama o ella se irá, pero también lo haré yo—.
Alejandro tomó una copa y de un sorbo desapareció todo el líquido en su boca. Continuó observando la escena sin intervenir.
—Lamento ser mal educada, no sabía quién eras, pero ahora recordé que eres la chica callejera que Alejandro recogió en aquella ocasión—, se disculpó, pero de una manera sarcástica. —Oye, amigo, no nos habías comentado que te enamoraste de ella, tuvieron sexo en el primer momento en que se conocieron y ahora ya están saliendo—. Agregó.
—Así es—. Respondió Alberto. Sin darle tiempo a que continuara criticando, se acercó al grupo de amigos y saludó con énfasis a Alejandro. Incluso hizo que Abril se sentara entre medio de los dos.
—¿Qué haces aquí?— Reclamó Alejandro en un susurro y cuidando de que nadie los observara.
—Lo mismo que tú, me divierto.
—¡Abril!
Justo en ese momento alguien propuso que jugaran el famoso juego de verdad o reto. Abril no sabía de qué se trataba, así que se negó a participar; sin embargo, todos dijeron que si se había integrado a ese círculo era obligación participar. Colocaron una botella sobre la mesa y uno la hizo dar vueltas en el mismo sitio. Para mayor desgracia, la boca de la botella apuntó directamente a Alejandro.
—¿Verdad o reto?— Le preguntaron.
Sabiendo cómo han sido sus amigos en juegos anteriores, decidió arriesgarse e irse por el reto.
—Si la suerte cae sobre una de las chicas, pasarán al centro de la pista y con las luces apagadas se besarán durante treinta segundos.
Alejandro sonrió. Eso no es impedimento para él, pues, siendo un mujeriego, no le importa besar cualquier boca y mucho menos si se trata de una amiga a la que sabe que no pasará a más siendo de su entera confianza.
—¿Y si sucede lo contrario?
—Ahí está el reto: harás lo mismo.
—¡Qué! ¡Ah, maldita sea, mejor no hubiese participado!— Se quejó.
—El juego comienza en 3…2…1 ¡ahora!
Aquella botella comenzó a dar vueltas y dejó de hacerlo frente a Abril.
—Será mejor que se repita la ronda—. Dijo de inmediato, Karina. Mientras que Abril se quedó en silencio, y al igual que Alejandro, también maldecía haberse involucrado en ese estúpido juego.
—De ninguna manera. Es un reto y se tiene que cumplir. Exigió el resto. Alentando a la chica para que se levantara y acompañara a Alejandro.
—Las luces se apagan en 5...4.… 3… 2… 1 anunciaron.
—En diez minutos nos vemos en el auto. ¡Pobre de ti si no llegas!—. Le advirtió, hablándole tan suave al oído que hizo que ella se estremeciera.
Las luces se encendieron. Los dos estaban a una distancia considerable del otro y eso hizo molestar a los chicos.
—¿Qué pasó? ¿Acaso no cumpliste con el reto?— Le reclamaron sus amigos.
—Tengo una prometida a la que debo de respetar, no me obliguen a considerarlos culpables si mi relación llega a su final—. Les advirtió con una sonrisa. Todos se sintieron defraudados, solo Karina se convirtió en la amiga más feliz del mundo en ese momento porque su amor platónico no había besado a quien considera su rival.