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991 Words
Como amigo de la familia, Alejandro y sus padres también fueron invitados al aniversario de bodas. En el momento justo en que mencionaron la palabra novios, la madre de Alejandro iba pasando y se detuvo al reconocer la voz de su sirvienta. Ella se volteó para comprobarlo y justo se estaban abrazando. —¿Novios? ¿Acaso ustedes dos están saliendo?— preguntó, casi con una sonrisa en los labios, pues, eso significa que la chica no está detrás del idiota de su hijo. Alberto contempló extrañado a Abril, y, se preguntó en su mente: ¿cómo es que la señora Matilde conoce a Abril? —Chicos, os he sorprendido tanto que hasta se han quedado sin hablar—. Bromeó. —Eh… sí… ella y yo estamos en una relación—. Confirmó, tomándola de la mano. —Felicidades para los dos. Por cierto, Abril, ¿tu madrina sabe que estás aquí? —Sí, señora, ella lo sabe—. Mintió. Rogando para que Matilde se retirara. —¿Se conocen?— Preguntó Alberto. —Solo de pasada, mi madrina y ella sí se conocen—. —Oye, qué guapo te ves con ese traje—. Dijo, para cambiar el tema de conversación, pero no imaginó que caería en otro tema incómodo. —¿Será que ya te estás enamorando de mí?— la provocó en voz baja y divertida. Ella le dio un golpe en el hombro. Ambos sonrieron, luego se fueron a buscar a la pareja agasajada para felicitarlos. Se suponía que esa noche Abril se quedaría a dormir en un hotel, ya que, no podía llegar a casa en un taxi porque estaba en otra ciudad y, viajar con Alberto y quedarse con él en su casa no era buena opción. Ella estaba muy contenta porque no había visto a Alejandro. Imaginó que no había asistido, se sentía libre y feliz de no estar viéndole la cara en cada momento. Y es que cada día ella trata de alejarse de él. Ha cometido el error una vez de tener relaciones sexuales, pero fue cuando aún no sabía de la existencia de Gabriela. —¿Dónde está el baño?— quiso saber cuándo ya estaban a punto de marcharse. Habían quedado en que él también se quedaría en el mismo hotel porque no quería que ella regresara sola al día siguiente. —Conmigo llegaste y conmigo te regresarás—. Le dijo cuando ella lo mencionó. Ella caminó por el pasillo hasta llegar a la puerta que Alberto le indicó. Antes de que cerrara la puerta, fue empujada y detrás se escuchó que alguien cerró y a la vez puso llave. —¡Qué haces!— habló asustada. Quiso gritar, pero una mano grande le cubrió la boca. Ella la mordió. —¡Ah, pequeña, tus dientes son muy filosos!— se quejó de dolor. —¿Alejandro? —Shh, no emitas sonido o nos descubrirán. —¿Qué te sucede? Estás invadiendo mi privacidad. —Los celos están invadiendo mi corazón, eso es peor—. Susurró, cada palabra hablada provocaba cosquillas en el cuello de la chica, su piel se había erizado y tembló cuando él sopló con suavidad. —Alejandro, compórtate. Estamos en la casa de la familia de tu amigo y… —¿Entonces deberíamos irnos a otro lugar más privado, en donde solo estemos tú y yo? Tomándola por la espalda, él le acaricia el brazo, recorre con delicadeza desde los dedos hasta llegar al cuello. Suspira… le hace saber cuánto ama inundar sus fosas nasales con su aroma… ella se estremece cuando él baja la mano y recorre la pierna desnuda que se asoma por la abertura del vestido. Ella tira su cabeza hacia atrás, dejando expuesto el cuello… Alejandro no desaprovecha la oportunidad y lo llena de besos… ella gime… de inmediato se olvidan de todo. En ese momento no existe un novio para ella ni una prometida para él. La hizo levantar un pie y le ayudó a colocarlo en el borde de la bañera. El vestido con falda ancha se terminó de abrir, dejando el acceso libre a que él metiera la mano y jugara con sus bragas hasta arrancarlas de un solo tirón. —¡Ah! Al mismo tiempo, un pequeño grito brotó de Abril. Estaba muy húmeda su parte íntima y sentir los dedos de Alejandro la hicieron enloquecer. Con movimientos circulares le frotó el clítoris. De a poco fue introduciendo los dedos hasta que tuvo tres adentro de ella, moviéndolos como todo un experto y buscando su punto débil. Volvió a repetir cada uno de los movimientos anteriores hasta que la chica no pudo más y su cuerpo empezó a temblar y a llenar sus dedos del néctar más delicioso que jamás haya probado. En todo momento él la sostuvo para que no cayera. Los espasmos aún hacían efecto y ella trataba de controlar la respiración. —¡Eres tan jodidamente deliciosa!—. Exclamó, sacando la mano del interior de ella y llevando los dedos a la boca, escurriendo un líquido brillante y los saboreó cada uno. Abril estaba satisfecha y contenta, así que, decidió que él también merecía un premio por su buen trabajo. Se recompuso de sus temblores y se arrodilló frente al pene de él, abrió la cremallera de aquel pantalón de tela fina. El bulto que él tenía era bastante grande, le hizo recordar aquella primera vez que hicieron el amor y que se sorprendió por su tamaño. Lo acarició por encima del bóxer. Alejandro disfrutaba las travesuras de su pequeña sirvienta, ansioso porque ella lo introdujera en la boca y le diera cariño. Toda lujuria y deseo prohibido se esfumaron cuando Alberto habló afuera de la habitación. Había pasado algún tiempo y le preocupaba que Abril hubiera sufrido un accidente. "¿Un accidente?" Ja, ja, accidente fue lo que le pasó a sus bragas que se desbarataron.
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