019

841 Words
Así pasó el resto del día. Para Abril fue algo muy normal, pero para Alejandro fue una pesadilla. No podía soportar el hecho de que su chica estuviera recibiendo halagos por parte de otro hombre. Pero, ¿qué podía hacer? Él ya estaba comprometido desde antes de conocerla y romper ese compromiso arreglado sería todo un protocolo. —¿Te gustaron las flores que te envié?— preguntó Alberto mediante mensaje de texto. —Te juro que no he recibido nada—. Contestó Abril. —Se las entregaron a Alejandro en tu ausencia. “Ah, ese idiota tiró mis flores a la basura.” Dijo en su mente. Ella le fue a reclamar por ser tan malvado al no entregar lo que no le pertenece. —Si tanto te gustan las flores, puedo comprarte miles y miles de ellas y de cuantas más desees. No es necesario que un idiota te las esté obsequiando y mucho peor enviándolas a mi oficina. —protestó Alejandro. —Ese que tú llamas idiota es mi novio— mintió —Además, es tu amigo y merece respeto… ambos merecemos respeto. —Abril… no sigas. Me harás enojar y no respondo por lo que pueda pasar. —¿Qué? ¿Me vas a golpear? ¡Adelante, hazlo, cobarde! —Maldita sea… dije que no respondería por lo que hiciera. La tomó del cuello y la acercó a su boca para de inmediato besarla. —¿Por qué lo prefieres a él y no a mí?— Susurró con nostalgia, manteniendo su frente pegada a la de ella. Para Abril eso sonó muy absurdo. Anteriormente, él le dijo que amaba a Gabriela y que le daría su lugar como futura esposa. —Lo prefiero a él porque es más hombre que tú. Eso causó un gran dolor en el pecho de Alejandro. Casi de inmediato su fuerza disminuyó y le permitió a ella salir de sus brazos. —Esta será la última vez que te ruego por una oportunidad, Abril. De ahora en adelante me convertiré en tu pesadilla—. Juró en silencio y con la mano en el corazón. Abril llamó a Alberto y le dijo que acepta hacerse pasar como su novia en su visita que hará a la casa de sus padres. Anteriormente, él se lo había propuesto, pero ella le dijo que lo pensaría y luego daría su respuesta final. También ella ya le dijo a su madrina que ahorrará dinero para comprar una casa o alquilar un pequeño departamento cerca de la empresa, ya que, no quiere estar invadiendo la privacidad de la familia Alvarado, principalmente estar cerca de Alejandro. Finalmente, el aniversario de bodas de los padres de Alberto llegó. Abril vistió un vestido largo, suelto y con un corte que le cubría toda la pierna. Claro que ella no le comentó a su madrina que iba a una fiesta, ella le dijo que una compañera de trabajo estaba de cumpleaños y lo celebrarían con tranquilidad al salir del trabajo y que volvería hasta el día siguiente. —¿Cuándo podré conocer tu casa?— Preguntó Alberto. —Eh… en cualquier momento lo harás, por ahora, olvídate de eso—. Respondió, nerviosa, ya que nadie sabe que vive en la mansión de Alejandro. Alberto no quiso seguir cuestionando ese tema. Pensó que tal vez ella vivía en una casa muy humilde y que le daba vergüenza que él la viera y se burlara. Cosa que él jamás haría si fuera cierto. —¿Hace cuánto no visitas a tus padres? —Dos años, exactamente. Es por eso que me esperan con emoción. —¿Por qué insisten en que lleves una novia? Es un tema muy largo y sensible, pero te daré un adelanto. Cuando estuve en el primer año de la universidad tuve una novia, la presenté con mis padres, pero ellos no la aceptaron. Me enojé demasiado y… sucedieron cosas… la chica me dejó por alguien más, mis padres tuvieron la razón y… desde entonces me avergüenzo de venir a dar la cara. —¿Qué pensarán ahora? ¿Qué pasa si les caigo bien y al final se enteran de que solo estamos fingiendo? —Déjalo en mis manos. Por cierto, ¿te gustaría ser mi novia realmente? —¡Qué! —Ja, ja, ja, estoy bromeando. —Comprendo. Ella sonrió. —Ya, hablando en serio, me gustas. —¡Qué! —Sí. ¿Qué dices si lo intentamos? Tú no tienes novio y yo tampoco, ambos estamos disponibles. —Intentémoslo. —¿De verdad? —No lo dudes. Trataré de corresponder a lo que sientes por mí. —Entonces, desde ahora, somos novios oficialmente. Ellos se abrazaron, él le dio un beso en la mejilla. En realidad, ella le parece muy atractiva y no estará nada mal darse una oportunidad en el amor. —¿Novios?— Dijo de repente una voz detrás de ellos. No sabían que alguien los estaba espiando, no sabían que tomar esa decisión implicaría tener que dar muchas explicaciones.
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