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1087 Words
Amaya abrió los ojos, parpadeando confundida. ¿Todo eso había sido un sueño? El destello de la luz del sol filtrándose por las cortinas la deslumbró brevemente. Se incorporó lentamente, sintiendo una mezcla de desconcierto y familiaridad. Frente a ella, la figura de Adam, con gesto preocupado, la observaba atentamente. "Emma, estás despierta", dijo Adam con un tono mezclado de alivio y preocupación. El nombre resonó extraño en la mente de Amaya. Emma. Una especie de eco distante resonaba dentro de ella, contradiciendo lo que todos parecían creer. Su corazón latía con fuerza, su confusión aumentaba. "¿Emma?" murmuró, su voz temblorosa. "Pero... yo... me llamo Amaya, ¿verdad?" Adam frunció el ceño, una sombra de incredulidad cruzó su rostro. "¿Amaya? No, no puedes ser Amaya. Eres Emma, mi prometida. ¿Qué te hace pensar eso?" El desconcierto de Amaya crecía con cada palabra que salía de la boca de Adam. Recuerdos fragmentados chocaban en su mente, contradiciendo la narrativa que le presentaban. La sensación de que algo no encajaba se volvía abrumadora. "Eso es imposible. Siento que... que mi nombre es Amaya. No sé cómo explicarlo, pero es como si algo dentro de mí lo supiera", susurró, luchando contra la creciente angustia. Adam la miró con mezcla de emoción y preocupación. La incertidumbre se dibujaba en sus ojos. "Amaya... ¿cómo puedes estar tan segura? Te he estado buscando, perdí la pista de Emma y te encontré aquí. Todos te reconocen como ella". El corazón de Amaya latía con fuerza, una sensación de desconexión la invadía. ¿Cómo podía reconciliar la certeza que sentía con la realidad que todos le presentaban? Así comenzaba este capítulo en el que la identidad de Amaya se tambalea entre la narrativa que se le presenta y la verdad que parece bullir en su interior. Los primeros pasos de una trama llena de misterio, revelaciones y la búsqueda de la identidad verdadera de Amaya se perfilaban en el horizonte. La mansión parecía envuelta en un silencio tenso mientras Amaya se sumergía en sus propios pensamientos. La confusión la acosaba, cada recuerdo parecía un rompecabezas incompleto, una pieza crucial que se negaba a encajar. Se sentó en el borde de la cama, tratando de ordenar sus pensamientos. La imagen de Adam sosteniendo firmemente la convicción de que ella era Emma chocaba con la certeza interna de ser Amaya. ¿Cómo podría reconciliar esas dos realidades divergentes? Decidió buscar respuestas en los rincones de la mansión. Mientras caminaba por los pasillos, imágenes borrosas destellaban en su mente: risas compartidas con Camila, largas conversaciones con Lucas, gestos amables de Sarah y momentos de complicidad con Alejandro. ¿Eran recuerdos reales o construcciones de su mente? Finalmente, llegó a la biblioteca, un lugar que parecía llamarla en silencio. Entre los estantes repletos de libros, Amaya se detuvo frente a un viejo álbum de fotos. Con manos temblorosas, abrió las páginas amarillentas. Fotografías de un grupo sonriente saltaron a su vista. En una foto, un grupo de amigos rodeaba a una joven que era indudablemente ella, pero la etiqueta bajo la imagen decía "Emma". Otro retrato mostraba a la misma joven, pero en esta ocasión alguien había escrito "Amaya" en el margen. El corazón de Amaya latía con fuerza, una mezcla de emoción y desconcierto se apoderaba de ella. ¿Por qué existían dos identidades para una sola persona en esas fotografías? Un ruido la sacó de su ensimismamiento. Era Camila, quien la observaba con gesto preocupado desde la puerta. "Amaya, ¿estás bien?", preguntó Camila, acercándose con cautela. Amaya asintió, sin apartar la mirada de las fotos. "Camila, ¿puedes contarme sobre Emma? Adam está convencido de que soy ella, pero algo en mí... algo me dice que soy Amaya". Camila suspiró, una sombra de tristeza cruzó su rostro. "Emma y Amaya son dos partes de la misma persona, pero por razones que aún desconocemos, las cosas se complicaron. Emma desapareció y Amaya emergió en su lugar, como una especie de protección". Las palabras de Camila resonaron en los pensamientos de Amaya, pero la confusión persistía. ¿Cómo podía reconciliar esas identidades entrelazadas en una sola persona? Así continuaba la intrincada trama, con la revelación de que Emma y Amaya eran, de alguna manera, una y la misma persona, pero con una desconcertante fragmentación de identidad que desafiaba toda lógica conocida. Los misterios se multiplicaban, y la búsqueda de respuestas se volvía más imperativa para Amaya. ¡Amaya quedó re en shock con esa revelación! ¿Cómo podía ser que tuviera dos identidades, Emma y Amaya, en su mismo cuerpo? ¡Un verdadero quilombo! Decidió recorrer la mansión de arriba abajo buscando pistas que le dieran una pista de qué estaba pasando. Cada lugar parecía tener algo de su vida, pero los recuerdos eran re esquivos. En la habitación de Emma, que ahora era suya, encontró un diario que era puro de Emma. Cada página tenía historias de amor, sueños compartidos y miedos. Pero una entrada re particular llamó su atención: "Amaya... mi refugio en este quilombo, mi amiga callada. ¿Por qué te escondes en mí? ¿Por qué siento que estás tan lejos y a la vez tan cerca?" La mina estaba re shockeada. ¿Cómo podía haber una pelea entre dos partes de ella misma? De repente, Lucas toca la puerta y entra con cara de re saber algo. "Amaya, se ve que estás re perdida. Hay algo que tenés que saber", larga Lucas. Amaya lo mira, queriendo respuestas que no le caen. "Emma y Amaya son la misma persona, pero algo pasó que te separó en dos", sigue Lucas re en serio. "No sabemos qué onda, pero estás acá, tratando de juntar dos partes de vos misma." Las palabras de Lucas repercutieron en Amaya. La verdad, aunque borrosa, empezaba a tener forma. Dos identidades, dos vidas enredadas en su cabeza. "¿Cómo hago para recuperar lo que perdí?" pregunta Amaya, re nerviosa. Lucas le agarra la mano con firmeza. "Juntos vamos a encontrar respuestas. En tus recuerdos perdidos está la clave para unir las piezas." Amaya se puso re decidida. Quería saber la posta y no iba a parar hasta resolver los misterios del pasado que la tenían en este quilombo. Así seguía la historia, con Amaya enfrentándose a la realidad de tener dos identidades. La búsqueda de la verdad se volvía una aventura para encontrar los secretos más oscuros de su memoria y reunir dos partes de sí misma en una. ¡Qué historia, por Dios!
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