10

1173 Words
Pronto llegamos a un bonito parque, bajamos y, para mi sorpresa, él tenía un bolso de picnic y una manta. "¡Wow! Qué detalle, ¿lo preparaste para mi?", sonreí. "No tanto. Mi empleada lo preparó, no sabía qué traer. Pero está bien", comentó. Sonreí recordando que había tenido que enviar a Camila diciendo que yo estaba descompuesta para que preparara la canasta. "¿Dónde te gustaría estar? Me parece bonito aquel árbol", señalé. "Gracias, echaba de menos verte", expresó. "Yo también he echado de menos verte, pero hay algo que tengo que decir", comenté. "Está bien, dime", respondió. "Después de comer", mencioné, y ambos comenzamos a comer y hablar sobre varios temas, riéndonos. Me encantaba pasar tiempo con él, pero eso me estaba aterrando. Incluso había depositado dinero en mi cuenta, dinero de la cuenta de Amaya, para pagar la suscripción de la universidad, lo cual me hacía sentir muy culpable. "¿Pasa algo?" preguntó una vez que terminamos de comer, y suspiré. "No puedo seguir viéndote", comenté. --- Me miró con intriga, se acercó más a mí y dijo: "¿Por qué? ¿Hice algo que te molestara nuevamente?" "Es que no sé cómo manejar todo esto", respondí con sinceridad, ya que era la verdad. "Pero, ¿por qué?" preguntó. "A veces siento que soy una persona distinta", murmuré. "No importa la versión que seas, yo quiero estar contigo", expresó. "No entiendes, es mucho más complicado de lo que piensas", comenté, sin que el entendiera, aunque se acercó y me abrazó. "Por favor, no te alejes. De verdad te lo pido", dijo angustiado. "Adam, lo mejor es ya no vernos y por favor, ya no me busques", comenté. Él me miró triste, incluso sus ojos se llenaron de lágrimas, lo cual me sorprendió. "Emma, por favor", imploró. "Adam, es por tu bien. Lo mejor es que ya no estemos juntos", dije. "Pero, ¿por qué? Hay algo que me ocultas, algo que no quieres que sepa", dijo sin presionar. "Está bien, no te preguntaré nada, de verdad". "Hay muchas cosas que no sabes de mí y no sé si estoy preparada para decírtelas", admití. "No importa tu pasado, a menos que estés casada", expresó. "Estoy soltera", respondí con un suspiro. "De igual forma, aunque estuvieras casada me da igual, quiero estar contigo", dijo. "Emma", susurró y me abrazó con fuerza. "Por favor, no me abandones", rogó, con su cuerpo tembloroso. Suspiré y lo abracé con fuerza. "Si pudiera entender señor...", comencé y él me interrumpió: "Me acabas de hablar de usted señor". "No sé por qué hablé así, estaba nerviosa", dije y, nerviosa, lo besé para evitar que descubriera algo. Nos besamos brevemente y luego apoyé mi cabeza en su pecho. Sabía que era inevitable decirle adiós, no me costaba ser dos personas y ya no quería seguir pidiendo ropa prestada a Camila. "Por favor, no te alejes de mí", rogó. "No puedo evitarlo", suspiré. "Entonces te retendré, te abrazaré con fuerza para que no te escapes", dijo. "En algún momento debo irme", murmuré y él suspiró. "¿Por qué? ¿Tengo algo malo que no te agrada?" preguntó. "No, es perfecto", murmuré, suspirando. "Entonces, ¿qué es?" preguntó. "No puedo decirte", respondí. "Por favor, dime de verdad. Si estás casada o si tienes hijos, no me importa. De verdad no me importa nada, quiero estar contigo", suplicó. "No puedo, lo lamento", murmuré, poniéndome de pie mientras él me tomaba de la mano. "Por favor, Emma, no te vayas". Tomé rápidamente a mi bicicleta, la misma con la que había bajado, y comencé a pedalear cuesta abajo, siendo más sencillo el trayecto. A lo lejos, contemplé a Adam: se arrodilló como un niño pequeño, lo que me rompió el corazón. No entendía por qué se esforzaba tanto por estar conmigo; no me consideraba especial, pero para él sí lo era. Sin embargo, no podía dudarlo; me quedaría sin él y no había marcha atrás. En los días siguientes, él no me llamó. Seguí trabajando y de vez en cuando me acercaba a la oficina para ver la puerta desde lejos. Estaba preocupada; había escuchado que estaba trabajando mucho para una conferencia, pero otros rumores no decían nada. A veces me llegaban mensajes de Adam, diciéndome cosas como: “Emma… te extraño…” “Emma el día está muy bonito ¿podríamos vernos?” “Ojalá… estuvieras abrazándome”. “Te necesito…” Estaba más que inquieta, así que, después de una semana sin verlo, decidí golpear la puerta. "Pase", exclamó con voz ronca. Al abrir la puerta, me sorprendí. Estaba rodeado de botellas y tenía la camisa desprendida. "Señor, ¿está bien?", pregunté preocupada, acercándome. "¿Qué quieres saber? Desde aquí te pareces un poco a Emma", tartamudeó, arrastrando las palabras por lo ebrio que estaba. "Está bien. No bebas más", le aconsejé. "No es necesario que te preocupes por la señorita Emma", murmuró. "¿Cómo te enamoraste de ella?", pregunté incrédula. "Sí, y ella... ella no quiere saber de mí. Le he enviado muchos mensajes y no me ha respondido", explicó. "Tal vez te bloqueó", sugerí, sabiendo que era cierto; lo había bloqueado. "Eso puede ser", aceptó. "Señor, no tiene que ponerse así. Quizás ella no era para usted", intenté consolarlo. "La extraño y me duele demasiado. Al menos cuando tomo algo fuerte de alcohol, ya no siento que la extraño", concluyó. “Aunque ahora la extraño, tú me hiciste recordarlo. Por favor, vete”, -exclamó enojado, suspiré. No podía seguir así; había pasado otra semana y él seguía borracho, algo que jamás en todo el año que había trabajado para la señora lo había visto. Me sentía mal. "No es tu culpa", murmuró Camila, acariciando mi espalda. "Creo que Emma tiene que volver", dije con pesar. "Pero..." "Es mi culpa, Camila. Si yo no lo hubiera enamorado de esa manera..." "¿Te dijo que te amaba?", preguntó asombrada. "Sí, me dijo 'Te amo', Dios, esto es tan terrible". "Pero si vuelves como Emma, él quizás se confunda". "No sé qué hacer, he intentado de todo para que deje de tomar e incluso le escondí las botellas. Ay, no, esto es terrible". "No te sientas culpable", intentó consolarme Camila, pero no podía evitarlo. "Prestame ropa, por favor", le pedí a mi amiga. "No, no volverás a ser Emma. ¿Qué quieres hacer? ¿Rescatarlo? No es así". "Es mi culpa que él esté así, yo lo ilusioné y lo dejé", me reproché. "Amaya, si vuelves a hacer eso, te vas a enamorar... ¿o ya estás enamorada?" "Siempre me gustó el señor Adam desde que empecé a trabajar", confesé sinceramente, y Camila abrió la boca sorprendida. "Bueno, en realidad no es tanta novedad, porque el señor está muy bueno, pero de verdad…". "Sí, y él fue mi primer amor", dije mientras ella suspiraba. Se acercó a su guardarropa, sacó un bonito vestido de flores y me lo dio. "Lo hago porque no quiero verte triste", comentó sonriendo, abrazándome con fuerza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD