FÉLIX
—¿Raina?— Walter se tranquilizó un poco en cuanto vio salir a la chica que había discutido con Verónica.
—Espera, no vamos a hacerles daño— habla la chica —Solo queremos que nos entregues al chico que se encuentra detrás de ti— daba pasos pequeños mientras que los otros tres que la acompañaban se quedaron parados en el mismo lugar.
—¿Para que lo quieren?— el aroma de Walter volvió en cuanto vio que la chica se acercaba.
—Para impedir que la anciana lo mate.
—¿Cómo puedo creerles?
—Serafina— la chica llamó a mi mejor amiga, misma que se acerco a donde se encontraba —Ella ha escuchado todo.
—¿Una humana?, ¿Crees que voy a creerle a una humana?
—Félix— Serafina me llama.
Yo dejo de ocultarme de detrás de Walter, mismo que me toma del brazo —Tranquilo, estaré bien— lo miré y le di una de mis mejores sonrisas.
—Ella dice la verdad. La anciana de tu manada te quiere para sacrificarte— mira a la chica —Ella es tu hermana mayor.
Esa noticia, no sabia como tomarla ¿Tenia mas familia aparte de mi madre?, ¿También tenía un padre? Mi mente se revolvió y no supe que pensar así que solo dije lo primero que se me ocurrió —¿Te han lavado el cerebro?, yo no tengo familia o ¿Por qué crees que Verónica me crio?
—Solo escúchame ¿Quieres?— camino rápidamente hasta posicionarse frente a mi —¿Crees que alguna vez te mentiría?, siempre te he dicho todo y jamás te he guardado ningún secreto— me toma de los hombros —Ellos son tu familia— señala hacia donde se encontraba Verónica —Y ella es tu hermana, la futura líder de la manada— señala hacia donde se encontraba la chica —Y yo— se toca el pecho —Yo soy tu mejor amiga, yo sé todo sobre ti, así como tú sabes todo sobre mi. Así que solo deja que ellos te expliquen.
Me gire a donde Walter se encontraba, pero este se encontraba caminando hacia donde la chica se encontraba —Raina ¿Eres tú?
—¿Benno?
Estaba confundido, en primer lugar ¿Por qué la chica lo llamaba así?
—¿Por qué te llama así Liesel?
—Porque él es mi mate, Brigitta. Del que siempre te he hablado— la chica comenzó a derramar lágrimas, pero no de tristeza, sino de alegría. Porque al fin su mate estaba con ella.
Walter se abalanzo y la abrazo —Creí que no volvería a verte jamás.
—La manada prohibirá esto y lo sabes— exclama la chica que se encontraba a su costado.
—No me importa lo que la manada diga. No volveré a perderlo— me conmovía ver aquello y me centré tanto que no vi cuando Masón se acercó a donde me encontraba.
—¿Listo para volver a casa?— me susurró al oído.
Di un brinco y voltee a verlo —¿Por qué lo haría?
—Porque tu familia te extraña.
No sabía que hacer —Solo si Verónica se aleja de mi lo suficiente para no verla.
Bueno, en parte la odiaba por lo que me dijo, pero ni Charlo, ni mi padre, ni mucho menos la abuela tenían nada que ver con esto. Tenía la sensación de que ellos no se arrepentían de acogerme en su familia, así que solo acepte en regresar a casa.
—Bien, entonces está decidido, Félix vuelve a casa con nosotros— decir eso hizo que todos lo voltearan a ver y a mi también.
—Buena decisión, chico— agrega Walter.
Y así, animadamente, todos, incluyendo a Walter, volvimos a casa de la abuela. Nos adentramos al bosque y tómanos la ruta que Masón nos había señalado. En el camino Serafina se me acerco —Hey.
Voltee a verla —Y bien ¿Cómo te va?, ¿Aun crees que los licántropos somos agradables?
Ella alza la mirada para poder verme —Sabes algo. Tu hermana se ve sexy cuando se enoja.
—Ni lo pienses, ella ya ha encontrado a su mate.
—No me interesa ella— ríe —No es mi tipo— se enaltece.
—Y que dices de aquella de ahí— me agache a su oído y la señale con la mirada.
—Mucho menos, ella es muy no sé cómo— al decir eso ambos reímos —Pero me gusta su estilo.
Guardamos silencio, estábamos llegando al vecindario y todos nos miraron raramente, algunos de los que se encontraban fuera de sus casas volvían adentro en cuanto veían a Liesel y a los chicos que la acompañaban.
Al entrar a la casa de la abuela ella camino hasta la sala y tomo asiento en el sillón pequeño —Ahora, los que puedan sentarse, háganlo y los que no, permanezcan de pie.
Todos hicimos caso y nos acercamos a la sala, yo tome asiento al lado de Serafina, Charlo se sentó en el sillón de enfrente junto con Verónica. Masón se posiciono detrás de mi y Liesel se sentó a mi otro costado.
—¿Cuál es tu plan?— cuestiona Liesel.
—Si es el caso que tu dices y el consejo de tu manada lo esta buscando. No habrá mucho que hacer. Tu lo haz visto, mi manada esta conformada por rechazados y la mayoría de ellos son omegas.
—Reúne a los alfas, vi a unos cuantos allá afuera. Si es que quieres que nada malo le pase a tu manada ellos tendrán que volverse fuertes. Aun son jóvenes y estos dos hombres que me acompañan son los mejores en combate.
—¿Por qué no solo regresamos a Estados Unidos?—cuestioné. Para mí, esta era la mejor opción, así ellos no le harían nada a la manada.
—No es tan fácil, chico— habla Walter —Si la anciana sabe que esta manada te acogió, ella hará todo lo imposible por deshacerse de ellos. De todos modos, si regresas a Estados Unidos o no, ella matara a todos sin piedad.
¿Cómo era posible que alguien hiciera algo tan despiadado?
—Entonces no hagas distinciones Liesel, si vas a enseñarle a defenderse. Enséñales a todos por igual— dije firme.
—Tienes razón. Ella no se tentará el corazón con los mas inferiores y los alfas no podrán protegerlos a todos.
—Esta decidido, les enseñaremos combate a todos los de la manada— mi abuela se levanta —iré a reunirlos a todos— se dirige a la puerta y sale de la casa.
Después de varios minutos, todos se encontraban reunidos en el pequeño kiosco y entonces la abuela comenzó a hablar —Lo he reunido aquí porque uno de los nuestros está en peligro y necesito de su ayuda para protegerlo.
—Pero nosotros somos débiles, no podremos hacer nada— habla uno de los que se encontraban reunidos.
—No pienses de esa forma— me entrometí —Todos somos fuertes y no importa que rango ocupes en tu manada. Nuestra manada no hace distinciones en ello. Nuestra manada no es igual a las demás.
—Mi nieto tiene razón. Nuestra manada jamás ha hecho distinciones en el rango que ocupas, aquí todos somos iguales. Pero es verdad, somos débiles ya que nunca nos enseñaron a defendernos, por eso hoy todo eso va a cambiar. A partir de ahora habrá quien les enseñe a defenderse y defender a los suyos.
Algunos sonrieron y otros comenzaron a murmurar, pero todos estaban felices por saber que a partir de ahora se volverían fuertes.
—Entonces dejo con ustedes a los lobos que los entrenaran— mi abuela dio dos pasos hacia atrás y le otorgo la palabra a Liesel.
—En este momento se preguntarán ¿Qué carajo hacen cuatro lobos blancos aquí? Bueno, la respuesta es sencilla: mi hermano menor se encentra en peligro y estoy aquí para protegerlo. No podre hacerlo sola, así que necesito de su ayuda. Se que ninguno de ustedes sabe de combate, pero yo y los tres chicos que me acompañan les enseñaremos a pelear...
—¿Cómo lo harán? —, uno de la multitud la interrumpió.
En ese momento uno de los chicos que venían con ella se acerco a donde se encontraba —Golpéame— el hombre se digno en hacerlo, pero este lo esquivó y contrataco golpeándole el estómago. Este cayó al suelo —deben de saber que el enemigo al que se enfrenta no tendrá piedad con ninguno de ustedes. Por eso es que son lobos blancos, la manada mas salvaje que ha existido.
—Nadie esta obligado a tomar el entrenamiento— interviene Liesel —El que quiera unírsenos, iremos a entrenar al lago mañana por la mañana— termino de hablar, se dio media vuelta y se fue con Walter.
—Entonces ¿Iras al entrenamiento?— pregunta Masón.
—Crees que soy débil como para no poder defenderme por mi cuenta.
Se lo pensó por unos segundos —¿Sí?
—Para tu información soy cinta roja en Taekwondo— me enaltecí
—Wow, ¿En serio?
—¿Quieres averiguarlo?— lo mire desafiante.
Él intentó golpearme, pero logré esquivar su ataque. Los golpes que lanzaba eran rápidos, pero fáciles de leer y de esquivar. Contraataqué y logré golpearlo —Vaya que si eres hábil.
Comencé a caminar en dirección a la casa de la abuela —Te lo dije.
Masón comenzó a caminar detrás de mi hasta que se posiciono al lado mío. Al llegar a la casa de la abuela, Liesel y los suyos se encontraban sentados en el sofá a igual que Verónica, mi padre, Charlo, la abuela y Serafina.
—Entonces tendremos que volver con la manada. La anciana sabe que hemos ido a la ciudad a hacer algunos encargos.
Me acerque hacia ellos los salude y me quede a escuchar su conversación.
—Sabemos claramente eso, si ustedes se demoran en volver ella comenzara a buscarlos.
—Bien, entonces mañana volveremos a primera hora para comenzar el entrenamiento. Después iremos a la cuidad a comprar las cosas que tenemos que llevar y al finar regresaremos con la manada.
—Pueden quedarse aquí— habla mi abuela.
—Pero solo los incomodaremos.
—Para nada, de hecho, ya tengo a un lobo estúpido viviendo aquí— mira a Masón —Su presencia no incomodara a nadie— se pone de pie —En el ático hay colchonetas y cobijas, pueden bajarlas y acomodarse en cualquier lugar de la casa. Lamento no ofrecerles una habitación, pero todas están ocupadas por ahora— sube las escaleras —Iré a mi habitación por un momento.
Al igual que la abuela, quería estar solo por un momento —También iré a mi habitación— comencé a subir las escaleras.
Al llegar a la habitación, quise cambiarme de ropa ya que esta me quedaba super grande. Fui al armario a buscar algo, pero había olvidado que no tenia nada de ropa ya que toda me la había llevado al hotel. —Mierda— susurre.
—Esculcar entre las cosas de otros es un crimen— dice Masón. El cual se encontraba parado en la puerta.
—No estaba esculcando tu ropa, si te lo recuerdo mi ropa también estaba en ese armario— lo señale.
Se acerca a mi y se agacha para poder susurrarme al oído —Pero tu ropa no esta aquí, te recuerdo que la llevaste lejos—. Mis mejillas se tornaron rojas ya que podía sentir su respiración en mi cuello.
Rápidamente salí de la habitación y fui a ver a la abuela ya que ella sabría donde estaba la ropa que había dejado en el armario el año pasado. Al llegar, toqué la puerta y entre —Abuela ¿Sabes donde esta la ropa que dejé en el armario el año pasado?— pregunté en cuanto entré.
Se encontraba recostada sobre su cama leyendo uno de esos libros que narraban historias de horror —La guarde en una caja en el sótano.
—¿El sótano?
Si, tal vez parezca estúpido, pero me aterra bajar al sótano. Desde que mi abuela me enseño una película de horror le he tenido miedo a los sótanos. Siento que ahí abajo hay un tipo de monstruo como el de esa película.
—Si.
Solo salí de su habitación, cerré la puerta y volví a mi habitación. ¿Qué iba a hacer? ¿A quién le pediría ayuda? ¿Charlotte?, no lo creo debe estar molesta conmigo. A Verónica no quería verla ni en pintura y mi padre seguramente estaría con ella. ¿Serafina?, si se entera me hará burla para toda la vida y mi última opción, ya que Liesel y los otros estaban bajando las colchonetas del ático, era Masón.
Se encontraba acostado en su cama y cuando me vio sonrió y puso cara de estúpido —¿Puedo pedirte un favor?— pregunté algo dudoso.
—Cualquier cosa.
—Puedes acompañarme al sótano por mi ropa.
—¿Le tienes miedo a los sótanos oscuros?— cuestiono en tono de burla.
—Obvio no, es solo que...— calle por un segundo —La caja pesa mucho y yo no podre cargarla solo.
—Bueno— se levantó y camino hasta mi —Vayamos por esa caja de ropa— me rebaso y comenzó a caminar delante mío.
Al bajar abrió la puerta del sótano, misma que rechino y me hizo erizar —Que esperas enciende la luz— le golpee el brazo.
El asintió y luego encendió la luz, la cual no alcanzaba a aluzar todo el lugar. Comenzó a bajar los pequeños escalones y yo bajé detrás de él —¿Cuál de todas esas cajas es la caja que tiene tu ropa?— las cajas estaban apiladas en distintos lugares, pero me sería fácil encontrarla ya que las cajas con mis cosas estaban marcadas con mi nombre.
—Solo hay que buscar entre las que tienen mi nombre— tenia algo de miedo, pero no se lo daría a demostrar.
—Pareces un pequeño ratón indefenso— exclamó.
—¿Por qué?
Se acerco a mi —Claramente se nota que tienes miedo— susurro en mi oído de nuevo, esto me hizo estremecer.
—No vuelvas a hacer eso— puse mis manos en su pecho y lo alejé de mí, mientras tenía la cabeza agachada, ya que si lo miraba iba a notar mi sonrojo.
Él tomó mi mentón y me hizo mirarlo, acerco su cara a la mía y luego unió sus labios con los míos. Quise apartarlo de mí, pero mi cuerpo no respondía.