Madian Él está tan cerca de mí que su aroma inunda mis fosas nasales. Yo respiro hondo y cierro los ojos cuando sus labios rozan los míos. Abro los ojos y él mantiene una sonrisa en sus labios. Yo solo niego y coloco mis manos en su pecho para tratar de alejarlo un poco, pero él niega. Trato de ponerme de pie, pero no me deja, así que me rindo y solo me cruzo de brazos. —¿Por qué no me dices qué es lo que quieres saber de mí y te vas de una vez por todas? No entiendo qué sigues haciendo aquí. Él asiente y por fin se aleja un poco. —Si te soy sincero, ni siquiera yo sé qué estoy haciendo aquí, pero necesito que me digas si todo lo que me dijo Angélica es verdad. No sé por qué, pero presiento que son solo intrigas de ella. ¿Qué le has hecho a tu hermana para que te odie de esa manera?

