Dereck Había sido un día agotador, pues entre las ocurrencias de mi amigo, que paseaba por mi oficina preguntándose qué podría hacer para conquistar a la única chica que lo había bateado, y la insistencia de mi madre porque fuera a casa a hablar con ella, me estaba volviendo loco. Tampoco ayudaba que mi pequeña pelirroja no contestara los mensajes. Volteé mi rostro a ver a Max, pellizqué el puente de mi nariz y suspiré. —Si sigues así, le harás un agujero a mi oficina. Él me mira y suspira, toma asiento frente a mí y sonríe. —No seas exagerado, pero se me acaba de ocurrir una idea genial. Yo sonrío con una ceja alzada y empiezo a negar. Solo espero que este no la vuelva a cagar. —A ver, ¿cuál fue tu ideota? Porque la verdad, como estás actuando, no creo que sea muy buena. ¿Por qué me

