Mi mente me dice que esto es tan mala idea como: Mala Idea Pero... A la mierda la racionalidad. —¿Adónde vamos?— Me río mientras casi tropiezo y caigo por el último tramo de escaleras. Hacia el final del pasillo, una salida de emergencia conduce a la azotea. Nate empuja la manilla de la puerta hacia abajo y patea el ladrillo que ha quedado encajado en la abertura de la puerta, colocándolo contra la puerta para mantenerla abierta. La fresca brisa de finales de otoño me ataca la cara y me aprieto más el abrigo, subiéndome el cuello para protegerme las mejillas del viento helado. La azotea está yerma, con la excepción de unas cuantas macetas en una de las esquinas y un triste taburete de madera que parece que se convertiría en polvo si alguien se sentara en él. Al borde de la azotea, el

