26. La guerra silenciosa.

887 Words
Despierto al sentir el cuerpo de Sheyla a mi lado, cálido y sereno, pero mi mente ya está alerta. Las palabras de Iván resuenan en mi cabeza, la advertencia de que podría ser alguien cercano, alguien que conoce cada rincón de mi vida. Me siento atrapado en una especie de red invisible que amenaza con apretarse cada vez más. Me levanto con cuidado, tratando de no despertarla, y salgo de la cabaña para tomar aire fresco, para pensar en lo que debo hacer. Miro el horizonte, el sol apenas asomando sobre los árboles, y la rabia vuelve a crecer dentro de mí. Quien sea que esté haciendo esto, me está poniendo a prueba, jugando con nuestras emociones como si fueran piezas en un tablero de ajedrez. Decido que es momento de contraatacar. Voy a encontrar a esta persona, a esta sombra que ha decidido manipular nuestras vidas desde las sombras, y la enfrentaré. Más tarde, mientras desayunamos, Sheyla parece más tranquila, aunque aún se percibe una tensión entre nosotros. Rompo el silencio al tomar su mano, mirándola a los ojos. —Sheyla, sé que te pido mucho al decirte que confíes en mí, pero prometo que voy a encontrar a quien está detrás de esto. Haré lo que sea necesario para protegernos. Ella suspira, bajando la mirada hacia nuestros dedos entrelazados. —Es que no solo son los mensajes, Pablo. Es el misterio, la sensación de que hay cosas que no sé de ti. —Me mira con sinceridad—. Si me pides confianza, también necesito sentir que puedo confiar en que serás abierto conmigo. Me duele escuchar eso, pero sé que tiene razón. Mi vida está llena de rincones oscuros que ni siquiera yo he terminado de confrontar. Pero, por ella, estoy dispuesto a hacerlo. —Te contaré todo lo que quieras saber. —Le aprieto la mano, sintiendo una seguridad que no había sentido antes—. Solo dame tiempo. Sheyla asiente lentamente, y aunque veo que aún quedan dudas en sus ojos, parece aliviada. Esa tarde decido hacer algunas llamadas. Necesito averiguar quién podría tener motivos para seguirnos y mandar esos mensajes. Llamo a un amigo cercano, alguien en quien confío plenamente, y le explico la situación. —¿Estás seguro de que no se trata de alguien que conoces bien? —me pregunta, dudando—. A veces las personas que más daño hacen son las que menos sospechamos. Sus palabras me calan hondo. Y entonces, una idea atraviesa mi mente como un rayo: Laura. Ella fue alguien importante en mi vida, y aunque terminó hace mucho tiempo, siempre tuvo una habilidad inquietante para aparecer cuando menos la esperaba. De pronto, se me ocurre que ella podría estar detrás de esto. Es una posibilidad remota, pero no puedo descartarla. Me despido de mi amigo y, después de pensarlo un rato, decido enviarle un mensaje a Laura. Es directo, sin rodeos: quiero saber si tiene algo que ver con los mensajes que hemos recibido. No espero que me responda, pero mi instinto me dice que, si está involucrada, hará algo para revelarse. Al caer la noche, Sheyla y yo nos quedamos solos en la cabaña, envueltos en un silencio cargado. Ambos sentimos la presencia de esa amenaza invisible, como una tensión en el aire que se niega a disiparse. Decido encender la chimenea para romper el hielo, y mientras el fuego crepita, ella se sienta a mi lado en el suelo, apoyando su cabeza en mi hombro. —A veces me gustaría que todo fuera más sencillo —susurra, casi en un suspiro—. Estar contigo y no tener que preocuparme de nada más. Paso un brazo alrededor de ella y la acerco a mí. —Lo será, Sheyla. Te lo prometo, hermosa. Nos quedamos en silencio, solo escuchando el fuego. En algún momento, nuestras miradas se encuentran, y siento cómo el deseo y la cercanía vuelven a crecer entre nosotros, esta vez cargados de una mezcla de necesidad y seguridad. La beso, y ella responde con la misma intensidad, como si quisiera borrar todo lo que nos rodea, al menos por esta noche. Nos entregamos el uno al otro, y en ese instante, el mundo exterior se desvanece por completo. Todo se reduce a nosotros, a nuestras caricias, al fuego que nos envuelve. En sus brazos encuentro una paz que me había sido esquiva, y por un momento, todas las dudas y amenazas desaparecen. Más tarde, cuando el silencio se ha instalado de nuevo, reviso mi celular. Para mi sorpresa, tengo un mensaje de Laura. Es breve, pero suficiente para hacer que la tensión regrese a mi cuerpo. "Quizás deberíamos hablar, Pablo. Aún quedan cosas sin resolver." Miro el mensaje, sintiendo una mezcla de irritación y anticipación. No sé si Laura está detrás de los mensajes, pero una cosa es segura: ha decidido hacer su aparición en el peor momento. Vuelvo al lado de Sheyla, quien ya duerme profundamente, ajena a todo. Decido que no la involucraré hasta estar seguro. No permitiré que nadie la haga dudar de mí otra vez. Sé que me espera un enfrentamiento con el pasado, y que esta vez, no puedo dar marcha atrás. Laura, y quien sea que esté detrás de esta guerra silenciosa, aprenderán que estoy dispuesto a todo por defender lo que amo.
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