La luz de la luna se filtra por la ventana, cubriendo la habitación con un tono plateado que hace brillar el rostro de Sheyla mientras duerme a mi lado. Me quedo observándola, el contorno de su rostro relajado, sus labios ligeramente entreabiertos, la piel suave y cálida bajo mi mano. La miro, y una oleada de ternura y deseo se apodera de mí, haciéndome olvidar el mensaje de Laura y las sombras que han intentado romper lo que tenemos. Me acerco y deposito un suave beso en su frente, uno tan ligero que apenas es un roce. Ella suspira y se mueve ligeramente, sus pestañas revolotean, y cuando abre los ojos, se encuentra con los míos mirándola en silencio. —¿Pablo? —su voz es un susurro, cargado de un sueño a medias, pero en sus ojos hay un brillo que me hace sonreír. —Perdón, no quería des

