La noche transcurre lentamente. Apenas duermo, y el mensaje anónimo se repite en mi mente como un eco incesante. La amenaza es clara, y cada vez me convenzo más de que necesito tomar acción antes de que se acerquen demasiado. No voy a quedarme de brazos cruzados mientras alguien intenta destruir lo que he construido con Sheyla. A primera hora de la mañana, me dirijo a mi oficina. Gabriel ya me está esperando, y su semblante serio me indica que trae noticias. —Hemos estado investigando y tengo algunas novedades —dice en cuanto nos sentamos en la sala de reuniones privada—. Ernesto tiene contactos influyentes en el mundo de los medios, y al parecer su objetivo es hacerte caer en desgracia pública. Lo miro, tratando de controlar la rabia. Este tipo realmente está dispuesto a usar todo su a

