44. Las primeras fisuras.

1258 Words
La mañana llega como un puñetazo en la cara. Al abrir los ojos, el recuerdo de la declaración de Carolina me golpea de nuevo, pero intento mantener la calma. Necesito un plan sólido, una estrategia que le dé la vuelta a la situación. Pero justo cuando empiezo a organizar mis ideas, escucho la voz de Sheyla desde la sala. —Pablo, ¿puedes venir un momento? —Su tono suena extraño, cauteloso, como si estuviera intentando controlar algo. Me levanto y voy hacia ella. La encuentro con el celular en la mano, la pantalla mostrando una página de noticias. Al ver mi reacción, Sheyla se cruza de brazos, y su mirada se oscurece. —¿Quieres explicarme esto? —dice, manteniendo una expresión controlada, pero puedo sentir la tensión en su voz. —Sheyla, sé cómo se ve esto, pero… es solo una mentira más de Carolina. Está tratando de llamar la atención y desestabilizarnos. Ella respira profundamente, apartando la mirada. —No es solo eso, Pablo. Son los rumores, los comentarios, la gente hablando de ti… y de mí. —Hace una pausa, intentando procesar sus palabras antes de hablar de nuevo—. Todos parecen tener una opinión sobre nuestra relación, y, sinceramente, no sé cuánto más puedo soportar. Su vulnerabilidad me desarma, pero trato de acercarme a ella, de recordarle que nada de esto es real, que lo único importante es lo que tenemos nosotros. —Sheyla, yo sé que esto es difícil, y te prometo que haré todo lo posible para protegerte de todo esto. Pero por favor, no dejes que lo que otros piensan afecte lo que sentimos. —Tomo su mano, intentando transmitirle calma—. Carolina y Ernesto pueden intentar manipularnos, pero no pueden controlar lo que tenemos. Ella me observa en silencio, y siento que lucha internamente, que quiere confiar, pero las dudas parecen crecer con cada rumor. Suspira y suelta mi mano. —Pablo, me gustaría que todo fuera tan fácil como lo dices. Pero no soy como tú. No crecí acostumbrada a la atención, a que todos hablen y opinen sobre cada movimiento. No sé si estoy hecha para esta vida. Sus palabras caen como un balde de agua fría. Me doy cuenta de que el peso de mi mundo, de las expectativas y las miradas, la está afectando más de lo que imaginé. —Sheyla, escucha… No quiero perderte. Haré lo que sea para que esto se termine. Voy a protegerte, y si eso significa alejarme un poco de todo esto, lo haré. Pero no me pidas que te deje. Eres lo mejor que me ha pasado. Ella me mira, y veo cómo sus ojos brillan, como si mis palabras fueran lo que necesitaba escuchar, pero el miedo aún está allí, en la forma en que aparta la mirada, insegura. —Dame tiempo, Pablo. Necesito pensar —susurra, y antes de que pueda responder, sube a nuestra habitación y cierra la puerta tras de sí. Me quedo solo, el silencio de la casa cayendo sobre mí como una losa. La posibilidad de perder a Sheyla es una idea que no puedo aceptar, pero sé que la situación ha alcanzado un punto crítico. Decido que es hora de cambiar la táctica. Esa misma tarde, Gabriel y Ricardo están de nuevo en mi oficina, y les explico lo que necesito. —Vamos a hacer público lo que hemos encontrado sobre Ernesto y Carolina —les digo, decidido. No es una opción que me guste, pero es hora de actuar con la misma dureza que ellos—. Ernesto ha estado jugando sucio, pero si exponemos su conexión con Carolina y su intención de difamarnos, tendrá que pensárselo dos veces antes de seguir. Ricardo asiente, y Gabriel esboza una leve sonrisa. Ambos saben lo arriesgado que es enfrentar a Ernesto de esta manera, pero no veo otra salida. —Prepararé un comunicado y organizaremos una conferencia de prensa —dice Ricardo—. Esto tiene que ser contundente, Pablo, o de lo contrario podríamos salir peor parados. Y prepárate para lo que venga después; Ernesto no es de los que se rinden fácilmente. Asiento. Estoy listo para enfrentar lo que sea. La conferencia se programa para la mañana siguiente. Toda la noche me preparo, repasando lo que voy a decir, el mensaje que quiero transmitir. Sheyla no está conmigo esa noche; decidió quedarse en casa de una amiga para "tener espacio para pensar". La ausencia de su presencia en nuestra cama me pesa, pero me consuela saber que está buscando respuestas, quizás incluso la fuerza para enfrentar esto a mi lado. A la mañana siguiente, frente a los medios, mantengo una expresión controlada, decidido a que mis palabras lleven la verdad que todos necesitan oír. —Quiero ser claro con ustedes y con todas las personas que han seguido de cerca mi vida personal en estos días —comienzo, mirando a la multitud de cámaras frente a mí—. Lamentablemente, mi relación con Sheyla ha sido objeto de especulaciones malintencionadas que buscan desprestigiarla y manipular nuestros sentimientos. La persona detrás de estas mentiras tiene un motivo claro: dañar nuestra felicidad y controlarnos a través de la mentira. Hago una pausa, dejando que mis palabras resuenen. —No voy a permitir que esto continúe. Y aunque sé que exponer mi vida de esta manera trae consecuencias, no puedo seguir en silencio mientras destruyen lo que más valoro. El señor Ernesto Del Valle y Carolina han intentado manipularme y afectarme, pero quiero dejar claro que no voy a ceder. La sala estalla en preguntas, pero mantengo la calma, respondiendo solo lo necesario y evitando dar más detalles que puedan complicar la situación. En el fondo, solo pienso en Sheyla. Todo esto lo estoy haciendo por ella, por nosotros. Al llegar a casa esa noche, me siento agotado, como si hubiera luchado en mil batallas. Sheyla aún no ha regresado, y el silencio de la casa me resulta más doloroso que nunca. Me siento en el sofá, mirando la nada, esperando que en algún momento escuche el sonido de la puerta, que sus pasos llenen el vacío que me rodea. No sé cuánto tiempo pasa, pero al final oigo el clic de la cerradura, y mi corazón se acelera. Sheyla entra, con una expresión indescifrable. Sus ojos se encuentran con los míos, y parece que el tiempo se detiene. —Vi la conferencia —dice en un susurro, acercándose lentamente. Me levanto, avanzando hacia ella con la esperanza de que mis palabras hayan sido suficientes. —Sheyla, todo esto lo hice por ti, por nosotros. No quiero que pienses que tienes que luchar sola en esto. Estoy aquí para protegerte, para enfrentar lo que sea necesario. Solo necesito que confíes en mí. Ella me observa en silencio, y luego, para mi sorpresa, me abraza con fuerza. Siento sus brazos rodeándome, su respiración cerca de mí, y me invade una paz que creí perdida. —Gracias, Pablo —susurra, y su voz se quiebra—. Gracias por demostrarme que esto vale la pena. La abrazo con fuerza, sintiendo que por fin hemos dado un paso adelante. Aún quedan sombras, y sé que Ernesto no se detendrá, pero mientras Sheyla esté a mi lado, nada podrá separarnos. Esa noche, el mundo parece quedarse en suspenso. Nos dejamos llevar por la pasión, la necesidad de estar juntos, de recuperar cada instante perdido. Y en medio de la penumbra, mientras estamos enredados en el calor de nuestro abrazo, siento que hemos ganado una batalla importante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD