Dafne
Mi capacidad de concentración resultaba muy buena, pero se desconectaba del asunto presente cuando mi mente estaba en otro lado. Jugué con mi lápiz luego de resolver el problema señalado por el profesor. Pensé si salir antes, debía ver al abogado antes de ir al club. No solo quería la casa porque Kim lo deseaba, sino que era la herencia de mis padres. Por segunda vez, el profesor me miró; las ganas de abandonar la clase tal vez eran evidente.
Recibí un mensaje de Frank, él estaba dos semestres más abajo al mío.
Frank: ¿Ya estás libre? ¿Vendrás al kiosco?
Me: Te veo en la cafetería.
Llevé la mirada y mi profesor ya no estaba al frente, sino a mi lado.
—¿Terminaste? —inquirió con la mirada fija en mi plano. Asentí —. ¿Por qué no entregas?
Se lo di, él lo miró unos segundos y esbozó una diminuta sonrisa antes de retirarse. En el instante que llegó a su escritorio, se sentó analizar mi trabajo. Aron Holmer, a pesar de no llegar a la cuadragésima edad, era conocido por ser estricto y a decir verdad era uno de los más jóvenes matemáticos de la universidad. Taciturno a mi parecer.
Escribí al abogado que lo vería en cuarenta minutos, y deduje un lapso de 15 minutos con él. El profesor dio por terminada la clase, me puse de pie al guardar el resto de mis cosas.
—Dafne, quédate, por favor… —pidió Holmer.
Giré hacia él atenta y llena de prisa por salir. Él esperó a que el último de mis compañeros saliera, una vez solos levantó mi plano
—Buen trabajo —halagó. Se volvió a su escritorio —. Dime, ¿ya has escogido a tu asesor de tesis?
—No aún. Estoy haciendo ajustes antes.
—Este año soy asesor, me gustaría ver tu tema y estudiar tus otros planos, ¿no te interesa el proyecto de nuevas exposiciones?
—Lo siento, no me creo capacitada para ello.
—Entiendo. Piensa en presentar tu tesis y elegir al asesor.
Asentí, retomé, mi caminó y salí con rumbo a la cafetería. Mi tesis ya tenía un gran avance, pero necesité un nuevo asesor, debido a que el que tenía dejó la universidad. No era la primera vez que Holmer me hablaba de presentar mi trabajo, pero yo preferí ganar otro tipo de concursos.
Llegué a la cafetería con prisa y así encontré a Frank. Imanol estaba con él, ellos tocaban juntos todo el tiempo.
—¿Nos acompañas, Dafne? Puedes invitar a Kim —dijo Imanol. Esa vez llevaba el pelo atado.
—Creo que escucharé su primera canción.
Frank sonrió. Fuimos hasta el kiosco, Imanol insistió en que llamara a Kim, pero ella probablemente estaría con sus amigas hablando de tendencias.
Tomamos asiento, aún no empezaban a tocar los demás artistas. Imanol se retiró.
—¿Pasa algo? —pregunté al ver el gesto de mi novio, no tan feliz.
—No me fue también en el diseño, se supone que le entregaría ese a mi padre si el profesor lo aprobaba.
—Te has cargado mucho los últimos días, ¿no consideras que debes dejar el bar por un tiempo? Imanol lo entenderá.
—No voy a arreglar esto de la noche a la mañana.
—Déjame ver el diseño —pedí mostrado una sonrisa apacible, él lo dudo, pero accedió.
—¡Fraki, ven aquí! —lo llamó su amigo.
Se encogió de hombros después de darme un casto y cariñoso beso, se fue al llamado. Esperé mientras analicé cuidadosamente su diseño, fueron veinte minutos de espera, no empezaron por problemas técnicos. Quedarme un rato más me haría perder la cita con el abogado, así que le avisé a Imanol que me iba y lo hice.
Cox ya esperaba por mí, no pedí nada porque ya tenía prisa en irme al club.
—Dígame, ¿ya nos darán la casa?
—Señorita Foster, el acreedor, ha pedido que se cancele el total de la deuda y se les entregara la casa.
—Hemos hecho el depósito que pidió.
—Ellos quieren los intereses de todos estos años y la cantidad completa de la deuda. —Me mostró un papel con la cantidad.
Recosté muy cuerpo en el espaldar. Me tomaría todos mis ahorros, pagar la deuda completa, y no podía estar en rojo si Dana continuaba internada en el hospital.
—¿Cuánto tiempo tengo antes de que suba la deuda?
—Tres meses y medio.
Solté un suspiro pesado. En ese tiempo, estaría recién graduada, solo mi suegro me daría un adelanto por trabajar con él. No hubo más que hablar con el abogado, así que me retiré. De camino al club, llamé Sam, pero no respondió mis llamadas.
Me registré enseguida y pasé hasta mi puesto, con suma rapidez ingresé a mi cubículo junto a mi compañero. Bill mostró su asidua sonrisa.
—¿Jarol está aquí? —cuestioné a la vez que busqué mi mochila de cambio en los cajones.
—En la arena —apuntó la cámara que mostraba al hombre. —¿Vas a competir? Según los las especulaciones, hoy será mucho dinero.
—Haré lo posible, necesito competir. —Le lancé la bolsa de sus dulces favoritos —Cúbreme.
—No tienes que decirlo, caramelo.
Me retiré. Bill y yo éramos los encargados de supervisar las cámaras de la parte norte y de vez en cuando atendíamos a los miembros nuevos. Yo tenía el trabajo porque era la única forma de entrar al club, él me cubría a cambio de mi sueldo, era justo, ya que yo nunca estaba en mi puesto; de todas forma, la paga no era mucha.
En la arena, encontré a Jarol, se abajó del caballo al verme.
—He visto a los apostadores de hoy Dafne, si perdemos será mucho. No creo poder.
—Hagámoslo, ayudaré con la mitad del dinero y las ganancias seguirán 50/50 como siempre.
—Tu suegro va a competir, con dos corredores, ¿crees que ganemos? Si nos descubre, la falta es un monto enorme.
—No nos van a descubrir.
Él exhaló resignado. Fui cambiar mi ropa por el uniforme. El que no dejaran competir a una mujer con los hombres, era para mí una desigualdad, por eso debía hacerlo a escondidas. Terminé de esconder mi cabello bajo el casco, con unas trenzas quedaba muy bien escondido. Mi anonimato lo completé con unos lentes y cubrebocas.
Jarol pidió que corriera un rato, y después de medir mi tiempo sonrió feliz.
—Nada mal, pero el jinete de Rayo te gana por diez segundos —dijo.
Nos metimos entre las caballerizas, no podía quitarme el casco sin estar en zona segura.
—Apostemos a lo menor, no podemos arriesgarnos.
Asentí. Escuchamos relinchar a un caballo afuera.
—Ponte el casco, Dafne.
●●
Darien.
La cita con el contador y la visita al club fueron mis primeros pensamientos en la mañana. Una hora después estuve listo para el día, Soja advirtió la llegada del contador, preferí que pocos supieran la ubicación de mi casa, pero no me iba a arriesgar a que Verno se diera cuenta de que tenía encuentros con su contador.
En la mesa de del corredor, frente al jardín, tomé una taza de café y observé el limpio cielo azul.
Soja cruzó la puerta corrediza junto a nuestro invitado. Fue difícil convencerlo, hasta que hallamos su punto débil. Lo recordé bien, trabajó con mi abuelo durante años.
—Buenos días, señor —saludó el hombre. Señalé la silla delante de mí, para que tomara asiento.
—¿Trajo todo lo que le pedí? —Fui al grano. Soja le sirvió café al señor y se quedó de pie junto a mí.
—Aquí están todos los documentos sobre las propiedades y el dinero del señor Verno. —Entregó lo nombrado.
Mi intención consistió en darme cuenta a que me enfrentaba con mi hermano, sus puntos fuertes y débiles.
Leí, en los primeros años hubo un crecimiento en Bild-Harder, los últimos años la competencia fue reñida. El dinero de mi abuelo, quedó a mi nana, pero era administrado por Verno.
—¿Verno siempre le da esta cantidad a Luisa?
—Sí, su cantidad mensual. Creo que ella lo usa en…
Levanté la mano como orden a que se detuviera, no quería detalles.
—¿Y estos terrenos porque solo aparecen como si Verno fuera el administrador? Lo es desde hace cinco años. —Lo miré inquisitivo.
—El señor Verno no los ha podido adquirir, no están en venta.
—¿Quién es el dueño?
—No conozco al hombre.
Soja se aclaró la garganta: —¿Qué sabe sobre los bienes de las hermanas Foster?
—Por lo que sé, el señor Verno adquirió la casa que era de la madre, el tío de las jóvenes se la vendió.
《Qué tenemos aquí, mi hermano de verdad se trae algo con esa chica》
—¿Ella no sabe nada? —cuestioné.
—No lo creo, la propiedad están bajo un prestanombre.
—Es todo, te llamaré cuando te necesite. Está de más decir que esto es un secreto.
—Está claro señor. —Fue un hombre raudo en cumplir la orden. Se marchó luego de una inclinación de cabeza.
Me puse de pie, Soja regresó y no tardó en hablar: —Según lo que investigué, Verno compró la casa y está a nombre de otra persona porque no se la quiere dar a su nuera.
—Aparentemente, ha sido muy benévolo con su nuera, pero… —Observé el encendedor en mi mano —¿Por qué le hace creer que quiere ayudarla?
—Me encargaré de averiguarlo, mi señor.
Lleno de curiosidad por lo que Soja pudiera encontrar, dejé que partiera. Estuve en Horse-Company para entrevistar a los nuevos, no me convencieron y como prueba, les di dos días para que presentaran un diseño. Kevin, el asistente, comentó que no podrían con la tarea, no estuve dispuesto a cambiar la prueba. Hace mucho, dejé de diseñar, si lo hacía, era solo para mí.
El reloj indicó la hora de partir al club. Fui recibido por un chico, al ser m*****o nuevo quisieron darme un tour, pero aunque había pasados años conocía ese lugar, cambió, pero no demasiado.
—Señor Harder.
—Darien —corregí. Lo profería para evitar confusiones con Verno —¿Dónde tienen a Cosmo?
El joven levantó las cejas como gesto sorpresivo.
—No sé si debe usarlo, es un animal difícil de domar.
Me adelanté a caminar por la caballeriza, busqué con la mirada y sin tener que recorrer una larga distancia me detuve frente a la pesebrera de mi caballo.
—Señor, no creo que…
Cosmo movió su cabeza y relinchó sin cesar; acaricié su pelaje y él disfrutó el suave masaje. Lo extrañé, estaba más viejo, sin duda, pero fuerte.
—Ensíllalo —pedí al chico. Él pareció dudoso —¿Lo haces tú o lo hago yo?
Asintió con la cabeza y empezó a hacer lo que solicité. Los años que estuve por fuera, continué con mi deporte, solo que ya no lo hacía con la misma regularidad de la adolescencia. Mientras esperaba, recibí un mensaje de Soja, informó que tenía información, pero ello quedaría para después. Salí una vez Cosmo estuvo listo, caminé a su lado… mi atención se fue completa en el jinete que montaba un Francés de silla, él era rápido y los obstáculos fueron superados con agilidad.
—¿Quién es ese? —Sin apartar la vista, pregunté al chico a mi lado.
—El jinete de Jarol Black, no le hemos visto el rostro, solo se sabe que es una promesa en esto.
—¿Hay jinetes disponibles para la competencia de hoy?
—Sí, pero puede ser muy arriesgado apostar con cualquier jinete.
Al final, no elegí ningún jinete disponible; quería competir con Verno, pero ya sería en la próxima. Sin duda, el jinete de Jarol Black, aunque quedó de tercero, logró un recorrido casi impecable. Al elegir a los primeros lugares, Trueno, el caballo de Verno quedó en primer lugar. Se me hizo extraño que ni a la hora de festejar el amigo de Black se sacara el casco o los lentes, se retiraron tan pronto ganaron.
—¿Hablaste en serio cuando dijiste que solo querías de regreso al animal? —Verno se acercó con una sonrisa victoriosa.
—Ya te dije que no busco a Luisa, ¿eso es lo que de verdad quieres saber? —Miré el encendedor en mi mano, luego a él —Buena carrera.
—Supuse que querías a tu caballo de regreso para competir. Estaba esperado que entraras para que verte vejado una vez más, pero entendí que sean apuestas fuera de tu alcance, mucho debió costarte entrara al club.
—Buenos jinetes, más no son perfectos. No me retes.
—Darien, no debiste volver, eso fue un grave error. No creo que no quieras nada, y ya te dije que no estoy dispuesto darte algo.
—Ya te dije, vamos a competir.
Lo haríamos, no solo en el campo, tenía planes más grandes. Él me observo con desdén.
—De nuevo, felicidades, hermano.
Lo dejé, caminé de regreso a ver a Cosmo antes de irme. Para mi buena suerte recibí un mensaje satisfactorio
Soja: Información encontrada, mi señor.
Me adentré hasta la pesebrera de Cosmo y lo dejé ahí. Al retomar mi camino, vi al jinete del tercer lugar adentrarse a la siguiente sesión de las pesebreras, tras él Jaron Black. A paso firme caminé hasta ellos, tenía curiosidad por conocerlo. Antes de entrar se logró escuchar las voces en el aire, hablaban sobre el logro.
—Compitamos con lo que ganamos hoy, si quieres pago todo de mi dinero —La voz inconfundible de la Dafne Foster llamó mi atención.
—Sé que quieres hacer esto, pero tampoco quiero que pierdas tu dinero. Dejémoslo aquí, Dafne.
Ella abrió la boca para hablar, pero con mi presencia ambos se quedaron estáticos.
—No se permiten damas en la competencia, creo haber descubierto un fraude —dije.
—No-no, es lo que parece —intentó excusarse el hombre.
Ella me miró segura, no se intimidó.
—No le costará nada quedarse callado, usted no está apostando. —No bajó la mirada segura.
—No, pero esto es algo que puedo aprovechar. Permiso —Me giré para retirarme.
—Por favor, señor, no le diga a nadie, la multa es algo que no podemos pagar —pidió él.
Detuve el andar cuando la chica tomó mi mano y habló: —No dirá nada.
—¿Por qué no? ¿Supones que porque soy el tío de tu novio voy a ser tu cómplice?
—¿Qué quiere?
—Te lo diré mañana preciosa, lo que descubra me hará decidir que hacer contigo. —Aparté su mano, la miré una última vez y salí con una sonrisa leve.