Darien.
Terminó mi visita al club, el cielo anunció las entradas al final de la tarde. Conduje hasta casa con la suerte de estar en un tráfico liviano. Al estacionar la camioneta e insertar la clave entré pensado en lo que podía hacer, con lo que sabía de la chica.
Fui hasta la cocina, Soja se presentaría en cualquier momento. Después de quitarme el saco y buscar algo para preparar. El sonoro timbre de mi celular hizo presencia y dejé el cuchillo de lado para atender la llamada.
—Dime, nana.
—Darien, ¿por qué sigues siendo tan ingrato? No me has llamado en todo el día.
—He tenido un día ocupado.
—Eso no excusa, soy tu abuela —reclamó, no estaba indignada, lo supe. También escuché la voz de Luisa que hablaba al servicio —. Quiero que me visites o yo iré donde estás tú.
—Dime cuando quieres que te vea.
—Habrá un almuerzo en familia, no puedes faltar.
—Está bien, estaré atento a tus mensajes.
Cortó luego de quejarse de mi falta de comunicación. Yo no permitía reclamos de nadie ni de ningún tipo, pero mi nana era la excepción.
Retomé la acción que dejé antes de la llamada. Ipso facto, Soja entró con un sobre y quedó parada delante de mí.
—¿Investigaste si la información del contador es verídica?
—Efectivamente, mi señor.
—¿Qué tienes sobre la chica?
—La casa no es lo único que pueden recuperar las hermanas Foster. Nos es que les hayan embargado todo, es que dejaron todo en manos del tío de las chicas. Alan Foster, el tío, solo debía administrar los bienes, pero vendió la casa a Verno.
—¿Y lo demás?
—No se puede vender. —Sacó los papeles del sobre y los plantó en frente a mí —El padre de las chicas, dejó sus bienes y dinero a su esposa; la madre, antes de morir, dejó a su cuñado como administrador, pero agregó una cláusula que todo pasaría a ser administrado por una de las hermanas mayores cuando esta se casara.
Leí la información y vi a Soja.
—Y Verno sabe esto, por eso quiere casar a su hijo con la chica.
—Alan Foster, concedió el poder a Verno como administrador. Por eso él tiene los terrenos y la casa; el dinero está congelado.
—Esto no se compara con la riqueza de Harder.
—Lo que pasa, mi señor, es que los terrenos están en una zona privilegiada y desde hace muchos años, se ha ofrecido el doble de su precio, pero no se han querido vender. Hasta hoy, la oferta incrementó a más del doble.
Era muy claro el interés de Verno en la chica, no la quería por ser su nuera, la quería por lo que podía quitarle.
—¿Por qué Alan Foster aceptó todo esto? ¿Por qué no se lo ha dicho a sus sobrinas?
—Sé que Verno le paga un depósito mensual, Alan solo quería desligarse de la responsabilidad de sus sobrinas.
—Búscalo y has una cita con él. —Miré los papeles y formé una sonrisa vivaz. —Creo que ya sé que es lo que le voy a quitar a Verno.
Soja me observó: —¿Cuál es el plan?
—Si él quiere tener a la chica, yo haré que ella este de mi lado. No habrá boda. —Desvié la mirada y me acordé de ella.
—No juzgo que ella aceda tan fácil, ve a su suegro como un buen hombre y estar de su lado significa traicionar a su novio.
—No la voy a obligar a nada. Haré que ella este de mi lado por amor… o pasión. —Dejé los papeles y tomé el cuchillo para continuar con mi cena —Verno no le quiere dar la casa, para verse como el ayudante, además de mantenerla necesitada. Ayudaré con esa deuda, así no lo necesitará a él.
Soja solo asintió. Solía darme consejos, pero no cuestionarme.
Al día siguiente, con anticipación, me presenté en la empresa. El asistente informó de la visita del dueño de la galería, algo que no pudo ocultar era su preocupación por no tener un diseño aún, pues los adelantos que me presentaron los desaprobé. No quedó más de otra que decidirme hacer yo mismo el diseño.
El hombre esperado entró a la oficina luego que le dijera a la recepcionista que lo permitiera. Kevin lo guio hasta el escritorio y me levanté a estrechar su mano.
—Darien Harder —Me presenté, puesto que mi nombre no era conocido en mi propia empresa.
—¿Es usted el dueño? —preguntó él.
—Soy su mano derecha.
—Sin embargo, yo sé de usted y no del dueño.
—¿Qué podría saber de mí? He estado por fuera muchos años.
Tomamos asiento sin cortar contacto visual.
—La persona que me recomendó esta empresa, me platicó de usted.
—¿Y quién es esa persona?
—Hugo, aunque hace mucho que no lo veo.
Guardé silencio, no sabía que Hugo supiera algo sobre mí, no lo vi desde el funeral de mis padres. Pedí al señor que fuéramos directo al grano de nuestro asunto.
—Decidimos darle el contacto si cumplen con la renovación en un mes, ¿de verdad creen hacerlo? Hemos trabajado con Bild-Harder otras veces…
—No tiene que compararnos para presionar. Cumpliremos con el trabajo en el tiempo estipulado.
—¿Podemos hablar sobre reducir un 15% del costo?
—10% y será a cambio de que regresen por nuestros servicios.
Vi a Kevin fruncir los labios ante mi ultimátum, siempre estaba temeroso que si algo no salía bien cuando él estaba al frente, yo terminaría reprendiéndolo.
—Quiero que esta condición quede por escrito —agregué firme.
—No se siente presionado, es que nuestro jefe es muy estricto —intervino el chico.
El otro hombre me miró, no cambié mi gesto decidido.
—Que sea como usted dice. Su condición y el 10% —aceptó —La próxima semana deben iniciar con el trabajo. ¿Puedo ver el diseño? Debo mostrarlo a mi jefe.
—Se lo haré llegar en dos días, estamos haciendo ajustes.
Accedió. Se despidió con un estrechón de mano, Kevin lo acompañó hasta la salida y regresó con gesto preocupado.
—Señor, presionar a los clientes los puede ahuyentar. ¿Cree que podamos conseguir el diseño? Usted rechazó todas las muestras presentadas.
—Presiónalos una vez más, no dejes de buscar un buen diseño. Yo intentaré hacer lo mismo.
—Sí, presionarlos. Conseguiré el diseño, señor. —Tomó su papelería y caminó a la puerta.
—Niño —lo llamé, él giró —, todos responden bajo presión.
Afirmó con la cabeza y salió. No le agradaba que le llamasen niño, porque le restaba autoridad, a pesar de ello, no se atrevió a reclamarme, no a mí.
Una vez solo, busqué información sobre Hugo hasta que di con su número, empero, no respondió a mi llamada. Conseguí el de su residencia y no obtuve contestación. Debía presentarme con él, algo debía saber sobre mí, para atreverse a recomendar mi empresa y mencionarme.
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Dafne.
Terminado mi horario de clases salí hasta la sala de administración, quería revisar la lista de asesores y hallar a uno que se encargara solo de asesarme y no hacer manojos para convencerme de entrar al proyecto de nuevas exposiciones. Agradecida con la asistente al obtener la lista, me retiré hasta la cafetería. En mi último semestre, tenía pocas clases, y mis prácticas completas. Mi gran recto era terminar mi tesis y graduarme pronto.
Kim se cruzó en mi camino, estaba acompañada por su amiga Bret, una pelirroja que le hubiese quedado bien estudiar periodismo, según Frank.
—Dafne, tienes que ayudarme con matemáticas —Kim levantó su cuaderno frente a mí.
Revisé su trabajo, ella siempre sufrió con las matemáticas, pero era aplicada con sus estudios. De verdad, amaba la moda y sus diseños eran únicos, aunque no mi estilo, ella era grácil y refinado, yo adrenalina.
—Dice Kim que ya se mudaran a la casa nueva, ¿será pronto? Es que me encantaría conocerla —comentó Bret. Era probable que el motivo de su curiosidad residía en si mi hermana decía la verdad sobre tener una casa a la altura como ellas decían.
—Te ayudaré después, pero será mejor que pidas asesoría con uno de los profesores. —Entregué el cuaderno a mi hermana.
Eludí el tema de la casa porque no le dije a Kim sobre la repuesta del abogado, y no temía decirle, pero ella me reclamaría si lo hacía delante de su amiga.
—Pero, Dafne —Kimberly arrugó la nariz como queja.
—Te veo en casa. —Le di un beso en la frente de esos que no le gustaban —Nos vemos, Bret.
—Vi a Frank cerca de la fuente —avisó mi hermana.
Me apresuré a alejarme. Encontré a Frank sentado en una banca bajo un árbol, lo vi concentrado en su libreta. El pelo le había crecido tanto los últimos días que ya le quedaba a la altura de sus pestañas. Tomé asiento frente a él y dejé mi mochila de lado.
—Me imagino que escribes una canción —comenté y atraje su atención.
—Así es, se supone que debo estar arreglar mi fracaso de diseño.
Rebusque en mi bolso con una sonrisa, saqué mi libro de dibujos
—Lamento no haberme quedado para tu presentación. Imanol se encargó de enviarme los videos.
—No te preocupes. No es la gran cosa, mi abuela vino como lo prometió. Y quiere que vayamos a almorzar a la casa hoy, no metas en problemas al decir que no.
—No tengo que ir al club hoy, así que puedo. —Busqué el diseño que quería mostrarle —No vi tu presentación, pero intente agregar algunos arreglos a tu diseño.
—Cariño, ¿de verdad hiciste esto ayer? Me habría tomado más de una semana hacer estas mejoras.
—No es nada, pequeños ajustes. Tú eres el creador.
—Cambiaste el 70%, esto es tu creación. Si yo pudiera hacerlo como tú, ya estaría trabajando en Bild-Harder.
—Si te gusta tanto, preséntalo a tu padre, no tienes que mencionar mi pequeña ayuda.
—Te lo rechazaría, pero debo prestarle algo a mi padre, necesita recuperar el proyecto de la galería.
Guardó el plano y luego miró mis otros papeles.
—¿No has elegido a tu asesor de tesis?
—Me decidiré esta semana, ya no encontraré a nadie como mi viejo asesor, pero necesito avanzar con esto. Debo buscar trabajo al graduarme.
—No me dijiste que pasó con la casa, ¿te la cedieron?
—Pidieron el dinero de los intereses. —Comprendí lo que pensaba cuando tomó mis manos —No me ofrezcas dinero, quiero hacer esto por mi cuenta.
—Mi padre puede hacerte un préstamo, te lo cobrará con trabajo, estoy seguro.
—Planeo resolverlo, si me estoy ahogando, pediré tu ayuda —Me puse de pie y empecé a guardar mis cosas —Tu abuela nos debe estar esperando.
—Te conozco, aunque te estés ahogando, no me pedirás ayuda.
Él siempre me llamaba terca y nadie lo contradecía, no es que fuera terca, me gustaba hacer las cosas por mi cuenta.
Fuimos hasta su casa, tener un almuerzo con la familia Harder solía ser divertido si la presencia de Marie no hacía falta. Al bajar del coche, noté la Land Crusier que pertenecía a al tío de Frank. De solo recordar que él sabía el secreto sobre el club me ponía nerviosa. No podía ser delatada y pagar una multa que reducía las probabilidades de pagar la deuda de la casa.
El almuerzo sería en el jardín, fuimos hasta allá y nos encontramos solo con mis suegros. Nos hicieron saber que la señora Marie estaba adentro. El señor Verno, saludó amable como siempre, su esposa fue cortés y seria como solía serlo. No pasaron más de diez minutos cuando mi suegro preguntó a su hijo cómo le fue en el proyecto, su madre quiso desviar el tema, pero Frank sacó el diseño que antes le di y se lo enseñó, él sonrió contento.
—Vaya, este es un gran diseño —celebró mi suegro.
La voz de la abuela sonó detrás: —¡Mis niños ya están aquí! Disculpen la tardanza, estaba arreglando asuntos con el ingrato de mi nieto —Ella golpeó el brazo de su nieto al lado.
Miré directo los ojos negros de Darien Harder, él hizo lo mismo y noté que en su rostro se asomó una sonrisa de lado, algo desconcertante.
—Un placer verla de nuevo, señorita Foster —me saludó sin apartar la férrea e intensa mirada.