Darien. Fue luego de adelantar pendientes y posponer la búsqueda de Hugo que partí a la casa de mi nana. Si algo no olvidaba era la afición de mi abuela por un buen vino, así que compré uno de camino y me presenté en la mansión. Una de las empleadas me recibió y me guio hasta la sala, ahí hallé a Luisa que hablaba enojada por teléfono. Fue inmediata su acción de cortar la llamada al notar mi presencia. Le ordenó a la empleada que se retirara, y la muchacha acató la orden. Una vez solos, ella me analizó; levanté la botella de vino y pregunté por mi nana. —¿A qué quieres jugar Darien? —Esquivó mi pregunta. Cruzó sus brazos sin perder el porte en su figura. —No estoy jugando a nada, estoy aquí por mi nana —respondí tranquilo. —No te creo. —¿Me llamas mentiroso a mí? Eres tú y Verno qu

