Darien.
El anonimato, una palabra que me hacía pensar en sorpresas futuras, e imaginarme rostros desconcertados me producía satisfacción. Con paso firme salí del ascensor y caminé por el recibidor de paredes blancas, en el mostrador del último piso estaba la recepcionista, tras ella las letras negras “Horse Company”. Aún, nadie sabía quien era el verdadero dueño, use un prestanombre todos esos años. Logré hacerme de prestigio en la ciudad aun si mostrarme como el dueño. Caminé hasta la oficina, algunos empleados saludaban en el camino, ninguno aparte de encargado sabía de mi identidad, pero me veían como el amigo del dueño.
Entré a la oficina, igual de blanca con triángulos negros. El edificio era un paralelogramo. El joven asistente (Kevin), me saludó, era un chico con un futuro prometedor y de alguna manera me recordaba a mi yo de 18 años.
—Señor, han llagado la solicitud de los nuevos arquitectos e ingenieros. —Apuntó los documentos en el escritorio.
—¿Qué tal las entrevistas? —Me acerqué hasta una de las repisas de madera.
—Jóvenes egresados, algunos muy buenos y por eso les he dado una segunda cita par que usted los vea.
—¿Qué hay del proyecto de la galería?
—El cliente dice que nos dará el proyecto si cumplimos en un mes.
—Diles que sí —dije de espaldas.
—Pe-pero señor, es muy poco tiempo… aún no tenemos el diseño…
—Has que trabajen en ello, y quiero un buen diseño. ¿Revisaste la lista que te envié?
—Sí, son proyectos grandes y si fracasamos en lo de la galería nos dará mala imagen, así que yo opino… —Me miró extrañado —¿Ya se va?
—Sí. Contacta a los clientes. No te preocupes por el proyecto de la galería, solo busquemos un buen diseño.
Caminé hasta la puerta, él no dijo nada y asintió resignado. Era exigente para que él aprendiera más. Salí con la caja que busqué, era mi regalo para la abuela después de tanto tiempo.
No conduje hasta casa, desvíe el trayecto a un centro, necesitaba comprar presentes para los demás (se le dice cortesía). Sentí ansias de ver a mi hermano y Luisa, era claro que se sorprenderían y la situación les obligaría a fingir.
Paseé, por las tiendas hasta hallar lo que buscaba. Me invadió la necesidad de obtener un poco de nicotina. En el pasado, empecé a fumar por la ansiedad. Detuve mi paso apresurado, miré hacia la tienda a mi derecha y ahí la vi, la chica de la foto que Soja me mostró…
—No puede llevarse la tela, ni alargar su cuenta. ¿No desea usar la promoción? —dijo la dependienta a la chica.
Ella arrugó la nariz en disgusto…
—¿Cree que utilizaré tela de baja calidad? Llame a su jefe, ella sabe que le pagaré.
La vendedora negó. Aproximé mis pasos hacia ella, la miré con atención. Se suponía que Soja estaba buscado más información sobre ella, solo sabíamos que era modelo, no tan reconocida porque fue difícil hallar algo más. Ella frunció el ceño cuando mi mirada fue muy atenta y prologada, no despegué la atención de sus ojos, no eran grises.
—¿Problemas? —pregunté —. Puedo ayudarla.
—Ella insiste en llevarse nuestra última reserva, pero a credito —explicó la dependienta.
—Dije que pagaré mañana mismo, ¿cuándo les he quedado mal? Solo necesito la tela hoy.
—Puedo ayudarte. —Saqué una de mis tarjetas —Pero necesitó algo a cambio.
—Soy bonita, pero no tonta.
—Solo necesitó hablar contigo. Paga. —Estiré la tarjeta, ella dudó. Mi celular sonó, la chica me quitó la tarjeta cuando intenté bajar el brazo.
Me alejé a responder.
—Mi señor, tengo la cita con el contador. —Soja era excelente en su trabajo.
—Que sea para mañana.
—Sí, para mañana. Esta noche tardaré un poco más, estoy yendo a buscar pistas sobre la chica.
—La encontré. Pero investiga lo que más puedas.
Volví hacia el mostrador, no miré a la chica; la dependienta me entregó la tarjeta.
—¿Tanto valían? —pregunté al ver el recibo.
—Ella canceló los pedidos que hizo los últimos días —Explicó. Miré por la tienda —Ella ya se fue, dejó esta nota.
“Gracias por dejarme utilizarlo” ¡Mierda!
—De todos modos no lo iba a conseguir, ella es selectiva en sus relaciones y solo busca personas de la alta alcurnia. —La muchacha habló como si la conociera.
—¿La conoces?
—Kimberly Foster, la chica que lo acaba de robar.
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Dafne.
Lista para la cena salí de mi habitación hacia la sala. Mi hermana menor entró en compañía de un chico que le ayudó con el monto de tela que traía. Lo despidió y regresó su mirada a mí.
—Me dijiste que tenía una deuda en la tienda, ¿ya te pagan y cancelaste todo? —cuestioné al ver la cantidad.
—¡Tuve mucha suerte hoy! —sonrió feliz —. No me digas que iras a la cena tan sencilla, Daf. Los Harder son elegantes, debes encajar.
Se acercó y me empujó nuevamente hasta la habitación, ella siempre era así. La verdad no me molestaba, ella sabía lo que hacía si de moda se trataba.
—Debes comprar menos chaquetas de cuero y variar vaqueros con pantalones a cuadros. Están en tendencia —habló rebuscando en mi ropero.
—Mi conjunto no está mal —repliqué. Usé una falda con una blusa azul.
Ella se acercó con un vestido azul plomo que ella misma diseñó y me regaló.
—Por ser una velada nocturna, debes usar este color. —Observó mis zapatos —No estará mal con esos zapatos. El maquillaje será suave y… —Adoptó una postura pensativa —El pelo ondulado.
—¿Cuántos años tomará eso?
—No seas graciosa, ponte el vestido y ven aquí.
Accedí. Kim nunca lucía mal, todos la miraban como una belleza vanidosa, pero mi hermana era más que eso.
—¿Vas a trabajar hasta tarde?
—Estoy trabajando en unos modelos que quiero presentar —respondió.
—¿Y no iras a ver a Dana? La tía dice que no ha dormido bien las últimas noches.
—Ahora estoy muy ocupada. Estoy por hacer la campaña de promoción, y necesito que me vaya bien para se seleccionaba en la pasarela de Gosse, eso me abrirá más puertas. —Se acercó a ayudarme con la cremallera.
—No tienes que cargarte Kimberly.
—Debo hacer esto. Lo único que me está costado es la asignatura del terror.
Me reí ante eso.
—Iré a ver a Dana, le diré que iras pronto. Nos debe extrañar mucho —dije.
Kim hizo conmigo todo lo que planeó. Una vez estuvo satisfecha, me apresuró para que llegara temprano. La tía Sara, que ya estaba en casa, me halagó y dio los créditos a mi hermana. Parecían distintas, pero Kimberly heredó el talento por la moda de mi tía, solo que Sara Wood prefirió ser enfermera el resto de su vida.
Me despedí de ambas.
Atenta, mantuve la mirada en la pintura, en el mueble de enfrente. Siempre que estaba en la casa de mis suegros, me quedaba en la sala y esculcaba en el álbum que la señora Marie mantenía en la mesa de centro o mi cuadro favorito del hermoso caballo. Sentí la mano de Frank posarse en mi hombro desnudo.
—¿No te cansas de observar a Cosmo? —preguntó.
Giré a él que estaba con un traje azul de dos piezas. Generalmente, solo vestía formal en ocasiones importantes.
—Siento que lo amo.
—Es impresionante como un pura sangre me roba el cariño de mi novia, ¿debo preocuparme? —bromeó.
—Yo creo que sí.
Carcajeamos juntos.
—Te ves hermosa.
—Se lo debo a Kim, ya sabes como es, me quiere envolver en elegancia para ti.
—Pero si yo no sé de eso, solo hago lo que mamá me dice.
Sonrió con gracia. Yo, tenía la idea de no agradarle lo suficiente a mi suegra, al contrario de su esposo, ella no saltó de alegría ante nuestra relación. Ella poco me hablaba, al contrario, la señora Marie siempre me invitaba a casa igual que el señor Verno.
—¡Niña, ya estás aquí! —la señora Marie se acercó con una sonrisa genuina.
Era una mujer de baja estatura, con el pelo gris, y aunque no era demasiado mayor, usaba bastón para apoyarse, así tuvo que ser después de salvarse del incendio del que me hablo.
—Buenas noches, abuela —saludé.
Frank bufó, llamé a la señora así porque ella lo molestaba de esa forma, pues dijo que yo compartía más con ella que su propio bisnieto.
—Siempre es un gusto tenerte en casa, niña. Dime, ¿sabes quién es nuestro invitado?
Miré a Frank…
—No les he dicho, porque quiero que sea una sorpresa —me explicó —. Tú serás la más feliz abuela.
—Con que traigas a Dafne es suficiente.
Los padres de Frank entraron a la sala. La señora Luisa con un vestido elegante como siempre y su esposo con un traje gris. Él se alegró de verme:
—Qué gusto verte, Dafne.
—Estuve aquí hace cuatro días, suegro.
—Ya es mucho tiempo, pero dime, ¿cómo están tus hermanas?
—Kim está siendo muy responsable con sus estudios, y Dana está igual.
—Ya verás que todo estará bien con ella, ten fe niña —agregó Marie.
—¿Tú si sabes de qué se trata la sorpresa de mi hijo? —preguntó la señora Luisa.
—Yo solo puedo decir, que les alegrará a todos.
El señor Verno ofreció vino, acepté. Su esposa fue con las empleadas para hablar sobre la cena, el tiempo se desvaneció de prisa.
—¿Y cómo van con sus proyectos? —El señor Verno se llevó la copa a los labios.
—No es tema para esta noche —dijo Frank. No le gustaba tocar ese tema de los estudios con su padre. —Mañana habrá un evento en kiosco, ¿vendrás? —Me miró sonriente.
—¿Mañana? Es que mañana debo verme con el abogado y…
—Yo te acompañaré, nieto. Dafne debe tener muchas cosas que hacer.
Mi viejita adorada, aunque no me lo dijera, supuse que ella sabía de mi actividad en el club. Al día siguiente, debía despedirme de mis andadas, justo cuando empezaban las apuestas.
Transcurrió un apacible media hora más, la señora Luisa se nos unió. Mi suegro preguntó por el invitado, justo cuando sonó el timbre. Después que una de las empleadas abriera, llegó a la sala junto a la persona que esperábamos. El señor, usaba un traje completo de n***o, su mirada pasó a todos y la sentí altiva.
Mis suegros evidenciaron su total asombro, la madre de mi novio abrió la boca y su esposo miró fijo a su hermano. La señora Marie se llevó la mano al pecho, luego que su bisnieto le tocó para que avanzara, ella se fue hacia su nieto, quien no dudó en abrazarla.
—Darien, Dios mío… —dijo Marie.
Él volvió a mirarnos a todos y cuando me fijó, frunció un poco el ceño, pero lo disimuló.