3. Tres rostros.

1936 Words
Dafne. Sutileza, era el sonido del piano que entraba por mis oídos para bailar en mi cabeza. Y la sutileza no era mi punto, la adrenalina sí. Al cruzar el umbral de la entrada, me quité los audífonos y toda la melodía grácil fue reemplazada por la estentórea voz de mi hermana. Dejé mi mochila en el sofá, mi tía apareció desde el pasillo, por su rostro supe que estaba cansada de lidiar con Kim. Fui hasta la cocina para conseguir un vaso de agua, había sido un día liviano, la universidad nunca fue tan desafiante, o al menos así lo sentí. —¿Te quedarás hasta el fin de semana? —le pregunté a mi tía Sara. —Me quedaré. Kimberly ha empezado con la mudanza y no me puedo ir sin ayudar. Mi tía, era la única familia que nos quedaba. Vivió con nosotras, desde dos años antes de la muerte de mi madre, ella nos cuidó con amor. Era enfermera, trabajaba en un asilo y solía quedarse durante días allá, pero trataba de permanecer en casa. —Aún no recuperamos la casa, no hay que apresurarse a empacar. —Tomé una brillante manzana del frutero y empecé a comerla. —Ya sabes como es tu hermana, desea irse de aquí lo antes posible. Mi tía acomodó su saco de lana. —¿Iras a visitarla? —Cambié el tema. —Sí, a estas horas la encuentro despierta. ¿Vendrás? —Iré luego, debo ir al bar de Sam. No creo llegar para la cena. —¿Te arriesgarás de nuevo en el hipódromo? Si te descubren, o esos animales… —No me pasará nada, ya te dije que los caballos son más fáciles de domar que las personas. Para tu tranquilidad, hoy no iré. Estaré con Frank. Ella relajó sus faciones. Me apoyó en todo, pero mi deporte favorito le parecía el más arriesgado del mundo, empero mi vida sin la Equitación o el Turf no tenía sentido. La figura grácil y modélica de mi hermana menor salió del pasillo sobrio como todos los colores del apartamento. —Dafne, que bueno que estás aquí. He empacado mis cosas y también empaqué algunas de las tuyas. De nada. —Todavía no tenemos la casa. —Pero has conseguido el adelanto que te pidieron, recuperaremos nuestra casa y dejaremos este lugar irrisorio. —Pues este, ha sido tu techo en los últimos años —refutó la tía Sara. Ella chocaba con la actitud de mi hermana, pues Kim tenía el gran anhelo de que recuperáramos la vida que antes tuvimos. Ver a Kimberly, era mirarme en un espejo, pero con el pelo corto y ojos negros. Ella era dos años menor, y éramos casi iguales a mamá; sin embargo, yo si tenía una gemela. Dana, mayor que mi por unos minutos. Con ella compartimos todo, los ojos grises de mamá; Kim heredó los de papá, a las personas se les hacía difícil diferenciarnos a las tres si apenas nos conocían, por ello usábamos el cabello diferente. Kim, hasta los hombros y laceo; yo, a veces ondulado o laceo hasta la espalda y Dana nunca abandonó la cabellera rizada que heredó de mamá. Mi padre murió cuando yo estaba en una etapa tan pueril. Mi madre, con tres hijas, dos de diez y una de ocho, nos sacó adelante; se quedó a cargo de los negocios de papá y al morir ella, nuestro tío paterno no se quiso hacer cargo de nostras, los bienes de la familia se nos quitaron, la casa fue embargada y el dinero terminó en una fundación. La tía nos ayudó, al final tuve que trabajar y mantener una beca. No nos hacía falta nada, nos dábamos los gustos que queríamos, aunque para Kim nunca era suficiente. La mayor parte de nuestros sueldos, quedaba en el hospital donde estaba internada Dana. —Las veo en la noche —avisó la tía. Me retiré de la cocina, Kim me siguió por el pasillo. —¿Comprarás el coche nuevo? —preguntó. —El mecánico arregló mi auto. No tengo que cambiarlo si está bien. —Abrí la puerta e ingresamos. —Claro que no lo harás; si fuera por ti, te movilizas a caballo en la ciudad. —Eso seria muy original. —Sería ridículo, Dafne. A ti no te importa la buena imagen, pero es necesario para que los demás nos respeten. —Es más ridículo buscar respecto en personas que te sonríen por lo que tienes y no por lo que eres. Ella arrugó la nariz como de costumbre, cada que algo parecía tonto o no estaba de acuerdo. Aparté mi mirada de su presencia. Quedé estática al ver mi habitación, parecía haber pasado por un proceso de evacuación. Mis pósteres nos estaban. —¡Kimberly! He dicho que no te metas con mis cosas. Cuando regrese quiero todo en su lugar, incluyendo los pósteres. —Esas cosas son horribles, ¿es normal que una mujer joven esté tan obsesionada con esos animales salvajes? Frank se aburrirá de ti, y eso no puede pasar, él nos da estatus. Busqué entre mis cajones, al hallar lo que necesitaba caminé a la puerta ignorando a mi hermana. Ella me siguió hasta nuestra apretujada sala. —Dafne, si te dicen que debes pagarles más para recuperar la casa, ¿no puedes pedirle dinero a Frank? —Debes buscar amigas a las que no les interese solo lucir bien, sino estar bien. Cerré la puerta de golpe. Vivíamos en un edificio pequeño, al que ella nunca llevaba a sus amistades, y eso era mejor para mi tía, quien no anheló conocerlas. No tardé en llegar al bar de Sam, ella era mi mejor amiga, su hermano Imanol, era el mejor amigo de Frank, mi novio. Conocí a Samantha, al llegar al barrio, su bar quedaba a un par de cuadras. El estilo era rústico, madera de roble y un ambiente a jazz, reemplazado por una variación de géneros, según eligiera Imanol. En ese momento, el singular chico tocaba la guitarra en el escenario junto a Frank, quien cantaba Perfect. En la barra vi a Sam, miró a los chicos tocar a la vez que limpiaba vasos. Al notar me presencia, levantó su mano para chocarla con la mía en saludo. —Supuse que llegarías tarde por estar en el club —comentó ella. —Jarol no ha asistido en los últimos días. Ya casi empieza el ciclo de apuestas. —¿Serás espectadora o harás lo posible por competir? —Me pasó un Daiquiri, mi pedido habitual, con doble de ron. —Voy a competir, aunque no creo que Jarol quiera entrar a la competencia, es mucho dinero. Jarol, fue el único que me dio la oportunidad de usar su caballo en el club, era ilegal, pero el olor a peligro me erizaba la piel. —¿Le dirás a Frank que sigues en esto? —Lo haré, pero no ahora. Su padre es un m*****o asiduo en el club y si me descubre, no le gustará nada. Ella dejó la toalla con la que limpiaba el mostrador, entrecerró sus ojos negros. —Es inusual escucharte decir cosas así, tú no te detienes por el que dirán. —Respecto al señor Verno, no olvido que gracias él, obtuve la beca, solo soy agradecida. Los chicos dejaron de cantar, Sam activó la música desde la computadora, de nuevo Perfect. Subí a la banqueta, cuando mi amiga notó que la observe, se encogió de hombros: —Me gusta mucho esa canción. —Se apoyó en el mostrador y empezó a enroscar su cabello naranja con el dedo. Ella, a simple vista, lucía tierna, a decir verdad, poseía un carácter fuerte, por ello su hermano la apodó “Volcán” y era gracioso que su cabello naranja sumara características al apodo. Imanol, era más relajado. Físicamente, no se parecían en nada, Sabía que el cabello de Samanta era n***o por las raíces que se notaban, pero su hermano era un rubio con un largo hasta la barbilla. —¿Y tú cuando le dirás a tu hermano que le cediste la custodia de Dino al padre? —Cállate, no lo menciones aquí. —Yo voy a elegir las canciones el fin de semana —dijo Imanol a su amigo mientras se acercaban. Ese tema era una constante, eran mejores amigos con gustos musicales diversos. —¿Estás de mi lado, Dafne? —Team The Rollie Stone —Balanceé los dedos cuando él hizo lo mismo en acuerdo. —Y team Camila —agregó él. Asentí, no entendía nada de español, pero me gustaba. —Debiste ser mi novia, Dafne, te aburrirás con Frankiki. —Por fortuna es mía. —Frank posó su mano en mi espalda y me dio un casto beso. —Eres un ridículo, Imanol —reprendió Sam. —Y lo dice tu hermana —dijo Frank. —No me importa, tengo el voto de Dafne. Al parecer las Foster deben estar a mi lado, ahora estaré con la pequeña Kim, ya quiero que empiece la campaña —habló lo último con aire de deseo. Él, como Kim, eran modelos. Imanol estaba enamorado de ella, pero mi hermana no, y evitaba encontrarlo, decía que por suerte no estudiaban en la misma institución. Imanol estudiaba en una academia musical. —Kim ya nos dijo que no eres su tipo —dijo Frank a su amigo. Imanol sacudió su cabeza, ignorando el comentario. —Es un iluso, es claro que Kimberly solo se casará con alguien de la realeza y tú eres más un plebeyo. No puedes con alguien tan ambiciosa —sumó Sam. No me molestaba que hablara así de mi hermana, Kim lo demostraba y mi amiga no era de maquillar la realidad para hacerla más digerible. —Ayer me dijo que estaban empacando, ¿ya les dieron la casa? —preguntó mi novio, con la atención de sus ojos azules puestos en mí. —Deposite el dinero, me reuniré con el abogado para definir si ya podemos recuperarla. —Yo te puedo ayudar si necesitas… —No, no aceptaré dinero. Suficiente me ha ayudado tu padre con la beca y el abogado. El señor Verno, me apoyó en muchas ocasiones, y fue el más feliz cuando Frank me pidió ser su novia, hace nueve meses, aunque los conocía desde hace cinco años. —No aceptes el dinero, pero tienes que aceptar mi invitación a cenar. —Mostró esa sonrisa encantadora — Hoy conocí a mi tío, lo invité a cenar con la familia, mi abuela siempre me ha hablado de él y sospecho que algo pasó para que se alejara por tanto tiempo. —Eres un paranoico, Frankiki —dijo Imanol. —¿Tu tío Darían? —cuestioné. —Darien —corrigió —. Presentó la conferencia de hoy, te iba a presentar, pero te apresuraste en salir. —¿Es profesor? —Nada de eso. Ven a la cena y lo conocerás. De acuerdo a lo que mi abuela me ha platicado de él, tú y mi tío tienen algo en común. Jamás había visto a su tío, alguna vez señora Marie me enseñó fotografías de la familia de su hijo, el señor Verno y su hermano estaban bastante jóvenes. —Iré, le debo una visita a tu abuela. —Acepté el beso corto que me dio —Darien Harder… —susurré para mí. Me causó curiosidad no haberlo visto nunca, nadie aparte de la señora Marie hablaba de él, ¿por qué?, ¿quién era Darien Harder?
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