Las palabras de Sebastián me han desconcertado un poco, aun así solo observo esa gargantilla y poco después la guardo. En silencio me dispongo a salir de mi oficina, es ahí donde me doy cuenta de que conmigo llevo un sentimiento de frustración es como si me diera un poco de miedo de que sea algo malo lo que me vaya a decir. Frunzo el ceño hasta que él pone su saco en mi espalda, me reincorporo y volteo hacia él quien aunque parece estar tranquilo sé que no lo está, ah maldita sea como es que ahora lo conozco también. Ambos caminamos hasta llegar a su coche al que subo en cuanto él me abre la puerta. En el restaurante… —Por favor—me ofrece el asiento. Tomo asiento y enseguida él lo hace. —Buenas noches ¿Desean algo de beber? —pregunta un mesero. —Yo una copa de vino rosado—ordeno c

