Capítulo 4

850 Words
Celos Inesperados El corazón de Friedrich latía con fuerza mientras se dirigía hacia la biblioteca. Había recibido un mensaje urgente de Charlotte, quien lo había alertado sobre una situación comprometedora que involucraba a Fiorella. Al entrar en la habitación, la escena que presenció lo dejó atónito. Fiorella y su hermano Heinrich estaban abrazados juntos en la silla en medio de la biblioteca, compartiendo una conversación íntima. El rostro de ella reflejaba una mezcla de angustia y vulnerabilidad, mientras que Heinrich parecía estar consolándola con gestos de afecto. Un destello de celos ardió en el pecho de Friedrich al ver la cercanía entre Fiorella y su hermano. Se preguntó qué podían estar discutiendo en privado y por qué ella había buscado refugio en los brazos de Heinrich en lugar de acudir a él en busca de consuelo. Tratando de controlar su enojo, Friedrich avanzó hacia ellos con paso decidido. Su mirada se encontró con la de Fiorella, cuyos ojos revelaban una mezcla de sorpresa y preocupación al verlo acercarse. —¿Qué está sucediendo aquí? — preguntó Friedrich con voz firme, aunque su tono estaba cargado de tensión. Fiorella se puso de pie rápidamente, su nerviosismo palpable mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas para explicar la situación. Antes de que pudiera responder, Heinrich intervino, notando la mirada desafiante de su hermano. —Hermano, solo estábamos teniendo una conversación — dijo Heinrich con calma, tratando de calmar la creciente tensión en la habitación. —Fiorella necesitaba alguien con quien hablar, y yo estaba aquí para escucharla — Las palabras de Heinrich solo aumentaron la incomodidad de su hermano, cuyos celos comenzaron a transformarse en ira. ¿Cómo se atrevía Fiorella a buscar consuelo en su hermano en lugar de recurrir a él? ¿Acaso no confiaba en él lo suficiente para compartir sus preocupaciones?, pero era estúpido pensar eso cuando apenas se conocían. —Lo siento si he interrumpido algo — dijo Friedrich con frialdad, su mandíbula tensa mientras se esforzaba por contener su enojo. —Pero necesito hablar con Fiorella a solas — Heinrich asintió comprensivamente, reconociendo la necesidad de privacidad de su hermano y de Fiorella. Con una mirada de disculpa hacia la joven sirvienta, se retiró discretamente de la habitación, dejándolos a solas Fiorella se sintió abrumada por la intensidad de la mirada de Friedrich, que parecía atravesarla como un rayo. Temía lo que pudiera decirle, pero sabía que debía enfrentar las consecuencias de sus acciones. —Señor Lehmann…. Yo — comenzó Fiorella, pero fue interrumpida por la mirada furiosa de su jefe. —No quiero excusas — dijo él con dureza, su voz cortante como el filo de una espada. —Lo vi todo, Fiorella. Y no puedo evitar preguntarme qué ha pasado para encontrarte en aquella situación con mi hermano — Fiorella se sintió herida por la frialdad en la voz de él. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras luchaba por mantener la compostura. —Señor, entiendo que este molesto — comenzó, su voz temblorosa con emoción contenida. —Pero recuerde que solo soy su sirvienta, su empleada. No tiene derecho a cuestionarme ni a esperar explicaciones sobre mi vida personal — Las palabras de Fiorella resonaron en la habitación, pero él no pudo evitar sentirse frustrado por su actitud resignada. ¿Cómo podía esperar que él ignorara lo que había visto? ¿Acaso no entendía el impacto que eso tendría en su relación de trabajo y en la confianza que habían construido? O bueno debían construir. —No, Fiorella, no puedes simplemente desestimar esto — respondió Friedrich con firmeza, sus ojos buscando desesperadamente los de ella en busca de alguna señal de arrepentimiento. —Lo que sucedió aquí no tiene nada que ver con nuestras posiciones. Se trata de confianza y respeto mutuo — Fiorella bajó la mirada, sintiendo el peso de las palabras de él. Sabía que tenía razón, pero aun así le resultaba difícil aceptarlo. Ella también se había sentido traicionada por él, por verla como lo estaba haciendo cuando él ya tenía a alguien a quien amar y que lo amaba, pero se había obligado a reprimir esos sentimientos en aras de su posición como sirvienta. —Lo siento — susurró finalmente, su voz apenas un susurro en el silencio tenso de la habitación. —No debería haber permitido que las cosas llegaran tan lejos con su hermano, aunque aun afirmo que no estábamos haciendo nada malo — Friedrich suspiró, sintiendo una punzada de compasión por ella a pesar de su propio dolor. Sabía que no podía culparla por la situación en la que se encontraban, pero eso no hacía que fuera más fácil lidiar con las repercusiones de lo sucedido. —Lo siento también — dijo Friedrich con sinceridad, su voz suavizándose ligeramente. —No debería haber permitido que las cosas llegaran a este punto sin aclarar bien las cosas — Los dos se quedaron en silencio por un momento, cada uno sumido en sus propios pensamientos y emociones. Sabían que tenían mucho que discutir y resolver, pero por ahora, solo podían enfrentarse a la difícil realidad de su situación actual.
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