Capítulo 3

1093 Words
Interrogatorio Inoportuno La mansión Lehmann estaba sumida en un silencio inusual esa tarde. Fiorella se movía de un lado a otro en la biblioteca, sostenía el libro de hace un momento con las manos temblorosas y una mente abrumada por las preocupaciones. El encuentro con la prometida de Friedrich la había dejado en un estado de ansiedad constante porque si Martina le había dicho que esa mujer era la prometida del hijo mayor de los señores, preguntándose qué consecuencias tendría para ella aquella situación comprometedora en la biblioteca. Mientras tanto, en otra parte de la mansión, Friedrich se enfrentaba a su propia tormenta emocional. Con la mirada perdida en el fuego crepitante de la chimenea, su mente repasaba una y otra vez el encuentro con Fiorella en la biblioteca. Sabía que había sido un error permitir que la situación llegara tan lejos, pero no pudo evitar sentirse atraído por la cercanía y la calidez de la joven sirvienta. Fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe, interrumpiendo sus pensamientos. En el umbral se encontraba Charlotte, la prometida de él, con el ceño fruncido y una expresión de furia contenida en su rostro. —Friedrich — dijo Charlotte con voz firme, —necesitamos hablar — Friedrich se puso de pie de inmediato, sintiendo un nudo en el estómago al anticipar lo que vendría a continuación. Sabía que Charlotte no era una mujer que tolerara las indiscreciones, y temía las consecuencias de su descubrimiento en la biblioteca. —¿Qué sucede, Charlotte? — preguntó Friedrich, tratando de mantener la calma a pesar de la creciente ansiedad que sentía en su interior. Charlotte avanzó hacia él con determinación, deteniéndose frente a él con las manos en las caderas. —¿Qué demonios estaba pasando en la biblioteca esta tarde con la nueva criada? — demandó, fijando su mirada en él con intensidad. Friedrich tragó saliva, sintiendo el peso de su culpabilidad aplastándolo. —Fue un malentendido — comenzó a explicar, pero fue interrumpido por Charlotte antes de que pudiera continuar. —¿Un malentendido? — exclamó ella con incredulidad. —Vi claramente lo que estaba pasando. ¿Cómo puedes explicarlo? — ella tenía razón de estar enojada Friedrich siempre fue un casanova y ella logro pescarlo, él era el hombre que cualquier mujer querría a su lado y aunque muchos creyeran que ella estaba por su dinero la verdad es que ella estaba enamorada de Friedrich realmente. Friedrich buscó desesperadamente las palabras adecuadas, pero se encontró sin respuesta. Sabía que cualquier explicación que ofreciera sonaría hueca a oídos de Charlotte, quien estaba decidida a sacar la verdad a la luz. —Lo siento, Charlotte — dijo finalmente, bajando la mirada con pesar. —Fue un error. No volverá a suceder — Charlotte lo miró con desdén, sus ojos destellando con indignación. —No estoy segura de que eso sea suficiente, Friedrich — dijo ella fríamente. —Nuestra relación no puede permitirse más errores como este — porque si no era la primera vez que ella lo descubría en situaciones sospechosas con otra mujer, pero era la primera en que la mujer era alguien del tipo de Fiorella, una simple sirvienta, pero de esas son de las que mas deben cuidarse las mujeres. Con eso, Charlotte se dio media vuelta y salió de la habitación, dejando a Friedrich solo con sus pensamientos tumultuosos. Sabía que había perdido la confianza de Charlotte, y se preguntaba si alguna vez podría recuperarla. Pero lo que más le preocupaba era el impacto que aquel encuentro tendría en Fiorella, la joven sirvienta por la que había comenzado a sentir algo más que simple atracción. Mientras el silencio pesaba sobre la biblioteca, Fiorella luchaba por contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Se sentía atrapada en un torbellino de emociones, asediada por el recuerdo del enfrentamiento con Charlotte y la incertidumbre sobre su futuro en la mansión Lehmann. En ese preciso instante, la puerta de la biblioteca se abrió suavemente, revelando la figura de Heinrich. Sus ojos recorrieron la habitación hasta detenerse en Fiorella, cuyo rostro reflejaba una profunda tristeza. Heinrich se acercó a ella con cautela, su expresión suavizándose al notar el brillo de las lágrimas en los ojos de la joven sirvienta que siempre se mostró fuerte aun cuando él la ha tratado de forma tosca e irrespetuosa jamás vio el brillo de las lágrimas en sus ojos hasta ahora. Aunque rara vez se aventuraba fuera de su habitación debido a su discapacidad, la necesidad de consolar a Fiorella lo hizo acercase a ella lentamente. —Fiorella — dijo William con voz suave, colocando una mano reconfortante sobre su hombro, —¿qué sucede? Pareces muy afectada — Fiorella se sorprendió por el gesto de amabilidad de Heinrich, cuya compasión contrastaba fuertemente con la actitud fría y distante de su qué le había mostrado desde que llego. —Es... es una larga historia — respondió Fiorella con voz temblorosa, luchando por controlar sus emociones. Heinrich asintió comprensivamente, invitándola a compartir sus preocupaciones, la guio hasta la silla que estaba en el centro de la biblioteca y llevo su cabeza a su hombro para que esta pudiera llorar libremente, sintió como su corazón se aceleraba por la cercanía de la belleza de cabello n***o que fue contratada como su ayudante mas que como una sirvienta de la casa. No tienes que contármela si no quieres — dijo Heinrich gentilmente, —pero estoy aquí para escucharte si lo necesitas — Fiorella se sintió abrumada por la bondad de él, quien la trataba con una consideración que nunca antes había experimentado en la mansión Lehmann. Con un suspiro, decidió confiar en él y compartir sus preocupaciones. —Es sobre lo que sucedió hace poco aquí en la biblioteca — comenzó Fiorella, sus palabras entrecortadas por la emoción. —Vi a la prometida de Friedrich. Nos encontró juntos, y... y no sé qué consecuencias tendrá para mí — Heinrich escuchó en silencio, absorbiendo cada palabra de Fiorella con compasión y empatía. A medida que ella relataba su experiencia, su corazón se llenaba de simpatía por su joven ayudante, cuyo sufrimiento era evidente en cada gesto y cada palabra. —Lo siento mucho, Emily — dijo sinceramente, apretando suavemente la mano de la joven entre las suyas. —Debes estar pasando por un momento muy difícil — Ella asintió, agradecida por la presencia reconfortante de él en medio de su angustia. Aunque su futuro en la mansión Lehmann seguía siendo incierto, el apoyo inesperado de Heinrich le brindaba un destello de esperanza en la oscuridad.
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