La espera y la casería no eran lo de Damian, él se sentía más como un hombre de guerra, que se levanta, hace ejercicios, luego come un desayuno saludable y muy rico. Se va a trabajar y elimina todos los obstáculos, por ui fuese poco, se deshace de los cadáveres y por último se declara ganador. Brenda le estaba volviendo loco, si seguía encerrado un minuto más pensando en esa mujer iba a morirse, porque la sentía acariciándole el cuerpo, veía sus ojos dudosos, pero ansiosos por darle placer, soñaba con su pelo, miraba su rostro en todos lados. El joven se frotó el rostro y su padre ingresó a la oficina. —Hoy no. Papá no puedo. —Venía a invitarte a almorzar. —No gracias. —Damian, estoy intentando de verdad que sí. —Ya, muchas gracias por intentar—responde irónico. —Quiero est

