Los ricos

1678 Words
Los Waitly siempre habían sido hombres de negocios, su abuelo había encontrado la forma de convertir algo líquido y oscuro en oro puro. El petróleo, que le parecía molesto porque pasaba entre casi todas sus propiedades, se convirtió en una verdadera bendición que le sacó de más de un apuro y le ayudó a construir un imperio, el cual orgullosamente heredó a su único hijo, Demetrio. El día de hoy, su padre tendría que decidir a cuál de sus hijos iba a entregarle las llaves del imperio. Damian Waitly no estaba ni siquiera preocupado cuando le llamaron a reunirse con su padre y sus hermanos, los tres se observaron los unos a los otros, Damian fue a servirse un trago de Whisky y su hermano le miró desde su asiento muy ansioso. —¿Papá sabe que soy gay, verdad? —sus dos hermanos rieron. —La pinta que llevas se lo va a dejar claro —Repsondió Maximiliano, su hermano mayor. Kent, llevaba un traje de tres piezas con manchas neón, el pantalón era tipo leggings y los zapatos verde neón iban a jugo con el traje que llevaba. Como si fuese poco, su pelo parecía recién salido del salón de belleza y llevaba maquillaje. Max le dio un abrazo y un beso a su hermano menor. Kent es la adoración de su padre, porque era el hijo que compartía “con el amor de su vida” y segundo era una persona fantástica, creativa, alegre y muy divertido, pero… Kent se esforzaba por no ser nada de lo que su padre deseaba en un hijo, en su heredero y Luna, su hermana menor, ni siquiera se había tomado la molestia de suspender su viaje por París con su esposa como para estar en la competencia para quedarse el trono. —¿Estás ansioso Damian? —pregunta Maximiliano. —La ansiedad es para mujeres y para Maximiliano—los tres ríen. —No estoy ansioso, he trabajado duro. Me lo merezco. Tú eres diseñador gráfico y tú un político vergonzoso, Luna es hija de un millonario y se acabó. Es obvio, yo el ingeniero químico e industrial con experiencia en la empresa y más de diez años sólidos de trabajo impresionante voy a ser quien lo obtenga. Soy la mejor opción. Sus hermanos le miraron en silencio. Damian se ajustó la corbata y observó el reloj, su padre ya estaba atrasado. —Wow, qué seguro de sí mismo. —comenta Kent y Max se ríe. —Como te admiras, guapo —Los tres rieron ante el comentario de Kent. —Te lo dicen todo el tiempo, estás rico y eres rico. Los tres hermanos rieron. —Es la leche este tío. —No, bebé, yo soy como la salsa, nunca tienes suficiente y no siempre puedes comprarla —Damian le guiñó un ojo y se sirvió una bebida. —Es obvio—le apoyó el menor de los hermanos y todos rieron. Su padre ingresó a la habitación y se asomó a ver lo que tenía Kent servido, saludó a sus tres hijos con un beso y un abrazo y tomó asiento en su silla. —¿Hijo… ser homosexual es como una religión? —No. —¿Entonces, porque estás tomando té de tilo? —Es tilo fresco, orgánico, cultivado en mi jardín y el alcohol… arruga, papá—Max intentó no reírse, pero, la carcajada se le escapó, su hermano era demasiado para la vida. —Bueno, quiero informarles que la junta se ha reunido y tenemos un nuevo presidente para nuestras compañías. —Evidentemente, no soy yo. Así que ya quítanos del suspenso. —El joven se pone en pie y abraza a su hermano. — Felicidades, Dami. —No es Damian, ni tú, Kent. —Aclara Demetrio. —Eres tú Maximiliano. Todos somos conscientes de que estás en la política, que te gusta, pero, eso es algo que te ha beneficiado a la hora de elegir. —Yo soy la elección obvia. —Y has sido una buena elección para mantener el negocio Damian. Has trabajado muy duro, pero has hecho más enemigos que amigos y tengo que reemplazarte. Max se pone en pie y sonríe. —Tengo tres hijos preciosos, una esposa, un niño en camino, no me interesa tener dos empresas —respondió. —Esto es un patrimonio Maximiliano, el cual paga esas competencias políticas. La vida de lujo que llevan ustedes cuatro, y que tiene todos nuestros nombres encima. Así que haznos el favor de afrontar tu realidad, eres el mayor de los hermanos y eres quien va a ir a poner la cara por todos nosotros. Maximiliano se puso en pie y le acercó la taza de tilo orgánico a su papá. Él le miró los ojos en espera de que le retara y Maximiliano decidió ignorarle. Se giró hacia su hermano mientras se cerraba el saco. —Damian, tienes seis meses para caerle bien a todo el mundo, o tendremos una empresa que desmantelar y otra, y otra y así hasta que no quede nada. Maximiliano se pido en pie y caminó hacia la puerta seguida por su hermano del medio, quien decidió no discutir con su padre porque definitivamente le debía una disculpa y cuando terminara con él rogaría no haberle humillado de esa manera. Los dos se esperaron a que el elevador se cerrara para compartir una mirada llena de complicidad. —Es un cabrón. —Es un pedazo de hijo de puta, a él se le olvida de quién es el 50 % del petróleo que producimos. —De nuestra madre, por eso me ha heredado a mí y no a Kent. —Es un hijo de puta. —Damian, no voy a destruir nada porque esto es tuyo, es tu sueño, y vas a tenerlo, pero necesito que salgas de este elevador con un plan. —Voy a quemarle el culo y la paz a tu papá. Voy a recuperar mi empresa, y después nunca en la vida voy a volver a hablarle. Las puertas del elevador se abren y ambos observan a Alicia, su madrastra, con una canasta de regalo. —Felicidades, cielo, sé lo duro que has trabajado y traje… cupcakes para Max que sé que no le importa perder en este escenario y estos son elementos de oficina para ti Damian, todo con tu nombre y todo n***o porque es… tu color favorito. Los dos hombres miraron a su adorable madrastra. —Mi padre se lo ha dado a Maximiliano, así que dame los cupcakes y táchale el nombre a las libretas para dárselo a Max, que Waitly nos calza a todos. La mujer les ve incrédula por la osadía de su esposo. Damian le da un par de besos a su madrastra y se va de la empresa, Alicia convence a Maximiliano de subir con ella para reñir a su padre. Damián llamó a su tío Álvaro, el heredero de un 50% de la que fue la compañía de su abuelo materno. Él le mandó las indicaciones para que se pudiesen encontrar en un restaurante en el que estaba. La necesidad es totalmente ciega porque después de tres horas de conducción y un cambio de auto, Damian entendió que su tío no estaba en un restaurante, estaba en lo que parecía en una casa de escorts para no decir casa de putas. El joven se bajó del auto y vio a Varo Matis sonriendo. Álvaro fue corriendo hacia su sobrino y lo llenó de besos. —Mi bebé perdido —comentó el hombre y los dos se miraron a los ojos. —Sabes que estoy en contra de la prostitución. —Estas son estudiantes que necesitan ayuda económica y están dispuestas a conversar desnudas a cambio del dinero en mi bolsillo. —Tío Varo, eso no lo hace nada mejor. —Es una historia que me acabo de inventar, hijo. Todo aquí es consensuado, por ejemplo, si tú les dices que no te pasen el culo por la polla, no lo hacen, y si ellas se niegan a tener sexo contigo, el duelo no les va a pegar. —¿El dueño eres tú?—preguntó Damián. —Hijo, no todos estamos sembrando maíz y encontramos petróleo —se encoge de hombros y Damian se afloja la corbata, no sabe qué es peor, si su padre o su tío, pero definitivamente necesitaba mucho más alcohol del que le estaba ofreciendo una mujer en hilo brasileño escasamente depilada. Álvaro sonrió hacia su sobrino y le dio un par de besos antes de darle un chupito de bienvenida. Era una mezcla para hombre con pudor o demasiado pretenciosos, seguidamente le hizo firmar el contrato de confidencialidad y le pidió que entregase su celular porque todo tiene cámaras y micrófono, Damian se recordó que la única firma de vengarse de su padre era a través de su tío, así que le siguió la corriente en todo. —Hoy hay para todos los gustos, es viernes. —No quiero saber, no quiero ver. —No sé, Damian, eres mi clon y te comportas de esa manera tan puritana. En cuanto entran ven a una mujer con una pieza muy escasa de lencería demostrando sus capacidades de flexibilidad. Álvaro le ofrece dos tequilas dobles a su sobrino porque sabe que está a punto de aburrirle con negocios, toman asiento en un reservado que les permite ver a las mujeres vestidas de conejitas, colegialas, universitarias, doctoras, abogadas y cosas que puedan unirse a la palabra sexi. La mesera tenía un busto generoso que no dudó en enterrar en la cara de su tío, Damián le pidió la botella de whisky y un par de tequilas más. Varo se río y le dio un par de billetes de cien a la joven. —Sobrino favorito, ¿por qué estás aquí? —Necesito que sedas todas tus acciones de las dos casas petroleras. —Tu padre te ha dado por el culo. —Y yo le voy a dar a él. —¿Cuál es el plan Damian?
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