Ingreso a mi pequeño departamento sosteniendo su brazo. Aunque conozco muy bien todo el interior, Cameron, aun así, nunca ha dejado de guiarme y este momento no es la excepción. Él, mientras me habla de cómo fu su día, me lleva hasta el sofá invitándome a tomar asiento. Le sonrío, le agradezco. Dejo mi bastón a un lado y me inclino comenzando a quitarme mis pequeños zapatos de tacón para subir mies pies sobre mi pequeño, pero cómodo sofá. Sé que me está hablando, supongo que tratando de hacerme olvidar el pésimo momento que Benedict con su presencia me hizo vivir. Por él, no fuimos a cenar, no fuimos a caminar como lo tenemos acostumbrado. Nos hemos venido directamente a mi departamento porque todo buen ánimo se me esfumó de un tirón. Cameron me dice que irá por un vaso de agua y por mis

