AMELIA
Los primeros rayos de sol se asomaban por la ventana, el sonido de los pájaros cantores servían como mi alarma y el aroma que desprendían las flores, me hacían recordar el calor hogareño de mi casa, desde donde nunca debí salir.
La mansión Earheart data de muchísimos años atrás la cual se construyó por nuestros ancestros y que ha pasado de generación en generación.
Los Earheart tenemos una larga historia en diferentes negocios alrededor del mundo pero destacamos principalmente por tener los mejores hoteles en todos los continentes, desde hace décadas nadie a sido capaz de desplazarnos, por lo cual, ya hace muchísimos tiempo seguimos manteniendo el número uno.
El olor característico a mi casa, a mi hogar hizo que mis ojos se cristalizarán de inmediato.
Extrañaba demasiado mi hogar, por sobre todo a mi padre que aún no veo, anoche llegamos demasiado tarde con Lando para despertarlo.
Permanecí en Estados Unidos sólo un par de días mas por que pensaba quedarme más tiempo para dejar todo en orden con respecto a mi divorcio, pero decidí salir lo más pronto de ese país que solo me trajo malos recuerdos, algunos más dolorosos que otros.
Sentí el sonido de mi puerta abriéndose, enfoque mi vista hacia ese lugar y lo que vi hizo que derramará las lágrimas que no quería dejar salir.
- ¡Papá! - me levanté con prisa y corrí hacia sus brazos, ya soy una mujer adulta, pero eso no quita que siempre necesitaré de mi padre en mi vida.
- Mi pequeña princesa, pensé que jamás volverías a tu hogar junto a los hombres que más te aman en esta vida - me dice acariciando mi cabello y dejando besos en mi frente.
Me aferro a él como si mi vida dependiera de aquello.
Lo sé, cometí un grave error al alejarme de los únicos hombres que jamás me decepcionarán en la vida.
- Ya está de vuelta padre y ahora, no habrá nadie quien la separé de nosotros - escuchó a Lando como ingresa en mi habitación.
- Lo sé, pero fueron tres años en que la tuve lejos de mi - dice Michael Earheart con la voz seria pero transmitiendo todo el amor y cariño que me tiene.
- Ya no te irás enana, cierto? - me pregunta mi hermano y yo niego con la cabeza alejándome del abrazo de mi padre.
- No, ya fui demasiado estúpida en el pasado y no volveré a cometer los mismos errores - digo decidida en dejar atrás mi pasado, el que no puedo tachar como completamente despreciable, por que el bebé que crece en mi vientre no tiene la culpa de nada.
- Yo jamás acepté que te casarás con ese idiota y menos que ocultarás quien es en realidad tu verdadera familia, se que no te importan los lujos o el dinero, pero hay muchas cosas que hiciste jovencita que no deberías haber hecho - me regaña mi padre y no puedo decir nada por que tiene toda la razón.
- Errores de juventud padre - me defiende Lando y yo le agradezco con una leve sonrisa.
- Tampoco soy tan viejo para entender...o que? Me estás llamando viejo? - dice ofendido y yo suelto un pequeña risa.
- Para nada padre, estas en tu mejor momento - comenta mi hermano divertido al ver la cara indignada de nuestro progenitor.
- Ya, calma los dos...les pido disculpas por mi comportamiento pasado, se que los hice sufrir con mi decisión y no saben como me arrepiento de aquello, juro no volver a dejar de lado a mi familia por un hombre o por nadie, no hay nada en el mundo que valga la pena mas que ustedes dos...- digo derramando más lágrimas.
No se que sería de mi si no los tuviera a ellos, por que a pesar de mis errores, están aquí presentes apoyándome y cuidando de mi y mi hijo.
Mi bebé será muy afortunado de tener un abuelo y tío que lo querrán muchísimo.
- Se que no tomaste las mejores decisiones a pesar de nuestras advertencias, pero ya estas con nosotros de vuelta en casa, tu verdadero hogar - me abraza nuevamente mi padre y Lando se suma al abrazo, terminando en uno colectivo y bien apretado.
- Ya, ya, déjenme respirar que me ahogan - digo entretenida y mi hermano juega con mi cabello dejándolo alborotado.
- ¡Suelta mi cabello! - le digo falsamente molesta.
- Amelia, me gustaría hacer una pequeña reunión en honor por tu regreso a casa con los mas cercanos a nosotros...te molesta que la llevemos acabó? - pregunta mi padre y yo lo pienso por unos segundos hasta que termino negando.
- No, para nada - respondo con un leve sonrisa.
- Bien, de igual manera no la celebraremos de inmediato, será en un par de semanas por que debemos preparar todo para que salga espectacular - dice Lando y yo asiento feliz ante su respuesta.
Nos quedamos varios minutos conversando de varias cosas, principalmente de cómo habían sido nuestras vidas al estar separados.
Extrañaba mi hogar, a mi familia, no hay nada como llegar al lugar donde uno sabe que solo recibirá amor de las personas que me aman de forma incondicional.
- Pero mira nada más...por que llevas ese tipo de vestimenta? Es que el animal de Roig no te dio ropa a tu altura? Y tú, como su hermano no te has preocupado de eso? - dice mi padre molesto al percatarse de lo que llevo puesto y dándole un golpe en la cabeza a Lando quien se queja por el golpe.
Si bien es ropa sencilla y cómoda, no es a la que estoy acostumbrada, siempre tuve lo mejor de los diseñadores con prendas de valores estratosfericos.
Pero como en Estados Unidos decidí llevar un vida más relajada y austera, eso incluía vestirme como el común de los mortales, no podría haber llevado unos zapatos o bolsos de diseñadores cuando apenas tenía para pagar la renta.
Hubiera sido contra producente y algo extraño para el resto de las personas que me conocían.
Con Darek fue igual, él me conoció de esa manera y decidí mantenerme igual, tontamente creí que era lo mejor cuando tenía una gran cuenta bancaria a mi disposición para llevar puestas las mejores vestimentas del mercado, pero no, decidí seguir siendo la chica humilde que todo el resto conocía, por que de esa manera pensé que mi esposo me amaría más...qué idiota fui.
- ¡Aush! No me golpees padre, y ya mandé a que le trajeran las mejores prendas de las mejores marcas, no dejaré que mi hermanita se vista de esta manera...eres una de las herederas de la fortuna Earheart y mereces lo mejor, algo que este a tu altura Amelia - responde mi hermano y veo que ingresan muchas jóvenes de la servidumbre con paquetes que me imagino, traen lo que Lando acaba de mencionar.
- Gracias Lando - me acercó y lo abrazo dejando un beso tierno en su mejilla.
- De nada, eres mi hermanita y mereces lo mejor - comenta.
Nos quedamos conversando entre risas y anécdotas de nuestra infancia mientras me ayudan a elegir que es lo mejor para mi.
No hay nada como el hogar...
¡Hogar dulce hogar!